16 dias cambiaron mi vida5

La mañana se inicia con normalidad.

Niños lavándose, vistiéndose, desayunando, preparándose para ir al colegio.

Mila y Ana en la cocina.

Mila.- Hoy tengo el día completo, una cita a las 12 en un apartotel en la Calle Almagro y esta tarde a las siete tengo otra entrevista en un hotel en la Gran Vía, seguramente volveré tarde.

Ana.- Vale. Yo me acercaré al insti a ver qué novedades hay. He faltado mucho y traeré muchos cates, papá se puede mosquear.

Mila.- Bueno, ya lo torearemos, no te agobies.

Ana.- ¿Lo torearemos? Mamá.

Mila.- Jaja. No me había dado cuenta. Tienes razón. Pobre. ¡Con lo bien que se lo podría estar pasando con nosotras!

Ana.- Pues la verdad es que a mí me gustaría montármelo con él, mi papa es resultón. Pero conociéndolo, cualquiera se lo dice. Jajaja.

Ana.- Mama, a ver si tenemos un rato y me sigues contando cómo te iniciaste en esta vida.

Mila.- ¿En esta vida de puta?

Ana.- Si claro, es lo que somos ¿No?

Mila.- Si hija sí. Puta y reputa, pero no puedo quejarme. Me ha ido bien, he tenido suerte por muchos motivos. Uno de ellos es haber conocido a tu padre. Y otro eres tú.

Además de no haberme dejado llevar por ningún chulo y haber sabido gestionar bien nuestro patrimonio.

Y si sabes administrarte bien, podrás tener todo lo que quieras sin depender de nadie como yo. Pero utilizando la cabeza.

Ana.- ¿Solo la cabeza? Tendré que utilizar también el chichi ¿No?

Mila ¡Que burra eres! Tú ya sabes a lo que me refiero.

Ana.- Pues claro. Jajaja. No te apures mama. Que yo ya sé lo que quiero.

Se arreglan y salen del piso. Yo me pasaré por el centro de seguridad del ————- a ver que puedo averiguar de la cuenta de Mila. Supongo que estará a su nombre, pero cabe la posibilidad de que tenga otra identidad. Ya veremos.

En el centro de seguridad del banco no tengo problemas para acceder a la instalación. El guardia de seguridad me conoce y no pone obstáculos a mi acceso.

No hay nadie en la sala de control. A no ser por alguna incidencia está solo.

Me conecto con mi clave de acceso. Lo he hecho muchas veces para comprobar el software del sistema de seguridad y tengo un acceso de alto nivel. En ocasiones he realizado simulaciones de acceso no permitido para probar el sistema.

En esta ocasión accedo a las cuentas de clientes, escribo el número del D.N.I. de Mila. Aparece la cuenta.

Por si viene alguien descargo un listado de movimientos histórico. Desde la apertura de la cuenta. El primer apunte es de hace cinco años. Lo paso a un pendrive que llevo para esto.

Borro todos los datos que puedan comprometerme y salgo del edificio.

Tengo un nudo en el estómago. En mi bolsillo está la información del dinero ganado por mi mujer, y también de mi hija, como putas. Es espantoso.

De vuelta a mi escondrijo me dispongo a analizar la información del banco.

Al encender la pantalla, la cámara de la habitación principal me muestra una imagen sorprendente.

Ana está en la cama con dos chicos de su edad. Uno de ellos le dice algo al oído y ella le da un empujón que lo hace caer de la cama.

1.- ¡Vete a la mierda tía! Estas como una puta cabra.

Se viste.

En el baño hay alguien. Selecciono la cámara y veo a una muchacha de melena rubia, de espaldas, desnuda, mirándose en el espejo.

Al darse la vuelta, ¡Por dios! Si es Claudia, bueno su hija, la amiga de Ana.

¿También está involucrada en esto?

Los dos romeos se marchan sin decir ni adiós.

Claudia se acerca a la cama donde se encuentra Ana boca arriba, se tiende boca abajo y acerca su cara a Ana, se besan.

Claudia.- ¿Cómo te lo has pasado?

Ana.- Mal como quieres. El jilipollas me ha dejado a medias. Menos mal que han pagado.

Clau, ¿Cuando vuelves a casa de María?

Ana.- Voy los martes a traerme los quinientos euros.

Clau.- ¿Cómo? ¿Te da quinientos euros? A mí me da solo trescientos.

Ana.- Pues te está tomando el pelo. Con mi madre acordó lo de los quinientos y eso me da.

Clau.- Claro, eso es, a ti te llevó tu madre, pero como la mía no sabe nada de esto y estoy sola se aprovecha de mi. ¡Se va a enterar la muy guarra!

Ana.- No vayas a decirle que te lo he dicho yo tía.

Clau.- No te preocupes, ya me encargaré yo de cobrarme lo que me debe. Han sido cinco veces a doscientos euros, mil euros me tiene que dar. Por mi madre.

Ana.- Bueno, vamos a vestirnos que tengo que recoger a los enanos al colegio y no quiero llegar tarde.

Clau.- Si, si, vámonos que yo también tengo prisa, dame lo mío.

Ana se acerca a la mesilla abre el cajón y le da cien euros.

Ana.- Los imbéciles les habían robado a sus madres los cien euros para follarnos. Joder, tengo ganas de ser mayor de edad para poder trabajar en condiciones y no de tapadillo.

Se visten y se marchan las dos. Ya no me sorprende nada. ¿Quién está fuera de onda? ¿Ellas o yó?.

Mi mujer está atendiendo a dos “clientes”, o sea se ha ido a follar y dios sabe que más con ellos.

¿Y yo?, Yo no he querido nunca juzgar a nadie por su comportamiento. Pero esto,… esto creo que no está bien.

El único contacto que he tenido con la prostitución fue una vez, con dieciséis años que, junto a unos amigos, visité una casa de citas.

Entre con una señora de unos cuarenta años, gordita, que, debido a mi precocidad eyaculatoria me despacho en dos minutos, el tiempo de bajarme los pantalones, cogerme ella el pito con la mano, menearlo un poco y correrme.

Como Mila a Jesús. No llegue a metérsela.

La sensación que me produjo fue tan desagradable que jamás repetí la experiencia.

Y ahora tengo la casa de putas en mi propio hogar.

Y más de veinte años después sigo igual. En cuanto Mila me pone la mano encima me corro. Yo creía que eso era normal, pero me daba vergüenza hablar de ello, así que no le puse remedio.

Me refugié en los estudios.

Luego conocí a Mila, que tampoco me dijo nunca nada.

Claro que ahora sé que le convenía. Y nunca se me ocurrió buscar ayuda.

Tampoco el sexo suponía una necesidad imperiosa para mí. Así que lo deje correr. Hasta ahora.

Pero lo que me pasma de todo esto es que ellas lo viven con una naturalidad alucinante.

Estoy revisando su cuenta del banco. ¡El saldo actual es de 390.000 euros!. Fascinante. Sí que resulta rentable la prostitución. Y encima se divierten. ¡Es una locura!

A las cinco y media regresa Ana con los niños, y como todos los días se comportan con normalidad. Juegan, hacen los deberes, meriendan-cenan y a la hora habitual están en la cama. Ana se retira a su habitación. Al parecer estudia. Ya no sé qué pensar.

¿Y si ellas tienen razón y el equivocado soy yo? ¿Qué alternativas tengo ante esta situación?

PRIMERA OPCIÓN.- Acabar con Mila y después suicidarme. Pero ¿qué sería de los niños? Les destrozaría a ellos también la vida.

SEGUNDA OPCIÓN ¿Qué pasaría si yo hiciera la vista gorda y siguiera todo como hasta ahora? Yo sería un cabrón consentido pero ¿Sería feliz? Lo dudo

TERCERA OPCIÓN, hablo con Mila e intento llegar a un acuerdo con ella. Nos divorciamos y cada uno sigue su camino. Pero por las buenas.

Claro que parte del acuerdo sería que me hiciera un descuento para follar. Jajaja.

Ya hasta me rio de mi mismo.

CUARTA OPCIÓN , la hecatombe, denuncio a Mila, por abuso de menores, con el agravante de parentesco.

Inducción a la prostitución de menores.

Incesto con una menor.

Delitos contra la hacienda pública por no declarar los ingresos.

Se lo quitarían todo y acabaría en la cárcel y tengo suficientes pruebas para ello.

Pero, ¿Qué conseguiría yo en este último caso? Podría quedarme con los niños. Con los pequeños no creo que tuviera problemas. Aun no entienden qué está pasando.

Tratar de reeducar a Ana para que pueda llevar una vida digna.

Pero ¿Ella aceptaría? Está muy metida ya en ese ambiente.

Y parece que le gusta y con el temperamento que tiene quizá sea imposible su recuperación y sin la guía de su madre acabaría peor aun. Drogadicción, o no sé qué peor. Difícil decisión.

¿HAY MÁS OPCIONES? SÍ, QUIZAS LAS HAYA.

En medio de estas elucubraciones veo llegar a Mila. Arroja el bolso en el suelo del salón, se desnuda mientras se dirige a la habitación y entra en el baño.

Ana que la ha oído llegar se acerca a verla.

Mila, desnuda, abre el grifo de la bañera, es raro, suele ducharse. Ana entra.

Ana.- Mami, ¿Cómo te ha ido? ¿Qué te ha pasado? Se te ve fatal. Mira que cardenales en las caderas.

Acaricia a la madre, que efectivamente tiene marcas oscuras que le cubren la cintura, las nalgas y los muslos. Joder. Eso debe doler.

Mila.- Buufff. Hija, creía que no terminaría nunca. Lo he pasado fatal, era una encerrona.

Al volverse veo moratones también en su vientre y muslos, los abre y el interior tiene el color del vino tinto. El contraste con la blancura de su piel es evidente.

Ana se dirige a la habitación y del armario saca un bote.

Ayuda a su madre a entrar en la bañera, al parecer le duele todo. Va llenándose de agua caliente, por el vapor que desprende.

Ana se arrodilla junto a la cabeza. Le acaricia el pelo y le besa la frente. Mila coge sus manos y las acaricia.

Mila.- Menos mal que te tengo a ti para consolarme. Ya ves que no siempre resulta agradable. Algunas veces, como hoy, puede ser terrible.

Ana.- Cuéntame mami, ¿qué ha pasado?. ¿O no tienes ganas de hablar?

Mila.- Si, prefiero hablar, así me olvido de los dolores que tengo. Esta mañana fue normal. Un par de horas con un cliente muy agradable, simpático, con el que lo he pasado bien.

Ana.- Menos mal.

Mila.- Si porque, ya debes saber que es muy difícil que a nosotras, las putas, nos coman el chocho, a la mayoría de hombres les da asco.

Piensan que tenemos dentro las corridas de otros y eso no lo soportan todos. Pero este hombre, cuando me vio en la cafetería del hotel, me reconoció por la foto del blog, se acerco muy galante se presentó, dijo llamarse Fernando, pero que lo conocían por Fer, me presente como Mila y me invito a una copa.

Nos sentamos en una mesita apartada y hablamos de todo menos de sexo.

Estaba casado y con un hijo. Nunca había hecho esto y estaba un poco nervioso. Lo tranquilice, hice algunos comentarios graciosos, que le hicieron reír y cuando lo vi más distendido le cogí una mano y disimuladamente la puse sobre mi muslo.

Note su nerviosismo y le sujete la mano empujándola con suavidad hasta llegar a las braguitas. Dio un suspiro, me cogió con delicadeza mi mano y me invito a levantarme. Subimos a la habitación.

En una mesita habían preparado una botella de cava, la abrió lleno dos copas, me dio una. Bebimos unos sorbos, era muy agradable.

Luego se planto ante mí sin mirarme a los ojos, con cara de corderito y me dio lo pactado, trescientos euros.

Yo le pasé los brazos por el cuello y le di un piquito, me respondió y me besó con la boca cerrada. En los labios.

Le quite la chaqueta, desanude la corbata y desabroche su camisa. Se la quito y comenzó a desabrocharse el cinturón y bajarse los pantalones.

Se quedó con los calzoncillos y los calcetines.

Resultaba muy gracioso. No era muy alto, poco más que yo.

El pobre no sabía qué hacer. Me desnude despacio, como te he enseñado y vi como se levantaba el bulto en su slip.

Le pregunté si quería que me lo quitara todo y moviendo la cabeza de arriba abajo asintió. No dejaba de mirarme. Se le veía muy excitado. Observaba cada movimiento mío siguiéndome con movimientos de la cabeza.

Estaba sentado a los pies de la cama, con las manos en sus muslos, sin saber qué hacer.

Me coloque de pié ante su cara y de pronto alzó sus dos manos cogiéndome por las cachas del culo y enterró la cara entre mis muslos.

Me sorprendió un poco pero me calmé al sentir como metía su lengua entre los pliegues de mi coño y lo lamia. Bastante bien, por cierto. Pasado el primer momento se apartó, me miro, como pidiendo perdón y yo acaricié con mis manos sus cabellos.

Se puso de pié, yo me arrodille delante, baje sus calzoncillos y apareció ¡Un pollon! Aquello era más que una polla, oscura grande y gorda. No podía imaginar aquella maravilla en aquel hombre. Se la chupé despacio, recreándome.

Sabia a perfume, intente tragármela pero no pude. Era demasiado grande. Se apartó y se sentó de nuevo. Me miro y agarrándose la verga con las dos manos me dijo:

Fer.- Esta ha sido la desgracia de mi vida.

Mila.- ¿Cómo? ¿Esto una desgracia? Esto es una bendición, que maravilla de polla.

Se la cogí con las dos manos y continué chupándola.

Fer.- Mi mujer no me deja que se la meta.

Por mi inexperiencia. En la noche de bodas. Éramos muy jóvenes y era virgen. Al verla dijo que le daba miedo y que tuviera cuidado.

Pero yo estaba, como ahora, muy excitado, así que se la metí sin preparación y le provoque un desgarro vaginal.

Fui corriendo a buscar ayuda.

Llamaron a una ambulancia porque salía mucha sangre.

Yo estaba destrozado llorando por el daño que le había causado.

A partir de entonces, mi mujer, que me quiere, me alivia con la mano y entre sus tetas pero cuando digo de meterla no me deja.

Muy de tarde en tarde y solo la punta.

Fui hasta mi bolso y saque un preservativo y fui hacia él.

Le sonreí, lo empuje hacia atrás, y me monté encima.

Le puse el capuchón, coloque mis rodillas a los lados de sus caderas, puse su polla a la entrada y fui bajando poco a poco hasta tenerla toda dentro.

Me quede quieta. El hombre no se lo podía creer.

Cuando empecé a moverme arriba y abajo me cogió los pechos acariciándolos con ternura, delicadamente, cerrando los ojos y yo al verlo tan entregado hice lo que normalmente en el trabajo no hago. Correrme como una mala puta. Y en medio de mí corrida la suya. Brutal. Aquel hombre debía llevar mucho tiempo sin correrse porque lleno de leche la goma.

Me dijo que le encantaba comer coños. Así era como satisfacía a su mujer y me pidió que lo dejara comérmelo. Por supuesto accedí con mucho gusto.

Sí, me dio mucho gusto y alcance otro orgasmo.

Descansamos un rato, mientras le expliqué cómo debía comportarse con su esposa. Cómo, poco a poco, podía ensanchar el esfínter vaginal para que aceptara aquel pollon. Con plug dilatadores. Llevaba uno en el bolso, se lo mostré y le hice una demostración.

Con los líquidos y la excitación que tenia, me empecé a meter los dedos hasta culminar con mi mano dentro del coño.

Aquello fue para el pobre lo más. Me folló de nuevo, aquí ya fingí correrme.

Terminamos, me preparé para marcharme y al despedirme, casi con vergüenza, me dio otros cien euros. Se lo agradecí y me marche.

Tenía hambre, tomé un sándwich en un bar y me desplacé hasta la dirección del nuevo cliente. Otro bar de hotel. Me llevé una sorpresa. Era un hombre de unos cincuenta y cinco años y dijo llamarse Adolfo.

Elegante, con un traje muy caro, el pelo casi blanco. Tras las presentaciones de rigor me cogió del brazo y se encaminó a la calle. Esto ya me hizo sospechar. Mi intuición me decía que algo no marchaba bien.

Me invito a subir en un Mercedes último modelo, abriendo, cortésmente, la puerta del copiloto. Demasiada amabilidad, me mosqueaba.

Por la M-30 cogió la salida hacia la carretera de La Coruña, en Las Rozas enfiló una avenida, Chile, me pareció ver, hasta llegar a unos locales de oficinas o comerciales. A esa hora, la zona, estaba casi desierta.

Accedimos a una de las dependencias, un local grande, casi vacío excepto por algunos muebles de oficina y un servicio con wáter, lavabos y duchas.

Trajo una caja del coche, la abrió y saco botellas de bebidas, ron, vodka, whisky y me mostro un botellero en un rincón con refrescos, cervezas, colas y tónicas.

Me eche a temblar. Allí se estaba organizando una movida con más gente y yo no sabía nada.

Mila.- Adolfo, no me haréis una putada ¿No?

Adolfo.- ¿Que esperabas guarra? ¿Un polvete y adiós muy buenas?

Monte el numerito de las lagrimas, por favor, yo me quiero ir..

Pero no sirvió de nada.

En eso entran otros tres hombres, también mayores, con aspecto muy parecido al de Adolfo, pero yo ya temblaba, aquello era una encerrona y ya tenía experiencias parecidas.

En una de ellas acabe en un hospital con desgarros en el culo y el chocho y magulladuras en todo el cuerpo. Necesite una semana para recuperarme, tú lo recordaras, hace tres años, cuando os dije que me iba unos días con Marga a Málaga. En realidad estuve en su casa todo el tiempo sin poder moverme.

Pues bien, cerraron con llave, ya no tenía escapatoria, así que opte por facilitar las cosas para bajar la agresividad.

Me fui hacia Adolfo, me abrace a él y le dije que no pondría pegas, que haría lo que me pidiesen pero que no me hicieran daño.

Sonriendo llamo a los demás y me rodearon.

Adolfo.- Mira putita, esta fiesta la montamos dos veces al año y este semestre te ha tocado a ti. Solo queremos que te desnudes, te dejes atar y ponerte una venda. Por las buenas o por las malas. ¿Vale?

Yo le dije que de acuerdo, pero que por favor no me dejaran marcas.

Soltaron una risotada todos. Las lágrimas se me saltaron. Pero no podía hacer nada.

Me desnudé me hicieron levantar las manos y las ataron juntas.

Me pusieron una venda en los ojos y me levantaron en vilo entre los cuatro, en el corto trayecto, que a mí se me hizo larguísimo me sobaron, metieron los dedos por todos mis agujeros, incluso la boca, la nariz, las orejas y por supuesto el culo y el chocho.

Me depositaron boca abajo sobre una superficie dura y fría, parecía una mesa larga. Ataron mis piernas abiertas a las patas de la mesa y desataron mis manos y sujetaron con cuerdas mis brazos pero me dejaron las manos libres colgando.

A mí alrededor oía las charlas y las risas, bebían.

De cuando en cuando sentía algo introducirse en mi culo o mi coño, podían ser dedos u otra cosa.

De pronto siento algo frio en el ano, era algo grueso, después supe que era una botella. Mientras entro por la parte estrecha bien, pero le dieron la vuelta y metieron el culo de la botella en mi culo, creí morir.

Me relaje y facilité la operación, como no entraba como ellos querían empezaron a darme golpes en el culo y los muslos, hasta que la botella entró.

Mientras me golpeaban con las manos por todo el cuerpo.

La sacaron y a partir de ahí fue un torbellino de golpes, se subían y penetraban mi culo con sus pollas, mi cabeza sobresalía de la mesa y en la posición que estaba me metían las pollas y me follaban la boca, hasta hacerme vomitar, cuando estaba al borde de la asfixia la sacaban, me dejaban respirar y la volvían a meter.

Ya no sentía mi culo, introducían la mano cerraban el puño y lo sacaban.

Llego un momento que ya no lo sentía. Creí que iban a matarme. Derramaban bebidas y eyaculaban sobre mí. Les suplicaba que terminaran ya, que me dejaran en paz y me metían la polla en la boca para que callara.

Me desataron, me pusieron boca arriba y vuelta a empezar, pellizcos, mordiscos, golpes, cosas entrando por mi coño y seguían follándome la boca, asfixia, vómitos, dolor, dolor en todas partes. Desde que llegamos pasaron más de cinco horas.

De pronto silencio. Un silencio sepulcral. Me invade el pánico. Intento moverme y compruebo que estoy libre, me han desatado y no me he dado cuenta.

Me quito el antifaz y no veo nada. Han apagado la luz. A tientas, en la oscuridad intento orientarme, entre las sombras me parece ver los servicios. Estoy muy dolorida pero llego a ellos.

Me refresco metiéndome bajo la ducha que, milagrosamente, funciona. El agua fría me reanima.

Las luces no funcionan. Los muy cabrones las han cortado. A tientas busco mi ropa dando tumbos hasta que la encuentro. Me visto, busco y encuentro la puerta, que se abre al forzar el picaporte y salgo a la calle.

Gracias a dios que no me han quitado el bolso y tengo el móvil. Llamo a un taxi que me trae a Madrid de nuevo para recoger mi coche.

Y aquí estoy. Hecha una piltrafa, rota, magullada, con dolores hasta en el alma y además he tenido que pagar el taxi con el dinero que me pago Fer. Porque encima los hijos de puta se han ido sin pagarme.

Ana, corazón, esta es la cara negativa de la vida de una puta.

Ana.- ¿Te encuentras mejor?

Mila.- Si cariño, ayúdame a levantarme.

Ana la coge debajo de los brazos y la ayuda aponerse de pié. La saca de la bañera y Mila hace un gesto de dolor al doblar las piernas para salir. La seca con una toalla y la lleva a la cama. Ana vuelve por el bote que cogió del armario y se inclina sobre su madre que se halla tendida boca arriba. Abre sus piernas y Ana le examina la vulva.

Ana.- ¡Joder que bestias!

Mila.- Si hija, hay hombres peores que las bestias. Un animal no causa daño por placer.

Ana se unta los dedos con la pomada del bote y se lo esparce por la vagina con delicadeza.

Mila gime de dolor. Ana la ayuda a darse la vuelta y hace lo mismo por el ano.

Ana.- Tienes sangre. Ya se ha cortado pero tienes una herida.

Mila.- Si, ya lo imagino, el escozor es de herida. Ya se curara.

De nuevo Ana se acerca al armario y coge un tubo grande de pomada. Se la esparce a su madre sobre los moratones.

Apaga la luz, se acurruca a su lado y se duermen las dos abrazadas.

Mila ha estado a punto de perder la vida por ejercer la prostitución.

Existe un riesgo evidente.

Vienen a mi mente los asesinatos, los cuerpos de pobres desgraciadas halladas en cualquier cuneta y que, muchas veces, son crímenes que quedan sin resolver.

En otras ocasiones sin llegar a determinar la identidad de las pobres infelices.

Y mi mujer y también mi hija están expuestas a estos riesgos.

Son problemas que no me había planteado nunca. La moral, la justicia, la Ley.

Las normas generalmente aceptadas por la sociedad como buenas y justas pero que ahora los acontecimientos me obligan a cuestionarme.

Los principios morales que eran la base de mi vida se tambalean.

El mundo en el que vivía se ha ido al carajo.

Ya no sé lo que está bien o mal.

La formación ética que recibí en casa, en la escuela, en la calle ahora ya no me sirve para evaluar y decidir mi forma de actuar y comportarme en el futuro.

Hasta hace unos días una prostituta era, para mí, un error, una lacra social, algo que se debía erradicar. Ahora ya no lo tengo tan claro.

No veo bien que mi mujer y mi hija se dediquen a esto.

Me produce ardor de estómago solo la idea, cuanto más, la certeza probada personalmente, sin duda alguna.

Me lo he dicho y repetido hasta la saciedad.

El mundo, la vida tal y como la conocía ya no existe, ni existirá más.

Tengo que adoptar nuevas normas, más flexibles, que me permitan seguir viviendo, ya que de lo contrario me llevaría a la

QUINTA OPCION. EL SUICIDIO.

Dejar de vivir una vida llena de amargura, decepciones, sin un futuro, sin ilusiones y todo a partir de mi descubrimiento, de la constatación de la mentira, el engaño, la falsedad en que he vivido los últimos quince años.

Comprendo cómo puede un marido o una esposa, tolerar, participar y consentir los cambios de pareja, el swing, y todas las actividades sexuales fuera del matrimonio. Porque son consentidas, aceptadas, de común acuerdo entre los dos integrantes de la pareja.

Lo que me rebela es el engaño, no ya de un desliz, que puede ser comprensible y perdonable, lo intolerable es el engaño continuado, permanente, a lo largo de años, con la participación de personas que te son afines, a quienes quieres o aprecias y que colaboran en la farsa, ridiculizándote, mofándose de la candidez del engañado.

Inmerso en estas elucubraciones me quedo dormido.

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He dormido poco y mal, me despierto con un fuerte dolor de cabeza, ¿serán los cuernos?. Me rio de mi desgracia. Ya no me quedan otros motivos para reír.

En mi casa la jornada se inicia casi como cada día. Los niños revoloteando, armando ruido, se preparan para ir al colegio.

Ana lleva a su madre el desayuno a la cama.

Mila se mueve dificultad para incorporarse y Ana le ayuda. Le hace tomar una capsula, seguramente para el dolor y se lleva a los niños.

No sé qué plan tendrán hoy, pero a la vista de los acontecimientos, no creo que se espere mucha actividad. Voy a salir a desayunar y comprar algún analgésico en la farmacia.

Ahora viéndola tan maltrecha no puedo evitar sentir pena por ella, me duele su dolor y no me importa el origen del daño.

A mi vuelta sigue Mila en cama, está con la bata de casa puesta y hecha un ovillo. Parece que llora. Vaya, al parecer tiene sentimientos, aunque sean debidos al dolor.

Tras pensarlo me siento mal. Soy cruel al juzgarla así.

Llega Ana que entra a ver como esta. Le acaricia la cabeza y mesa sus cabellos con una ternura y un amor que hace que mis ojos se llenen de lágrimas. ¡Aun las quiero coño!

Joder, es su madre, sufre, la quiere y se lo demuestra.

Como cuando la otra noche, Mila acariciaba a Ana hasta hacerla llegar a un avasallador orgasmo. También era una demostración de amor. ¿Inmoral? ¿Por qué? ¿Qué puede tener de anormal que una madre y una hija se amen y se den placer?

¿No será que el error este en la norma?

Y ¿Cuál es el origen de esa norma, por la que se prohíbe el placer entre integrantes de una familia?

Hay una autoridad superior, divina. Dirán. Un dogma de donde emanan estas leyes. De aquí parte el ritual.

Hay leyes que prohíben el consumo de carne de cerdo.

Y quizás en una época, en que las enfermedades endémicas del cerdo podían causar la muerte de muchas personas, era necesaria.

Sin embargo, en la actualidad se hace totalmente innecesaria. De hecho nosotros la comemos.

¿La prohibición del incesto?

Quizás en un tiempo remoto, cuando la endogamia afectaba y podría poner en peligro la supervivencia de la especie, era lógica la prohibición, que por endogamia deterioraba los genes. Pero actualmente. ¿Qué razón de ser tiene?

La homosexualidad, otra prohibición absurda, que también en tiempos pasados atentaba a la procreación y por tanto a la población.

Las prácticas sexuales han sido entorpecidas por intereses de unos u otros.

Hoy en día la mayoría de esas normas son caducas y están obsoletas.

La superpoblación a que estamos abocados nos obliga a replanteárnoslas.

Deberíamos revisarlas todas.

Incluida la del matrimonio y la familia.

La situación en que me encuentro tiene su origen precisamente en esas normas.

Mila, y también Ana por lo que he podido comprobar, son personas con unas necesidades en el ámbito sexual muy altas.

Prueba de ello lo que he observado en los últimos días.

Yo no preciso de tanta actividad para estar bien.

Y la sociedad obliga a Mila a mantener unas apariencias que no cuadran con sus necesidades.

¿Y qué puede hacer? Pues seguramente lo que ha hecho, transgredir la norma. Engañar a la sociedad y a mí. ¿Y eso es malo? Pues en base a la norma social aceptada y asimilada por mí. ¡A mí me ha jodido¡. Pero espera. Las oigo hablar.

Ana.-Mamá sígueme contando tu vida de putilla, anda.

Mila.- Si amor, así no pienso en otras cosas. Veras, cuando pasó lo que te conté con Marga en el bar, nos quedamos sorprendidas. Yo le dije: No pensaras llamar, ¿No?

Ella sonriendo, con esa cara de golfilla que tenia, se acercó a mí y me dijo. ¿Y porque no?

Me quede pensando y me dije: Qué puñetas ¿Por qué no?. Jajajaja

Unos días después, en el insti, me vio por el pasillo, me cogió de la mano y tiró de mí hasta los lavabos. Entramos en una cabina y me dijo, muy nerviosa.

Marga.- ¡¡He llamado¡¡.

Yo, que no me acordaba me quede igual. Entonces ella insistió.

Marga.- Al teléfono de la tarjeta tonta. Al que le enseñé la almejita.

Mila.- ¡¡Ahhh¡¡ Ahora caigo, ¿Y qué? Cuenta, cuenta.

Marga.- He quedado en ir esta tarde al salir del cole y cuento contigo ¿No?. Porque sola no me atrevo a ir.

Mila.- Bueno. Vale. Por ir a ver ¿Qué puede pasar? Y las dos juntas, nos podemos hartar de reír. Y nos reímos las dos.

Por la tarde, al terminar las clases, cogimos el metro y fuimos a la dirección de la tarjeta.

Era un piso cerca del Retiro, entramos al edificio y nos cortó el paso un portero, no electrónico, de verdad. Un hombre muy amable que nos preguntó dónde íbamos, se lo dijimos y nos mostro el ascensor, indicándonos que era la tercera planta. Solo había dos puertas, después supimos que eran del mismo piso, Llamamos en una de ellas y nos abrió una señora mayor, alta y muy guapa, a pesar de la edad, cubierta con una especie de bata de casa muy fina con un pavo real de colores preciosos estampado.

Nos miró y nos sonrió.

Nos hablo con una voz suave, melosa.

Señora.- Hola, buenas tardes, ¿Quién es Marga?.

Marga levantó la mano.

Marga.- Soy yo. Hoola.

Mila.- Y yo soy Mila.

Señora.- Vaya, sois muy guapas, yo soy Vanesa. Para vosotras Vane.

Se acercó a mí y me dio dos besos, igual con Marga. Al tocar su bata me di cuenta de que era de seda.

Vane.- Pero entrad, vamos, no os de vergüenza.

El piso era enorme, nos pasó a un salón con un gran ventanal desde donde se veía el parque del Retiro. Nos indico que nos sentáramos en unos sillones y ella se sentó enfrente.

Vane.- Bueno, vamos a ver, os estaréis preguntando para qué os hemos hecho venir, os lo voy a explicar.

No os preocupéis, no es nada malo.

Veréis, Roberto, al que ya conocéis y que ahora vendrá, es dueño de una fábrica de ropa. Tiene un departamento dedicado a la lencería, prendas íntimas para la mujer y necesita modelos de vuestra edad para una nueva línea de moda.

No quiere utilizar modelos profesionales y si estáis de acuerdo vuestro trabajo consistirá en pasar modelos de ropa interior ante los comerciantes y distribuidores que vengan a conocer los productos. ¿Qué os parece?

Marga y yo nos miramos y nos quedamos como tontas con la boca abierta.

Se oye abrir la puerta de entrada.

Vane.- Ya ha llegado Alberto, voy a hablar con él, mientras vosotras os lo pensáis.

Se levanta y se va.

Marga abriendo los ojos y con gestos de euforia evidentes me decía:

Marga.- ¡Es guay tía! ¡Qué guay! Seguimos ¿No?

Mila.- ¡La ostia, que chollo! ¡Pero nos pagaran ¿No?

Marga.- Pues claro, el tal Alberto me dijo que podríamos ganar mucho dinero.

Entran Vane y Alberto, besa a Marga.

Alberto.- Vaya ¿quién es tu amiga? Tú también estabas el otro día en la cafetería ¿No?

Marga.- Es Mila. Y no tenemos secretos entre las dos.

Alberto.- Muy bien pues vamos al grano. Vane ya me ha comentado que os ha puesto en antecedentes de mi proyecto, ¿no es así?

Marga.- Si, nos ha hablado del pase de modelos, pero no ha dicho nada de cuanto vamos a ganar.

Alberto.- Jajaja, Ya veo que sois espabiladas y vais al meollo del asunto.

Vamos a ver. La semana que viene, el martes por la tarde, a esta hora más o menos, podre preparar el primer pase. Veremos cómo sale.

Vanesa os ira preparando durante los días que faltan, todas las tardes vendréis a que os enseñe, como moveros, como os debéis comportar.

Ella ha sido modelo profesional, de pasarela y os puede enseñar mucho.

Os pagare por este primer pase veinte mil pesetas, después en función de cómo salga ya veremos. ¿Os parece bien?

Marga- . De acuerdo, ¿verdad Mila? Son diez mil pesetas para cada una.

Alberto.- No, Marga, te equivocas. He dicho veinte mil… Para cada una.

Marga con sus arranques se levantó de un salto del sillón y fue a abrazar a Alberto, que, sorprendido, sonreía con cara de bonachón.

Alberto.- Pues no hablemos más, a trabajar. Hoy empezáis, Vane os dirá que hacer.

Llama a Vanesa.

Alberto.- Querida, ya hemos hablado y están de acuerdo, podéis empezar hoy mismo con el curso de modelo.

Vane.- Pasad por aquí queridas.

Nos guía a través de pasillos a una salita donde ella se sienta en una silla y nos indica que sigamos de pié.

Nos pide que giremos dando la vuelta y nos va corrigiendo los movimientos.

Cabeza alta mirada al frente, espalda recta, cuerpo erguido…

Nos indica que la ropa que llevamos, el uniforme del colegio, falda a cuadros de colorines, camisa blanca y rebeca gris, no es la más indicada para este trabajo.

Nos pide que nos desnudemos, quedándonos en ropa interior, sostén bragas y calcetines.

Vane sonríe.

Estábamos cortadas, sigue con las indicaciones y diciéndonos que la vergüenza, el pudor era un lastre del que había que desprenderse.

El cuerpo humano era bello y si en un principio se cubrió con pieles era para protegerse del frio.

Después el vestido pasó a ser un artículo que demostraba el poder y más tarde, la religión, lo estropeó todo.

Mientras hablaba nosotras nos movíamos por la salita, había una pared que era todo un espejo, como las academias de baile.

Nos reflejábamos en él y nos veíamos bonitas. Vane se levantaba, corregía nuestras posturas y así paso el tiempo sin darnos cuenta

Vane.- Bien señoritas, la clase terminó por hoy, mañana las espero a la misma hora. Vístanse por favor.

Mañana deberán ir a esta dirección para realizarse unos análisis. La higiene es fundamental en esto. Van a llevar conjuntos muy caros y no podemos arriesgarnos a que tengan alguna enfermedad de transmisión sexual. Y nos dio una tarjeta a cada una.

Sorprendidas, nos vestimos, nos acompaño a la puerta, nos despidió con un hasta mañana y nos fuimos.

Al salir a la calle estábamos locas de alegría por el chollo que nos había salido, saltábamos y bailábamos agarradas por las manos por las aceras. Ya más calmadas entramos en una cafetería cercana y nos pusimos a hablar.

Marga.- Tengo que montarme algo para justificar llegar tarde a casa todos los días. ¿Tú qué vas a hacer?

Mila.- Lo he estado pensando mientras estábamos arriba. Y nos podemos matricular en una academia. Como andamos mal en inglés, nos buscamos una academia para clases de refuerzo, los días y las horas que nos interese. Nos matriculamos en el curso. En casa podemos decir que lo sacamos de nuestra paga semanal. ¿Qué te parece?

Marga.- ¡Que cabeza tienes tía¡ Tienes una mente maquiavélica. Jajaja

Mila.- Bueno. Se va aprendiendo

Ana.- Mami, para un poco, voy a preparar algo para comer.

Se va a la cocina y la veo preparando filetes, huevos fritos y patatas. Cuando está todo listo va a preguntarle a su madre si prefiere levantarse para ir a la cocina o se lo lleva a la cama.

Mila se levanta y renqueando se sienta en una silla en la cocina. Comen las dos en silencio.

Cuando terminan Ana recoge la mesa y le pregunta si quiere café, Mila asiente y Ana llena la cafetera y la pone en la vitro. Friega los cacharros y se sienta con su madre.

Ana.- Sigue contando mamita.

Mila.- ¿Por dónde iba?

Ana.- El segundo día del curso de modelo.

Mila.- A la mañana siguiente nos saltamos un par de clases y fuimos a hacernos los análisis.

Durante una semana estuvimos practicando con Vane. Aprendimos mucho.

Ya no nos asustábamos por desnudarnos delante de ella. Incluso nos quitábamos todo y desfilábamos desnudas sin vergüenza ante ella.

El ultimo día, antes del pase real, Vane nos dijo que debíamos pasar una última prueba.

Desfilar desnuda ante ella y Alberto para saber si, efectivamente, estábamos preparadas para el trabajo.

Yo tenía novio en aquella época, un chico majo que desde el primer día me cogió las tetas, me dio con el dedo en clítoris y me hizo ver las estrellas.

A partir de entonces follábamos cuando y donde podíamos, pero nunca había estado desnuda ante nadie y no sabía cómo reaccionaría. ¿Me daría vergüenza?.

Nos desnudamos las dos en la sala y tapándonos con las manos lo que podíamos, nos quedamos de pié esperando a Alberto.

Vane lo llamó y entro, no nos hizo caso, ni nos miró.

Nos quedamos mirándonos Marga y yo sin saber qué hacer.

Vane y Alberto hablaban de cosas del negocio, de las ventas, de la marcha de la fabrica y nosotras allí, de pié, desnudas y perplejas.

Vanesa se volvió hacia nosotras, y nos indicó, con un gesto de la mano, que nos moviéramos y Alberto seguía sin hacernos caso.

Con los nervios empezamos a menearnos, Marga me cogió una mano y empezamos a simular un baile, como un vals.

Cuando nos dimos cuenta estábamos bailando como locas, riendo y con los brazos en alto mostrando todos los rincones de nuestro cuerpo.

Ya no prestábamos atención a los anfitriones, es como si estuviéramos solas en la sala.

Cuando pasó la euforia dejamos de bailar, sofocadas, nos dimos cuenta que los dos nos estaban observando. Pero ya no nos importaba, habíamos perdido la vergüenza.

Alberto, nos miró y comento algo con Vanesa, que dijo que ya lo tenía en cuenta.

Se acerco a nosotras y nos dijo que la mata de pelo de la vagina había que eliminarla.

Nos llevo a un baño donde, primero con tijeras y después con espuma y maquinilla de afeitar nos dejo el chochete como el culito de un bebe.

Al regresar a la sala donde esperaba Alberto nos cogieron de la mano, Alberto a Marga y Vane a mí y así como estábamos nos llevaron al salón. Nos invitaron a sentarnos y ellos hicieron lo mismo.

Vane se levanto para traer café y unas pastas y charlando y tomando aquello pasó el resto de la tarde.

Vane nos dijo que ya era hora, nos acompaño a la sala, donde estaba nuestra ropa, nos vestimos y nos marchamos. No sin antes recordarnos que el día siguiente fuéramos un poco antes para prepararnos y que no nos preocupáramos de nada. Nos advirtió de que llamáramos por la otra puerta del rellano, después supe que era la puerta del servicio.

Y llego el día de nuestro debut como modelos.

Estuve nerviosa todo el día en el cole.

Acordamos las dos que llevaríamos ropa para cambiarnos en los servicios del insti para no aparecer con el uniforme del cole y así lo hicimos.

Al terminar la penúltima clase nos metimos en los lavabos y nos cambiamos las dos de ropa. Metimos el uniforme en la mochila de los libros y nos fuimos en busca de nuevas aventuras.

Nos recibió Vane, muy bien vestida con un traje de dos piezas color crema, falda hasta los tobillos con una abertura en la pierna izquierda hasta por encima de la rodilla y una blusa, cuello de barco. Estaba muy elegante.

Nos llevó hasta una habitación donde nos dijo que nos desnudáramos con un gran espejo en una de las paredes.

Nos invito a ducharnos y mientras lo hacíamos ella nos comentaba lo que debíamos hacer.

Al salir de la ducha nos ayudo a peinarnos y nos entregó unos conjuntos de lencería preciosos, medias, braguitas, sostenes, en fin autenticas maravillas que nos encantaro, complementados con zapatos de tacón de distintas alturas, con los que ya habíamos practicado en las clases.

Vane.- bueno chicas, ahora todo depende de vosotras, yo confío en que todo va a salir bien. Ya sabéis lo que tenéis que hacer, salir, pasear entre los invitados, sonreír y aceptar con amabilidad cualquier cosa que os puedan decir o hacer.

Si os ofrecen una copa, rechazadla con amabilidad.

Son personas educadas y como comerciantes que son pueden comprobar el material de las prendas, su calidad y en fin, que no os asustéis si os tocan. No pasa nada.

Estaréis pendientes y a mi señal volveréis aquí para cambiaros los conjuntos y salir otra vez. Así hasta que termine el pase.

Cuando no queden conjuntos os vestiréis con la ropa que os facilitaré y saldréis a charlar con los invitados y podréis tomar lo que os apetezca, siempre que guardéis las formas.

Y así fue.

Al salir al amplio salón, que se había acondicionado para el evento, observé a los invitados, personas mayores entre cuarenta y sesenta años, muy elegantes, charlando entre ellos.

Habría unos diez o doce hombres y dos mujeres, además de Vane. La sesión fue de maravilla.

Los señores fueron muy corteses, nos metían los dedos por el interior de las prendas pero con mucha delicadeza y sin propasarse.

Uno de ellos llamo a Vane para pedirle que le facilitara el sostén que yo llevaba en ese momento para comprobar algo y Vane, siempre con la sonrisa en los labios me indicó que fuera a la salita, me pusiera el siguiente conjunto y le trajera el que llevaba puesto. Así lo hice y al salir Vane me cogió el conjunto que me había quitado y se lo entregó al señor diciéndole que era un regalo de la casa.

Cuando terminamos con todos los conjuntos, Vane nos dijo que nos quedáramos con el que llevábamos puesto y nos entrego un vestido largo precioso. Nos hizo salir al salón donde todos los presentes se deshacían en elogios por nuestro buen hacer, preguntándonos sobre nuestra experiencia en esos menesteres, la edad, pero sobre todo si estaríamos dispuestas a asistir a fiestas que ellos organizaban.

Cuando terminó la velada era bastante tarde, más de las doce y teníamos que estar en casa a las diez.

Alberto nos entrego lo acordado veinte mil pesetas a cada una. Nos pusimos el uniforme del colegio y a casa.

Mi padre me bronqueo. Que si estaba a punto de llamar a la policía, que si a los hospitales. Total que no pasó nada más. Pero fue el principio de mi vida como puta.

El día siguiente después de clase nos reunimos las dos para comentar lo sucedido. Marga me dijo que uno de los señores de la reunión le había hecho una propuesta, asistir a una fiesta que daba en un chalé en las afueras de Madrid la tarde-noche del jueves. Y había aceptado.

Pero como con Alberto y Vane no se atrevía a asistir sola y me propuso acompañarla. A mí, por una parte me atraía. Era una aventura.

Por otra me daba reparo. Le dije que sí.

Tuvimos que montar una buena para poder estar fuera una noche entera.

Ella dijo que se quedaba en mi casa y yo que en la suya.

Faltamos a clase la tarde del jueves, esperamos donde nos habían citado y nos recogieron dos hombres de unos cuarenta años en un coche. Enfilamos la carretera de Toledo y nos llevaron hasta ———–, allí se desviaron por una carretera secundaria, después un camino de tierra y al final una casa con una valla cubierta de arbustos que no dejaba ver nada del interior.

La cancela se abrió con un mando a distancia y entramos por un camino de gravilla hasta la casa.

Entramos y no había nadie, la atravesamos hasta salir al jardín de atrás.

Había gente, una piscina y a su alrededor charlaban hombres y mujeres.

Los hombres me resultaban familiares, algunos eran los que habían asistido al pase de lencería, también estaban Alberto y Vanesa que, al vernos, se acercaron a nosotras, nos besaron y cogiéndonos a las dos de la mano nos llevaron al centro de la reunión donde Alberto llamó la atención de los allí presentes.

Alberto.- Señoras y señores, he aquí a las estrellas del momento, Marga y Mila.

Mi nuevo descubrimiento.

Son las modelos que me han facilitado la presentación de la nueva lencería de la próxima temporada.

Como veréis son dos preciosidades, tratadlas bien que tienen que seguir mostrándonos todo lo que ellas esconden.

Tras la presentación se arremolinaron a nuestro alrededor varios asistentes, nos saludaban dándonos la mano, besándonos y ofreciéndonos comida y bebida que allí había en abundancia.

–Nosotras no bebíamos alcohol. Vivimos una mala experiencia unos meses atrás. Salíamos con dos chicos con los que nos enrollábamos. Una tarde nos llevaron al piso de uno de ellos, sus padres estaban fuera, oíamos música, bailábamos y sacaron tequila, sal y limón. Nos emborrachamos y me dormí, cuando desperté tenia la ropa a medio quitar, las bragas en los tobillos y uno de los chicos me follaba, yo intentaba quitármelo de encima, cuando se corrió se levantó y llamó al otro, que estaba con Marga inconsciente, se colocó encima y me la metió de un golpe mientras me amasaba las tetas. Me follaba a lo bestia con fuertes empujones. Yo empecé a gritar y pegarle como podía, casi sin fuerzas, lo arañé, el cabrón me dio dos tortas que me retumbaron en los oídos y me desmaye.

Cuando me desperté Marga estaba sentada en el suelo y mi cabeza recostada en su regazo, me acariciaba y les gritaba a los dos imbéciles que eran unos brutos y que aquello les iba a costar caro.–

Volviendo a la casa de campo de los amigos de Alberto y Vane. Aceptamos comer algo y bebimos refrescos, nadie nos obligó a nada. Me ofrecieron ron con cola y me lo tomé, también había mojito, ron miel y en fin, cuando quisimos darnos cuenta estábamos mareadas. Pero no se propasaron con nosotras. Podían haberlo hecho, pero no.

Cuando vieron nuestro estado, nos llevaron dentro de la casa a una habitación en la planta superior y nos acostaron juntas.

Despertamos un par de horas después. Ya era de noche, oíamos música y voces en la planta baja.

Cogidas de la mano bajamos la escalera, había poca luz pero lo que vimos en el salón fue impactante. El suelo estaba cubierto por colchonetas.

Todo el mundo estaba desnudo. Hombres y mujeres, solo llevaban antifaces, y estaban en las más diversas posturas que puedas imaginar, follando.

Una muchacha estaba entre dos hombres que la penetraban por delante y detrás, en un grupo había dos mujeres en un sesenta y nueve, una sobre otra, mientras un hombre la follaba por detrás a la de encima. Había hombres con hombres, mujeres con mujeres, grupos de tres, cuatro, cinco personas. Se cambiaban de grupo y seguían follando, chupando y en fin, haciendo de todo lo que puedas imaginarte y más.

Nos quedamos de pié, mudas, cogidas de la mano, sin saber qué hacer.

Uno de los enmascarados se acercó a nosotras que, al verlo, reculamos hacia atrás hasta llegar a la pared. Se dirige s nosotras con amabilidad.

Enmascarado.- Hola señoritas, no tengan miedo. No les va a pasar nada. Si no quieren participar en la fiesta, pueden subir a la habitación donde estaban y mañana, con el primer participante que salga, pueden volver a Madrid.

También pueden quedarse mirando. Nos gusta el público y si es tan bello como ustedes pues mejor.

Pero también pueden participar, en ese caso deben seguir unas reglas que aquí se llevan a rajatabla, sin excepciones.

1ª.- Nadie puede obligar a nadie a hacer nada que no quiera.

2ª.- El respeto y la seguridad están por encima de todo.

3ª.- Todos los participantes deben haber pasado por exámenes clínicos para detectar posibles enfermedades de transmisión sexual. Los suyos los tenemos nosotros.

4.- Es obligatorio disfrutar y pasarlo bien.

Las máscaras son para dar más morbo al no saber quien juega, porque esto solo es un juego.

¿Y ahora qué deciden?

Marga me miró, yo la miré y al unísono dijimos ¡Participamos¡

El enmascarado se coloco entre nosotras, cogió nuestras manos y nos acercó a las colchonetas.

Alzo los brazos y gritó.

¡Participan!, Todos se detuvieron se levantaron y aplaudieron, nos rodearon, habría unas veinte personas entre hombres y mujeres.

Una muchacha casi de mi edad, se acerco y me dio un beso en la boca, Marga y yo habíamos practicado a besarnos, pero aquel beso tenía otro sabor, más dulce.

Abrí los labios y entrelace mi lengua con la suya. Sus manos recorrían mi cuerpo y yo acaricie el suyo.

Lo que allí ocurrió no es para contarlo, sino para vivirlo. Solo te diré que fue tan fuerte el placer que sentí que me desmaye.

Al volver en mí, estaba tendida en el mismo sitio pero rodeada por todos los demás de pié. Al verme abrir los ojos comenzaron a aplaudir y gritar. ¡¡Bravo!!

Me ayudaron a levantarme y entre besos, caricias y abrazos de todos me acompañaron a un rincón donde había una especie de barra de bar.

Me senté en un taburete mientras me preguntaban cómo me sentía y me ofrecían una bebida tonificante.

Yo un poco avergonzada por lo ocurrido les decía que estaba bien.

Adolfo y Vane se quitaron el antifaz me abrazaron y besaron.

Vane.- Pequeña, tienes un don, tu facilidad para llegar al orgasmo te hace ser especial. Y la intensidad con que se manifiesta, más aún. Te lo digo yo que también lo descubrí a muy corta edad y hoy lo sigo experimentando.

Tú no sabes la enorme cantidad de mujeres incapaces de sentir este placer. Pero cuidado, debes aprender a controlarlo para decidir cómo, cuándo y con quien.

Me beso en la boca y se marcho para integrarse en un grupo donde tenían a otra mujer en medio de dos hombres, uno debajo y Alberto arriba metiéndosela por los dos agujeros. Se acerco, se tendió y mamaba las vergas de los dos cuando las sacaban.

Vi venir a Marga, me abrazo.

Marga.- Te quieres llevar todos los premios ¿No?. Pues yo también juego y no me toca.

Aquí, con tanta gente, me cortaba, se lo dije al chico que nos hablo y me llevó a otra habitación, solos los dos, pero no ha habido nada que hacer.

No puedo correrme.

Le pedí perdón y lo deje.

Yo le dije que a mí me habían hecho algo que recordaría el resto de mi vida.

Me abrace a ella, con lagrimas de alegría en los ojos y la acaricié.

Nos tumbamos en la colchoneta y enlazamos nuestras lenguas, mientras nuestras manos acariciaban todo el cuerpo de la otra reconocí a la muchacha que me acarició al principio y con un gesto de la mano la llamé. Sabía lo que yo trataba de hacer y colaboró. Entre las dos acariciábamos hasta el rincón más oculto del cuerpo de Marga.

Ella que había sido mi maestra ahora chupaba y acariciaba, sabiamente, los pechos de mi amiga hasta que estallo. Si. Fue un estallido acompañado de un grito que hizo detenerse a todos los demás y volverse para mirar. Se encogió como un animalillo adoptando la postura fetal.

Entre las dos la abrazamos, acariciando sus cabellos y dándole tiernos besos.

¿Entiendes ahora porqué nos queremos Marga y yo?

Hemos vivido muchas experiencias juntas, además es lesbiana y yo bisexual.

Y está enamorada de mí. Folla con hombres pero no suelen satisfacerla como yo.

Nosotras seguimos asistiendo a las reuniones mucho tiempo, se celebraban en distintos lugares, nos citaban y nosotras íbamos cuando podíamos.

Las fiestas con este grupo se repitieron hasta hace ocho años, en una de las reuniones, un esposo celoso mato de una puñalada al hombre que estaba follando con su mujer. Gracias a dios no estábamos nosotras.

La última vez que asistimos fue poco antes de nacer Mili.

Yo estaba preñada de ocho meses y había algunos participantes que tenían verdadera debilidad por las embarazadas.

Me follaron de todas las maneras imaginables entre dos hombres y una mujer, lesbiana, que también me penetro el culo con un arnés mientras los otros se turnaban en mi coño. No sé cuantos orgasmos llegue a tener, pero fueron muchos.

Mila.-Bueno cariño, por hoy ya está bien de historia, vete a por los niños que estarán al salir.

Ana besa a Mila y se va.

Mila se acuesta de nuevo. Está muy mal. Yo mañana tengo que volver. ¿Cómo disimulará?

Suena el teléfono, lo toma de la mesita de noche y contesta.

Mila.- Si, ¿quién eres?——–Ah, hola Eduardo como te va, hace tiempo que no nos vemos.———-¿Tú crees?. ¿Qué me dices? ¿Qué José tiene un lio? No me lo puedo creer. Vamos a ver, ¿porque crees eso?.——–O sea, ¿José te pidió las llaves de tu picadero, donde nos vemos nosotros y estuvo los tres días de lunes ocho al diez?——

——–Pues claro, yo creí que estaba de viaje, como cada semana. Entonces, ¿no se fue de viaje?.—–Y en su oficina ¿Qué dijo? Ya, que tenía un asunto personal pendiente.——–Pues vale muchas gracias.—-No te preocupes que te haré un precio especial la próxima vez que nos veamos. Un beso.

Y colgó. Se quedo pensativa.

Joder, ¿también Eduardo se folla a mi mujer?

¿Cuantos de mis compañeros de trabajo y amigos se la han follado?

¡¡Que bochorno, Dios, qué vergüenza!!

¿Cómo he vivido quince años sin sospechar nada?

¡¡Soy un imbécil!!

Llegó Ana con los niños. Y, como cada día, jugaban, reían, vieron la tele un rato, cenaron y se acostaron. Y yo lloraba como un niño. Avergonzado por todo aquello.

Mila se levantó y fue a la cocina donde Ana preparaba la cena.

Ana.- ¿Como estás mami?

Mila.- Voy sintiéndome mejor. He recibido una llamada que me ha dejado mosqueada.

Ana.- ¿De quién?

Mila.- De Eduardo, el compañero de la oficina de papa. Y me ha dicho que la semana pasada papa no se fue de viaje como siempre. Le dejó las llaves de su apartamento y estuvo los tres días allí. Él cree que papa tiene una amante.

Ana.- ¿Papa? ¿Con una amante? No me lo puedo creer. ¿A que resulta que es un golfo y nos tiene engañadas? Jajaja

Mila.- No te rías, la cosa puede ser seria. A la vuelta lo encontré cambiado. No sé, raro. Tú también lo notaste ¿Verdad?

Ana.- La verdad es que sí, me abrazo de forma distinta a como siempre y noté húmedos sus ojos. Y Mili me comento que lo vio llorar.

Mila.- Puede ser que tenga algo por ahí y se esté planteando dejarnos. Pero también puede ser que sospeche algo de lo que hacemos y nos esté vigilando. Ya veremos qué pasa mañana. Como se comporta.

Terminaron en la cocina y se acostaron juntas. Mila es una mujer muy inteligente. Ha estado engañándome durante quince años, sin yo saber nada. Y ahora sospecha que yo la vigilo. Pero no sabe lo que sé.

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