Confesiones de la pubertad

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Inocente y blanquecina, cachonda y pervertida, con mi culo al aire libre, no tengo quien lo remedie, pues pienso y repienso, lo que me gusta una polla indeleble. Firmado: una inocente campesina.
Hoy os voy a contar como fui descubriendo el sexo. Fue cuando era una chica joven e inocente. Como en otras muchas ocasiones fue durante la adolescencia y de forma progresiva.

La naturaleza fue generosa conmigo

Así que la naturaleza ha sido muy generosa conmigo y enseguida me desarrollé con un cuerpo muy morboso, pechos grandes y un buen culo redondo. Justo lo que a mis compañeros de clase hacía que se les revolucionaran las hormonas y la entre pierna.

Los primeros encuentros que tuve no fueron nada, todo se quedaba en desnudarnos o quedarnos medios desnudos y tocarnos mutuamente el chico de turno y yo. Yo les hacía una paja y ellos me tocaban los pechos y me acariciaban el coño, pero sin penetración. En esa época de mi vida ya me parecía lo más, años más tarde descubrí lo inocente que era.

Al paso del tiempo, no muchos encuentros más tarde, decidí dar un paso más. Y practiqué mi primera felación. Fue a un chico con el que ya había tenido algún que otro momento íntimo con él. La verdad es que él nunca me había pedido que se lo hiciera, y ese día decidí sorprenderlo y comérsela.

Qué delicia hacer mi primera paja a un tío

Primero le estuve pajeando un rato con las manos para que se le pusiera dura y luego busqué una posición más cómoda para poder comerle la polla. Comencé pasándole la lengua por la punta, nunca olvidaré esa textura dura pero suave en mi lengua. Y ese sabor un poco desagradable pero que no tardé en acostumbrarme. Tras chuparle casi toda la polla y dejársela bien ensalivada, me decidí por metérmela en la boca. Al ser la primera vez me atraganté y me dio alguna arcada de la sensación de meterme algo tan grande en la boca. El chico también era la primera vez que se lo hacían y tardo muy poco en tener una eyaculación. Como acto reflejo le salió el quitarme su polla de la boca, pero la corrida terminó saltándome por la cara y el pecho.

Todo hay que decir, que por esa época era muy promiscua, no tardé en probar otra polla diferente y poco a poco fui probando a todos los compañeros de clase. Esto provocó que tuviera una reputación de chica fácil que practicaba felaciones. Durante aproximadamente un curso descubrí que no todos los penes son iguales, pero si que tienen algo similar, la forma de estimularlos y hacer que los chicos se corran.

De entre todos los chicos que tenía dispuestos a que les diera sexo, al final me quedé con el que más me gustaba, tenía una buena polla y luego era guapo.

Con buena polla y encima guapo, no podía pedir más

A medida que teníamos más encuentros sexuales, el sexo oral se fue convirtiendo en práctica habitual, en la que yo iba perfeccionando la técnica y él iba teniendo más aguante. Nuestra experiencia sexual iba creciendo hasta la fiesta de cumpleaños de un compañero de clase que fue donde tuve mi primera relación sexual completa.

Y en la típica fiesta de cumpleaños que coincidimos todos los amigos, mi “noviete” de ese momento y yo nos buscamos un momento a solas en una habitación apartada del barullo de la fiesta. Como siempre, comenzamos con sexo oral, primero solo yo a él y luego un 69, nos entregamos al placer mutuo durante un rato. Después yo fui la que le comenté que quería dar el último paso y tener sexo en su máxima expresión. Con los nervios propios de ese momento y varios intentos de que su pene erecto y bien lubricado por mi saliva entrara, se obró la desvirgación mutua. Yo noté por primera vez la sensación de tener un pene ocupando mi vagina. Sin duda era un placer muy diferente a lo que había estado disfrutando hasta el momento. Él no paraba de preguntarme si yo estaba sintiendo tanto placer como él, y la respuesta era claramente que si. Este nuevo plano al que nos había llevado el deseo carnal hizo que de forma inconsciente fuésemos subiendo el ruido. No tardaron en llegar varios amigos y descubrirnos, tras unos instantes de vergüenza, uno de ellos comentó que esta “fiesta” era mejor. Los intentamos echar de la habitación pero no hubo forma. Discutiendo llegamos al acuerdo, que como yo ya había tenido sexo oral previamente con todos, yo les hacia pajas o les comía su polla siempre que ellos no participaran en nada más y fuera solo mi noviete el que me penetrara. Ellos no se lo pensaron más y aceptaron sin rechistar la oferta, y mientras tuve mi primer orgasmo vaginal, una lluvia de semen me caía por el pelo, cara y pechos.

En conclusión, así fue mi descubrimiento del sexo, obviamente con los años he perfeccionado la técnica y ahora mismo no hay hombre que se me resista en el sexo, ni grupo de ellos que pasen por mi cama sin dejarme su blanco y nítido recuerdo.

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