Entre estación y estación

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Después de estar toda la noche con lo amigos, toca volver solo en metro. Durante el viaje una exótica belleza negra se acercó a pedirme fuego y a partir de ahí comenzó toda una situación de puro morbo, y sexo salvaje, a contra reloj.

A los veinte y cuatro uno fantasea diariamente con miles de escenas pornos en donde uno es el protagonista sin que nunca llegue a ser más de lo que es, una fantasía. A mí en cambio me pasó algo real, increíble para alguien como yo que no es el típico guaperas cachas de gimnasio aunque resulte bastante mono y me mantenga en forma practicando natación, algo que llevo haciendo desde siempre.

Había salido de juerga con los colegas cuando me tocó regresar a casa en metro, solo y con el puntito bueno del alcohol. Era bastante tarde, o bastante temprano según se mirase, y por lo tanto el metro estaba prácticamente vacío. Entrando al vagón, caminé hasta el fondo y me senté en los cuatro asientos que se miran para poder poner las piernas en el de en frente e ir bien cómodo. Pensaba que me esperaba todo el viaje solo viendo todo tan vacío pero al llegar a la siguiente parada vi por la ventana que una mujer de raza negra esperaba en el andén y subía por la puerta más cercana en cuando las puertas se abrieron. Ella tendría unos treinta, no más, y debía venir de juerga como yo por que llevaba un vestido estrecho de tirantes, extremadamente sexy, de color granate. Tenía el cabello largo y teñido de un castaño fantasioso que le quedaba francamente bien. Iba maquillada, no mucho, pero sus labios pintados destacaban al ser gruesos como suele ser típicos en los negros.

De pie, frente a la puerta, se agarró a un asiento cuando el tren arrancó y miró a los lados hasta que finalmente me encontró al fondo. Haciendo equilibrio con los tacones para no caerse con la vibración del metro al coger velocidad, caminó hacia donde yo y dirigiéndose a mi hizo un gesto con la mano como de encender un mechero invisible. Entendí que no sabía hablar castellano y que me pedía fuego con aquel gesto, pero un servidor estaba bastante agradecido de poder ver de cerca a una chica tan guapa como aquella y me rebusqué en el bolsillo del pantalón para sacar mi mechero. Ella rebuscó en un pequeño bolsito que tenía colgando al hombro y sacó un cigarro. Con una sonrisa increíble se sentó en el asiento de enfrente, en donde había tenido los pies segundos antes, y dejó que le encendiese el cigarro. Ni se me pasó por la cabeza la prohibición de fumar en el metro aunque poco me hubiese importado. Una diosa como aquella podía hacer lo que quisiera.

Dándome las gracias, con la misma sonrisa me quiso ofrecer un cigarro a mí pero se lo rechace. Tras esto ella comenzó a fumar mientras mirada por la ventana. Mas de cerca pude verle otros encantos que era imposible pasar desapercibidos cuando uno la tenía allí delante como los grandes ojos de muñecas o las largas piernas que descansaban despreocupadas algo separadas con aquel vestido tan corto, dejándome a la vista unas braguitas negras de encaje que se ceñían ligeramente a los labios de su vulva. Me había puesto tan caliente aquel repentino descubrimiento que no me extraño que ella me sorprendiese mirándole la entrepierna, cerrando las piernas y lanzándome una mirada de “eso no se hace” aunque sonreía como si tampoco se lo hubiese tomado a mal en absoluto. Yo subí la mirada e intente evitar mirarla directamente por vergüenza ante tal pillada.

Ella estuvo mirándome, lo notaba, y girándose hacia atrás miró el vagón por si había subido alguien en la parada en la que acababa de parar. Pensando que lo mismo había quedado como un pervertido sexual y que por eso buscaba posibles testigos, la escuché dar una pequeña risotada al volver la vista al frente y fugazmente abrió sus piernas haciendo que los ojos se me fueran corriendo a mirar entre sus oscuros muslos. Ella se rió al ver mi reacción y yo no pude hacer otra cosa que reírme también algo cortado por haber caído. La chica volvió a hacerlo volviendo a caer. No se que coño me pasaba pero los ojos se me iban solos mas que nunca. Pero a mi lo que mas me flipaba era que a ella le gustaba aquel juego de que le mirase las braguitas.

De tanto mirar su entrepierna y de la misma tensión de la situación a mi se me comenzó a poner dura, muy dura, y los vaqueros se fueron abultando por la bragueta y un por el lado de una de las perneras. Poniéndome en una posición extraña, subí la pierna al filo del asiento y me abracé a la rodilla, buscando tapar la bonita erección que llevaba. Ella se echó un poco adelante y me apartó la pierna, haciéndomela bajar mientras me chistaba en señal de negación a que no escondiese la erección que no tardó en mirar. Con sus uñas pintadas de lila arañó con suavidad mis pantalones y me acarició el bulto que bajaba por mi pierna. Mi polla dio una sacudió bajo los pantalones al sentir aquel breve frote de ella. Me había puesto doblemente cachondo ante aquel evidente flirteo procedente de semejante pivón. Volviendo a reposar la espalda en su asiento me señalo con el dedo para luego señalarse los ojos y después señalarse su entrepierna. Volvió a repetir este gesto solo que señalándose a ella misma y mi paquete. “Tu me miras aquí y yo te miro ahí” pillé sin problemas. Su expresión reflejaba mas que para ella aquello era mas una diversión, un repentino juego, que una declaración de sexo.

Encogido en mi asiento, tragando saliva como un condenado sin apartar la vista de entre sus piernas, vi como se tocaba el coño sobre la fina tela de sus braguitas, que apartó a un lado para poder hundir sus dedos entre sus labios vaginales. Sacándome unos segundos de mi embobamiento me señalo con un cómico enfado al paquete con un gesto de cabeza para que yo fuese haciendo lo mismo. El tren estaba parando llegada la siguiente estación y me aseguré de que nadie esperaba para subir. Desabrochándome los botones de la bragueta, aparté los calzoncillos y saqué mi polla con algo de dificultad por lo dura que la tenía. Al verla ella abrió ligeramente la boca en señal de admiración y deseo, que no era la primera vez que veía por que aunque no la tuviese en plan XXL si que me sentía orgulloso del resultado que daba en las chicas mi polla L-XL. Ella entonces siguió masturbándose a un metro frente a mi mientras yo estaba haciéndome una modesta paja, estando con aquello un par de minutos, mirándonos el uno al otro.

Dejando de masturbarse, ella se levanto de repente y fue a sentar en el asiento de al lado mía. Sujetándose a mi hombro, fue a agarrar mi polla con total confianza, haciendo apartar mi mano, y me comenzó a masturbar apretándola bien fuerte. Acomodándome a ella, le pasé el brazo por detrás de la cabeza y como imanes nos besamos en cuando nos tuvimos bien cerca. Era bastante buena besando y su lengua estaba a años luz de la mía. Con aquello para mí el estereotipo de las negras de cumplió. Mi boca era violada deliciosamente y yo me dejaba encantado mientras disfrutaba de la paja que no dejaba de hacerme. Apenas me dejó tiempo para reaccionar y se lanzó de mi boca a mi polla, lamiéndola con aquella energía suya a la vez que me la chupaba con ruido y me pajeaba con la mano cuando su boca la liberaba en aquellos segundos antes de volver a metérsela. Con su cabeza moviéndose arriba y abajo, le sostuve el pelo para que no le entorpeciese la grandiosa mamada que me estaba haciendo. Me costaba incluso no retorcerme en el asiento y me contenía las ganas de gemir a lo peli porno pese a que estábamos solos.

Al vivir en la periferia aún me quedaban varias paradas pero desconocía cuando tendría que bajarse ella y haciendo pensar en que aquel encontronazo podía interrumpirse en cualquier momento, ya no solo por que llegásemos a su parada si no también por que subiese alguien, y pudiendo haberme corrido con aquella pedazo de mamada quise follarla, aunque solo llegase a metérsela unos minutos, pero seguiría mereciendo la pena si había podido metérsela a una tía como aquella. No podía pasar la oportunidad. Llegamos a otra parada y ella se sentó bien en su asiento para aparentar normalidad por si había alguien. En cuando vimos que no asomaba ni una mosca por el andén me levanté antes de que ella se lanzase otra vez a mi polla y me bajé tanto los pantalones como los calzoncillos, sacando antes la cartera del bolsillo del pantalón para coger un condón. Yo regresé a mi asiento y ella se levantó, se bajó sus braguitas de encaje, se levantó un poco su vestido y se subió a mí con las rodillas a los lados. Sujetándose al asiento descendió hacia mi boca y nos volvimos a devorar como si llevásemos meses hambrientos de sexo. Mi polla asomaba por su culo, bien apretada contra este. A tientas sueltas me enfundé el condón como pude y levantándole el culo, llevé mi polla contra su vulva, apretando contra ella hasta que por fin encajó en su vagina. La gravedad hizo el resto y mi polla fue introduciéndose bien al fondo de aquel coñito negro que me la envolvía bien húmedo.

Sujetándola por su culito bien redondo, ella fue balanceándose sin que dejara de besarme y morderme el labio, compartiendo el uno con el otro ese jadeo que dábamos cuando mi polla se apretaba adentro y afuera por su vagina. Estábamos arrancando pero el metro en cambio fue disminuyendo la marcha al llegar a otra parada. Las columnas del andén comenzaron a surgir y sin quitarse ella de encima miramos por la ventana. Estábamos demasiado calientes en aquel instante como para detenernos nosotros también. Por suerte no subió nadie y solo vimos pasar a dos chicos a lo lejos. Ni tan siquiera esperamos a que entrásemos al túnel, allí mismo continuamos, yo agarrándola para ayudarla con el esfuerzo del vaivén y ella alzándose sobre mí una vez tras otras, dejándose caer hasta que mis huevos hacían de tope, subiendo hasta que ya solo tenía el capullo dentro, apurando con cada cabalgada. No solo era la tía mas buena a la que me había follado, si no que además resultaba exótica hasta en la forma de follar, volviéndome loco de placer con aquella pantera.

Por los altavoces se escuchó el nombre de la siguiente parada. Todavía quedaban unas cuantas para la mía, lo que me venía de puta madre. Ella me estaba devorando el labio inferior mientras yo le rozaba el clítoris con el dedo por delante. El tema había cogido tanto entusiasmo que al traqueteo del vagón se le unía el plac plac plac plac de su culo golpeándome la piernas. En unas pocas ocasiones mi polla se salía y tenía que volver a llevarla a su coño sin que ella pudiese parar de trotar. Fuimos entrando a otra parada más y dándole un cachete en el culo ella frenó y giró la cabeza para mirar al andén. A lo lejos vimos a un grupo de chavales que vendrían de juerga como nosotros y mi oportuna amante se quitó de encima para ir a sentarse en el asiento de mi lado. Nuestro vagón se detuvo a unos cuantos metros del grupo de chavales y fue una suerte por que si no me hubiesen visto con los pantalones por los pies y toda la polla al aire, con preservativo incluido. Nosotros actuamos con cómica naturalidad, mirándonos de reojo y riéndonos.

Estos chicos no subieron y al arrancar el tren me giré hacia el pasillo para taparme cuando pasásemos por delante suya. Dándonos prisas por continuar, ella se levantó sujetándose a los asientos delanteros. Al ver su culo y parte de su vulva, enfrente mía, no pude evitar agarrarlo y hundir mi lengua entre sus labios vaginales para darle un largo y fuerte lametón. No había tiempo para eso. Sin soltarla la hice sentar sobre mi polla, no sin antes meterle la punta para que entrase el resto cuando se dejase caer. Entre los dos hicimos que ella comenzase a botar sobre mí en aquella postura que me daba una muy morbosa vista de mi polla entrando y saliendo. Ella debía agarrarse al asiento de delante para no perder el equilibrio con la espalda ligeramente encorvada hacia delante. Podía oler su pelo que se sacudía de vez en cuando contra mi pecho y lo mejor es que en esa postura se podía sentir mejor las vibraciones que producía el metro.

Al aviso de la siguiente estación la chica miró adelante con impaciencia unos segundos y luego se levanto, se giró hacia mí y se colocó sobre mí como habíamos estado antes. Supe que lo había hecho por que tenía mas control. Mis huevos volvieron a golpear ruidosamente su negrito culo y esta vez no buscó besarme si no centrarse en el mete saca. La intermitente oscuridad del túnel dio paso a la estación pero esta vez ninguno de los dos se preocupó por que hubiese alguien. El vagón comenzó a moverse otra vez y volvió a aparecer esa cara de preocupación en ella. Me supuse el por qué sería. Su culo se comenzó a mover como loco, botando sobre mí con prisas y gimiendo despreocupadamente. Yo también jadeaba como si me fuese la vida en ello ya que era imposible reprimir todo lo que estaba gozando. Mi polla entraba y salía de su coño a tanta velocidad que podía haber hecho fuego si no fuese por lo muchísimo que había empezado a lubricar ella.

Se escuchó el mensaje anunciando de la siguiente parada y las ganas por venirme empezaron a desbordarme. Me iba a correr bastante rápido pero era lo que ella pretendía, lo sabía y no me aguanté. Disparo tras otro de lefa, fui corriéndome en aquel coño apoteósico, dándole a su dueña lo que pretendía con tanta energía. Ella vio que se me desencajaba la cara del orgasmo y metió su lengua en mi boca. Todo fue muy seguido. Sintiéndola quitarse de encima, abrí los ojos y la vi bajándose el vestido y colgándose al hombro el bolsito que había dejado en los asientos de enfrente. Ni me había dado cuenta pero al mirar por la ventana ya estábamos parando en el anden y las puertas se abrieron a los dos segundos. Antes de salir disparada se giró para agacharse a darme un profundo beso con aquellos gruesos labios tan deliciosos. Sus tacones fue lo último en escuchar antes de cerrarse las puertas y continuar con la ruta. Sin mirar atrás ella fue hacía las escaleras mecánicas corriendo con cuidado a causa de los zapatos y retocándose el vestido.

Observando el vació de mi alrededor, di un tirón del condón y me tome un minuto en poner la cabeza en orden. Luego ya me subí los pantalones, encontrándome al hacerlo las braguitas de la chica olvidadas en el suelo. Las olí y me puse cachondo nuevamente. Me las guardé para darle un buen uso en los días siguientes y a día de hoy sueño con poder encontrármela otra vez en el metro para podérselas devolver de la misma forma que las perdió. FIN.

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