En mi coche masturbación increíble

En mi coche, con los tetones fuera, mis padres fuera y yo gozando. Volvíamos de vacaciones Se acabaron las vacaciones, y la joven Laura tenía ganas de volver a casa y mostrar su bronceado a sus amistades, a las íntimas y a las nuevas que esperaba hacer en lo que quedaba de verano, era muy extrovertida, pero con quien quería, la rebeldía de su edad le impedía hacer amistades con gente de mayor edad, sobre todo era reacia a hacer amistades con los conocidos de sus padres, aunque ya “había tenido en sus manos” a algún adulto a espaldas de todo el mundo, era su secreto mejor guardado, las pajas que hacía a señores de cierta edad para sacar algún que otro beneficio.

Así que aquella mañana estaba excitada, tanto que, tras ducharse para después adecentar su peludo pubis, se lo depiló, y le produjo tanta excitación que no dudó en acariciar lentamente su clítoris, paseando a continuación por los labios vaginales la yema de todos sus dedos, encontrando su interior bien empapado, pero no de agua, mojándose al mismo tiempo externamente, muy lentamente introducía uno… para a continuación meterse dos dedos, sintiendo como empezaba a moverse su ombligo subiendo y bajando, encharcando del todo sus dedos con sus propios fluidos, clavándose hasta donde podía sus dígitos, el que más le gustaba, el largo corazón, con tremendo cuidado para no autodesvirgarse, lentamente sentía como le llegaba el placer, trataba por todos los medios de evitar soltar uno de esos gemidos que tanto le gustaba, su familia continuaba haciendo las maletas en el exterior… su acelerada respiración le permitía oxigenarse por la boca abierta, soltando así un silencioso gemido tras otro, se empezó a mover de manera frenética, sentía el orgasmo muy cercano, tanto que de ese modo, para poder gozarlo del todo, se tumbó en el suelo, abrió las piernas hasta donde pudo y lentamente introdujo su dedo preferido, lo perdió de vista, estando a buen recaudo dentro de su cuerpo, movió diestramente la yema, sintiendo como la uña rozaba su interior, sintiendo caricias en su ya bien encontrado y manipulado punto G, para, al final, con sus piernas que estaban descontroladas, que se abrían y cerraban muy rápidamente, terminaron de atrapar el dedo y la mano completamente con sus muslos, disfrutando así de un orgasmo tremendo.

Masturbación real en el coche de recepcionista de hotel

Una vez que finalizó el disfrute, los temblores, el palpitar de sus labios y pudo abrir sus piernas de forma relajada, lentamente, sacaba lentamente su dedo, que goteaba de lo que había disfrutado, pues había emitido mucho flujo vaginal, mientras lo iba sacando sentía el roce con sus labios, todavía palpitantes, temblaban levemente, como queriendo indicarle que querían volver a gozar, y lo observó, brillante, deleitoso, y se lo acercó a la nariz, olía a juventud, ese olor a su propio sexo le encantaba, y muchas veces lo utilizaba, para evitar otros olores menos agradables, poniéndoselo sobre su labio a forma de bigote y aspirando para dentro lo justito que podía oler para satisfacer.

Caliente y en mi coche pensando en mi perro

En el momento que se adecentaba y arreglaba dentro de la discreción del baño, trataba de no secarse el dedo que tanto le había complacido, quería tener ese olor durante el resto del viaje de vuelta, se vistió con su minifalda y se puso la parte superior del bikini, tenía intención de seguir disfrutando durante el resto del camino, por lo que no se puso ropa interior por debajo, dejando al descubierto su recién pelado coño, con la discreción de que nadie supiera que por debajo no llevaba nada, a no ser que ella quisiera que lo vieran, sabía como hacerlo.

Y una vez en el coche, sus padres calcularon de quién tenían que despedirse, unos eran esos vecinos que a ella no le hacían gracia ninguna, siempre viajaban solos, no tenían hijos de su edad, pero tenían muy íntima relación y unión con sus padres, que no con ella, parecía que el odio era mutuo, tanto de esos vecinos hacia ella como a la inversa.

Mientras los padres entraron en el chalet a decir “adios”, ella se quedó en el auto, esperando, como siempre, cuidando de Chuky, el diminuto yorkshire mini al que tanto quería, y al que había enseñado cosas que ni el padre ni la madre conocían.

Como sabía que los padres tardarían lo justito para volver al coche, bajó las cortinillas que impedían que el sol calentara más de la cuenta el interior del vehículo, y una vez en la discreta oscuridad, empezó a hacer lo que hacía tantas veces cuando se encontraba a solas, solo que esta vez estaba en el coche, y no en la intimidad de su habitación, o en las soledades que tanto le permitían sus padres cuando estaba estudiando.

Llamó a Chuky, que se acomodó entre sus calientes y perfumados muslos, haciendo un pequeño giro, como su fuera a tumbarse, levantó la pierna derecha y la puso sobre el asiento, desplazó todo lo que pudo su pierna izquierda, dejando a la vista de su mascota y su hociquillo perruno sus todavía enrojecidos labios sexuales, de vez en cuando lanzaba una mirada hacia el exterior, comprobando que nadie pasaba por las cercanías, y Chuky empezó a trabajarse la parte que más le gustaba de su juvenil dueña, con su pequeña lengua lamía a velocidad de vértigo los recién depilados labios, eso era para el como beber de su recipiente del agua, además se veía que lo disfrutaba, también hay que decir que lo había dejado sediento a breve, para que pudiera beber de su interior.

Las delicias de sus lengüetazos eran increíbles

El pequeño caniche realizaba bien su trabajo, tropezaba a veces con su frío hocico, haciendo retroceder a la dueña de la fuente de la que estaba bebiendo y que tanto placer le estaba haciendo sentir, tanto era así que en breve iba a disfrutar de otro orgasmo, a sus espaldas sintió como si alguien intentara abrir la puerta del piloto, pero se había encargado de dejar el coche cerrado para no tener imprevistos ni con sus padres, estaba disfrutando a tope, tanto que ahora sí, sus gemidos eran algo más subidos de tono, Chuky estaba imparable y ella lo sabía gozar al límite de sus fuerzas, tanto que comenzó a moverse como si se estuviera follando una buena polla, de manera frenética tuvo un gran orgasmo, aunque volvía a estar saciada, quería más y más, así que con su faldita levantada, destapó con sus dedos la fundita que le tapaba el clítoris, fue el no va más, Chuky acertó de lleno en el botoncito y lamía, y lamía, ella se dio cuenta de una sombra que pasó a sus espaldas pero no le importaba ya nada, estaba en el séptimo cielo, disfrutando del placer que sentía, necesitaba que esa polla imaginaria le penetrase hasta el fondo, pero se conformaba con que la lengua de su mascota la llevara hasta el infinito, hasta el final, tanto fue así que esa imparable lengüita la volvió a hacer desplazarse hacia atrás del placer que se le avecinaba, de nuevo volvió a menearse sintiendo el orgasmo cercano, sudaba como si estuviera en una sauna y volvió a gozar del placentero gusto que da una lengua que se menea sin parar en esa parte de su cuerpo.

Ya relajada, echó la cabeza hacia atrás, agarró a Chuky, se volvió a sentar en posición normal, mientras se sentaba escuchó como si alguien golpeara el cristal de la ventana con un soniquete agradable.

Tuvo el tiempo justo para volver a posicionar su levantada minifalda en su lugar, dejar a un lado a su Yorkshire mini, descansando, pues también estaba agotado, y con un movimiento reflejo, abrir las puertas del coche al ver que se acercaban sus progenitores, mientras se sentaba su padre en su lugar como piloto, lo escuchar despotricar de las aves del lugar…

Padre: Malditas gaviotas… vaya la cagada que debe acabar de echar una de ellas en la ventana trasera, ahí donde está Laura sentada, y debe ser ahora mismo pues todavía chorrea el líquido de la mierda, malditas aves… ya podían cagar en otro sitio…

Ella, Laura, mientras escuchaba a su padre disparatar sobre las acuáticas gaviotas recordó que en algún momento había escuchado algún que otro porrazo en sus cercanías, levantó las cortinillas que la habían mantenido en su intimidad dentro del auto y… observó como una gran cantidad de líquido blanquecino resbalaba desde la parte superior hacia el bajo del cristal de la ventana donde tenía apoyada su espalda, también observó al lejos, a un muchacho que se paseaba la lengua por sus labios mientras aplastaba con suavidad su mano en sus genitales…

Viendo el espectáculo y sabiendo que el muchacho se había corrido gracias a lo que había visto y por lo tanto lo había tenido a menos de medio metro, con cierto disimulo, acercó la lengua, dentro del auto a ese líquido que resbalaba, e hizo como que lo lamía, el muchacho lo vio y se puso a disparatar como un loco, llamándola desde puta hasta lo más obsceno que sabía decir.

No es de extrañar, que el padre se asombró de la actitud de ese muchacho, pensó que había mucho loco en el mundo, sin saber de lo que era capaz su hija, emprendió la marcha y pusieron rumbo a su hogar después de esa linda experiencia para nuestra pervertida jovencita.

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