Follando con la madre de mi amigo I

Madres cachondas hijos

Se puso de espaldas, la madre de mi amigo, toda para mí, notaba su culo, su coño, su calentura. Siempre me la quise follar, pero hacerlo era espectacular.
Todo comenzó hace bastante tiempo, podría decirse que comenzó con la amistad con un compañero de mi clase, Eduardo. Nos hicimos amigos y comenzamos a juntarnos fuera de clases para jugar a los videojuegos, ver películas y cosas comunes que hacen los amigos. Al frecuentarnos tan seguido e ir uno a la casa del otro conocí a sus padres, Francisco y María Elena (que en realidad no era la madre, sino que era la esposa del padre ya que sus padres eran divorciados). Al ir creciendo cada uno tomó sus caminos en lo que estudio se refería, pero la amistad perduró (y sigue haciéndolo). Tal es la amistad que, en época de vacaciones ellos van a la casa que tengo en la costa y ellos confían su casa para que yo la cuide. La familia se conformaba por Francisco, María, Eduardo y los dos hijos de María y Francisco (Patricia de 7 y Agustín de 4).

Como mencioné antes Eduardo y yo continuamos caminos diferentes respecto a estudios, él siguió abogacía y yo decidí estudiar cosas relacionadas a los deportes.

Una madre y esposa caliente

Bueno… esa fue una introducción para que sepan cómo se consolidan las personas en este relato, ahora les contaré la historia, espero que sea de su agrado.

Como antes mencioné tengo una casa en la costa, cerca de la playa, y cuando son las épocas de vacaciones muchas veces los papás de Eduardo me piden la casa por unos días (también lo hacen cuando hay fines de semana largos por fechas festivas como “Semana Santa”). Un día me llega un mensaje de María pidiéndome si le podía prestar la casa por unos días que se iba con su marido y los hijos (mi amigo no iba a ir porque se iba a ver a su madre). Yo le contesté que pensaba ir yo esos días, pero si no les molestaba podíamos ir todos, ella aceptó. Así que coordinamos un horario y salimos para allí.

Una vez en la casa hicimos la separación de habitaciones (claro está que yo tengo mi habitación privada ya que es mi casa), la casa no es muy grande, 3 habitaciones que rondan al comedor, una cocina y un baño. María y Francisco tomaron la habitación con cama matrimonial y los niños la última que quedaba. A partir de ese instante los chicos comenzaron a ponerse inquietos, a correr jugar, pelearse y demás cosas que hacen los hermanos. Tal confianza llegamos a tener con María y Francisco que yo les dije “siéntanse como en su casa, si quieren pasear desnudos no hay problema” a lo cual se rieron. Fui a mi habitación, me puse ropa para correr y salí a correr un rato. A la vuelta me encuentro a María ordenando y a Francisco preparando mate (infusión típica de donde soy), me ofrecieron y acepte, al cabo de unos minutos me fui a bañar porque estaba transpirado de haber ido a correr.

Llama el hijo a la madre mientras la follan

 

Al salir de bañarme vuelvo al comedor, ya más relajado, y me pongo a charlar con ellos. En eso me preguntaron si podía hacerles de entrenador personal y yo les dije que no tenía problema, pero que iban a serlo por separado, y así fue, María eligió el entrenamiento matutino mientras que Francisco optó por entrenar a la tarde. Fui comentándoles durante el resto de la tarde y por la cena que íbamos a hacer y cuales eran mis objetivos y ellos me decían los de ellos. Como en esa ocasión íbamos a estar solo 4 días íbamos a hacer el comienzo de una rutina y cuando volvamos a nuestros respectivos hogares la continuaríamos.

En esa época yo tenía 19 años, nunca tuve un cuerpo completamente marcado, pero me mantenía bastante bien, medía 1,75 aproximadamente, pelo castaño. Francisco tenía 47 y María 34. Aunque no haya parecido, el que mejor soporto por esos días la rutina fue Francisco, si bien se cansó, no sufrió tanto como María, por lo menos el primer día.

El segundo día de entrenamiento (3er. Día de las mini vacaciones) comenzó tranquilo, me levanté y en short y musculosa fui a desayunar. Al ir al comedor me encontré con María Elena: una mujer de 1.52m, complexión física normal, con poco busto, pero un trasero hermoso, grande y redondo, pelo castaño un poco ondulado. Ella estaba vestida con una bikini de animal print (el cual solo veía la parte del braseare ya que tenía puesto un short), la saludo con un beso en la mejilla y me pongo a charlar con ella:

– Hola maru, ¿cómo estás?
– Bien ¿y vos Till? ¿Pudiste dorimir bien?
– Si, gracias. ¿Vos? ¿Qué te pareció el entrenamiento compartido de ayer?
– Anoche toqué la cama y perdí la conciencia. Estuvo muy bueno el entrenamiento que nos diste. ¿Qué nos espera hoy?
– Hoy, como nos levantamos temprano podemos hacer la división de rutinas.
– No me asustes, ayer corrimos los 3 y me mataste. ¿Qué me vas a hacer hoy?
– Nada que vos no quieras. – Y me reí. – Viendo que es un lindo día podemos ir a la playa y correr un poco, nadar, algo de eso.
– Me vas a matar!!! Igual nunca me dejaría hacer algo que no quiera, jajaja.
– Bueno maru, me voy a preparar así salimos ¿Te parece?
– Buenísimo, dale.

Ya me puse cachondo cuando hablé con ella

Y así fue, me puse una maya, unas zapatillas. Eran alrededor de las 8:00, cuando dejamos una nota diciendo que íbamos a entrenar a la playa. Antes de salir le dije: “Maru, vamos a estar nosotros solos, en sentido de conocidos, asi que, si entramos al agua no nos sacamos el calzado ni vos te saques lo que tengas puesto. Si vas con el short te quedas con él, si no dejalo acá.”. A lo cual me contestó que no tenía problema de meterse con el short y una remera, pero que las zapatillas podían complicarle el entrar al mar y nadar. Le dije que no se preocupe, que cualquier cosa yo la rescataba, y nos reimos haciendo chistes y burlas que siguieron mientras nos dirigíamos a la playa. Una vez ahí calentamos los músculos y empezamos a correr.

La rutina siguió con un poco de abdominales, lagartijas y entramos al agua a nadar, hicimos corriendo un kilómetro y medio (uno de ida y medio de vuelta) así que, para que podamos volver al punto de inicio la idea era que volvamos nadando. El problema es que las zapatillas le pesaban tanto a María Elena que le generaron fatiga, cuando ella se detuvo porque sintió como si le hubiera agarrado un calambre, y cuando lo hizo una ola la golpeó con tal fuerza que la tiró y casi la ahoga. Por suerte pude reaccionar rápido y “rescatarla” (si se lo puede llamar de alguna manera). La saqué del agua y tiré en la arena, a todo esto deberían ser alrededor de las 8:45 o 9:00 como muy tarde, ya que no habíamos hecho un entrenamiento extenso y la gente a la playa va alrededor de las 10:00. Me fijé como estaba y le hice respiración boca a boca, en eso, como si fuera una novela, se despierta en el momento en el que tenía mi boca sobre la suya. Empezó a toser y sacar el agua que había tragado, yo me quede inmóvil porque no sabía cómo iba a reaccionar. Por suerte no lo tomo a mal.

María me sonrió me dijo “mi héroe” y me besó por unos instantes. Cuando nos separamos nos miramos sorprendidos, luego nos sonreímos y nos levantamos de la arena. Volvimos caminando a mi casa y hablamos. Llegamos a la conclusión que ese beso fue por agradecimiento y de reflejo por haber salvado su vida y que no se lo contaríamos a nadie.

Al llegar a la casa todavía estaban todos durmiendo, arreglamos para bañarnos, la dejé que se bañe primero así se iba a descansar un poco. Luego, me fui a bañar yo, y mientras me bañaba escuchaba como se iban levantando Agustín y Patricia, y por el ruido también Francisco. Como habíamos quedado, nadie habló de lo sucedido, pero comentamos que nosotros nos íbamos a recostar un rato ya que acabamos de venir de entrenar, Francisco lo entendió, así que se llevó a los chicos a la playa y dijo que iba a volver a las 13:00 para almorzar. María y yo nos fuimos a acostar a eso de las 9:30, cada uno en su respectiva habitación.

Después de 15 minutos golpean a mi puerta, era María Elena, pidió permiso y pasó a mi habitación, yo estaba sin remera pero con un pantalón corto (short), vino a agradecerme nuevamente lo que había hecho momentos atrás y pedirme si no podía hacerle unos masajes ya que le dolía todo el cuerpo, le dije que no había problema, que vayamos a su cama por si se quedaba dormida y así hicimos. Ella estaba vestida con una remera naranja y… bueno, como la remera era larga no se veía que tenia debajo.

Fuimos a su habitación. Cuando yo estaba entrando la vi a ella de espalda arrodillada en la cama, se estaba quitando la remera y ahí pude ver su magnánimo culo, no parecía a simple vista muy duro, pero era grande y redondo, una forma maravillosa. Tenía solo puesto una tanga de color rojo con encaje que se perdía en ese monumento al culo.

Se recostó boca abajo en la cama y me pidió si podía empezar a masajearle la espalda. Yo no podía creer lo que me estaba pasando, siempre me encanto ella, siempre me pareció una mujer perfecta. El corazón me latía a mil revoluciones por segundo, sentí que estaba por estallar, y no era lo único que se me paraba en ese momento jaja. Tenía mi miembro duro como una roca, me dolía de cómo estaba, la adrenalina generaba que quisiera hacerla mía, que quisiera poseerla, hacerla gritar, pero no era debido, era la madrastra de mi amigo. En mi mente pasaban miles de fantasías para hacer con ella, me acerque de a poco, las manos me transpiraban, puse mis manos sobre su espalda y escuché su voz que decía “Sí, por favor que me duele, hacelo fuerte que me gusta”. Ya no podía aguantar más, pero mi moral resistió. Poco a poco me atreví a masajear los hombros y los brazos, pasé a masajearle (simultáneamente) ambos antebrazos, no sé porqué pero seguí bajando hasta llegar a sus manos y, cuando lo hice ambas manos me agarraron fuertemente y en ese momento escucho un susurro que decía: “Me encantan esos masajitos en los brazos, la verdad es que me dolían muchos los brazos del entrenamiento, ¿Podrás seguir por mi espalda? En verdad me gusta mucho lo que haces, lo haces tan delicado”. No sabía que decir, me paralicé, cuando pude moverme nuevamente volví a sus hombros y como respuesta recibí un “Mmm… si… así” y poco a poco me decidí a bajar por su espalda. Comencé a masajear su cintura hasta llegar a su cadera, ella emitía sonidos como de murmuros que demostraba que le gustaban. Por miedo no quise seguir bajando a sus nalgas, la tanga que tenía era roja y con hilos por la parte de atrás y se metía bien adentro entre sus nalgas. Sintió que me detuve, y me dijo “No pares, seguí bajando, no hay problema, tenés vía libre para masajear. Me duele todo” y luego se reacomodó en la cama.

Eran unas nalgas inmensas y apetecibles

Empecé a bajar y tocar sus nalgas… ¡DIOS MIO, fue maravilloso eso! Sus nalgas eran perfectas, consistentes, bien formadas, agradables al tacto, eran un poema hecho realidad. Sus respuestas eran solo gemidos, los cuales no dejaban de empalmarme, ya no sentía mi miembro de lo duro que estaba y creo que ella lo notaba. Seguí bajando por sus piernas, firmes y suaves al tacto, al llegar a sus pies comencé a masajearlos y de repente ella se volteó diciéndome “así va a ser más cómodo”. Lo primero que hice al ver que se dio vuelta fue ver sus senos, eran hermosos, como ella, no grandes pero tenía unos pezones maravillosos, de un rosado oscuro, ella me miró, me vio hipnotizado y sonrió “¿nunca viste unas tetas?” me dijo. “Si, pero no tan hermosas” le conteste y seguí masajeando sus piernas, esta vez hacia arriba. No dejaba de mirarle la cara y ver como sonreía, cuando llegué a su vagina (que tenía tapada con la tanga) se me cortó la respiración la acaricié con mis manos y seguí subiendo, pasé por su vientre y poco a poco acercaba mi rostro o respiración a su piel. A cada una de mi exhalación ella respondía con un exaltamiento. Mis manos se acercaron a sus bustos y comencé a masajearlos, María Elena puso sus manos sobre las mías y soltaba gemidos, y flexionó sus piernas para dejarme entre ellas. Mientras le masajeaba los senos y ella correspondía le besaba el vientre e iba subiendo, cuando llegué a la zona de sus pechos con mi boca nos miramos y nos sonreímos, solté uno de sus pechos y pasé a succionarlo.

Esposa y madre caliente follada por amigo del hijo I

Un gemido fuerte salió de ella, presionó sus piernas sujetándome para que no me moviera. Que delicia de pezón, de teta, me sentí un bebé que por primera vez estaba siendo amamantado; no sé cuánto tiempo estuve ahí, lo que sí sé es que cuando sentí su pezón bien duro cambié de seno para poder tener comida bien esas dos tetas hermosas. Esos dos timbres pasaron a ser completamente míos. Dejé de mamarle los senos y me dediqué a besarla, ella me sujetó de mi nuca haciendo que no pueda separar mi boca de ella mientras con sus piernas me envolvió las caderas haciendo que se peguen nuestras partes erógenas.

Me soltó, nos miramos y nos rendimos el uno al otro.

Nos separamos, bajé mis manos y tomé su tanga, acerqué mi cara y empecé a besarle la pelvis. Mientras le bajaba la tanga iba bajando mis besos pasando por su Monte de Venus, cuando llegué a su clítoris mi lengua salió para saborearlo. Estaba completamente mojada y con mi lengua me dediqué a secarla, aunque cada vez se mojaba más. Sus gemidos me ponían más y más excitado, la penetré con mis dedos y ella me sujeto la cabeza para que no la separe de su zona. Así hice lamí su clítoris mientras penetraba su vagina con mis dedos y sentía como cada vez se mojaba más y más, hasta que me agarró fuertemente, me presionó contra su vulva y me acabó en la boca, no podía creer que me había acabado, fue algo increíble. Acto seguido le pasé dos veces más la lengua para secar un poco y para volver a saborear su delicioso néctar. Volví a besarle la boca, me devolvió el beso y me dijo “ahora me toca a mí” y se me levantó para bajarme el pantalón, al hacerlo salió al descubierto mi miembro (no voy a hacerme el actor porno, para mí es un miembro normal mis medidas son de 20 x 6 cm.). Me miró y con una sonrisa pervertida abrió su boca y empezó a sobarme el glande con mucha cara de placer y gozo. Me pajeó y me la chupó de una manera excepcional, yo estaba tan caliente que no puede aguantar mucho más y acabé; esta vez me tocó a mi acabar en su boca. María Elena, con todo mi semen en su boca, me miró y me dijo “Esto es para vos” y se tragó toda mi leche, ni bien tragó abrió su boca para demostrar que no quedaba rastro y agregó “Que maravilloso y delicioso regalo me diste, me gustaría desayunarlo todos los días, o tomar un poco antes de dormir”. La volteé boca arriba en la cama y le dije “Lo vas a tener siempre que se pueda”.

“¿Estas lista para pasar el punto sin retorno?” le pregunté, a lo cual ella respondió con una sonrisa y un beso en mi boca. Ahí empecé a acercar mi glande a su vagina, ahí poco a poco hacía el juego del entrar y salir. Ella me envolvió con sus piernas para que deje de jugar y así entre por completo. Seguimos haciendo el amor un tiempo cambiamos 2 veces de posiciones (no muy rebuscadas, ya que lo que buscamos era el sentirnos el uno al otro) y en un momento hablamos y ambos dijimos que estábamos a punto de acabar nuevamente, nos miramos. Con mi mirada estaba preguntando donde quería que acabe y la interpretó de maravilla esa pregunta, su respuesta fue “acabame adentro, no hay problema, tomo pastillas”. Seguimos 2 minutos más y no soportamos más. Acabamos al unísono.

Luego de eso nos miramos, miramos el reloj y vimos que eran casi las 12:30, en breve llegaban los chicos y su marido, así que nos vestimos y cada uno quedo en su habitación recostado recordando lo sucedido.

El día continuó de manera normal, salí a entrenar con Francisco y ella se encargo de los chicos. Esa misma noche (la última de ese fin de semana), cuando ya todos dormían y yo estaba en mi habitación, se abrió la puerta y ahí estaba ella, si María Elena estaba sobre el marco de la puerta vestida con una musculosa negra y una tanga (las que parecen un hilo) del mismo color. Me miró con miedo, como si fuera un chico que sabe que hizo una travesura.

– Vení, entra maru. ¿Qué te pasa?
– Es que, no sé si está bien que me pase esto con vos. Digo, mirate a vos, alguien joven y tan lindo, y mirame a mí, una vieja gorda.
– No digas eso, para nada sos vieja, y menos gorda, apenas llegas a los 34 y de gorda no tenes nada, sos hermosa.
– ¿Te parece?
– Si, y lo firmo donde quieras.
– ¿No tuviste sexo conmigo solo porque estabas caliente hoy?
– No, es que no tuve sexo con vos.
– ¿No?
– No, hice el amor. Me tenés completamente perdido por vos. Hace tiempo que desde que te tengo cerca no puedo estar cerca de ti sin exaltarme.
– No puedo creer lo que escucho. – Se sonrió y sonrojó. – Siempre esperé escucharlo pero jamás imaginé que fueras vos quien me lo dijera.
– ¿Por qué? – Me acerqué para hacerla entrar y cerrar la puerta.
– Porque pensé que jamás podrías mirarme. O sea, tengo una sobrina que es modelo y es solo un poco más joven que vos, yo te llevo 15 años, me siento una depravada al mirarte o pensar en vos. Pero lo que me sucedió hoy hizo que me diera cuenta que me volvés loca, me encantás, me fascinás, creo que hoy me di cuenta que me enamoré de vos sin quererlo o saberlo.
– Eh… No sé qué decirte, ni como decírtelo, me dejaste mudo. A mí me tenés loco desde que te conocí.

María me calló con un beso. Un maravilloso beso. Por más que le saco como 20 cm ella empezó a empujarme y llevarme a mi cama. Me tiró en ella y se subió encima de mío, comenzó a acariciarme y besarme desde la boca hasta llegar a mi estómago. Ahí mismo me senté y la besé en la boca, la acaricié por los hombros, pasé a su cuello y cara, de ahí la recosté en la cama y fui bajando mis besos hasta llegar a su pecho, con mis manos empecé a levantarle la musculosa que tenia y dejé sus senos libres para ocuparlos uno con mi mano y el otro con mi boca, QUE DELICIA. Soltó un gemido y me volteó para quedar ella encima de mí nuevamente.

Volvió a besarme y poco a poco fue bajando y quitándome mi bóxer, dejando al descubierto mi miembro, me miró con cara pícara y esbozó una sonrisa, agarró mi pene y lo introdujo en su boca. Fue una sensación indescriptible, me sentí en el paraíso. Volvió a mirarme de una forma muy sexy, tomó sus hermosas tetas y con ellas envolvió mi pija comenzando a hacerme una paja turca y cada vez que mi glande salía de entre sus senos ella lo engullía o le pasaba su lengua. Así no pude soportar mucho cuando le avisé que iba a acabar, ella se apuró y puso mi glande es su boca e ingirió todo mi semen, sin derrochar una sola gota se tragó todo.

Cuando me mostró que había engullido toda mi acabada, sonrió y me dijo “ahora le toca a mi otra boca el disfrutarte” mientras se sacaba la tanga. Me paré y la recosté en mi cama y froté mi pene con su vagina, pasando mi glande por su clítoris (cosa que la hacía gemir) hasta casi penetrarla, solo para que se moje más de lo que ya estaba. Estuve haciendo eso poco tiempo ya que me envolvió con sus piernas y me dijo “PONEMELA YA, QUIERO TU PIJA DENTRO MIO AHORA” y la penetré, soltó un suspiro de placer y liberación. Comenzamos a entregarnos el uno al otro.

Fuimos cambiando posiciones, misionero, ella arriba, en una silla, hasta que llegó el momento, nos estábamos por correr los dos juntos, en ese momento la tiré nuevamente en la cama y la mire a los ojos diciéndole que estaba por acabar, a lo que ella me contestó que también estaba a punto de hacerlo y que por favor acabe dentro de ella. Unos instantes después nos miramos a los ojos y acabamos los dos al unísono, yo dentro de ella y ella conmigo dentro y aferrándome para que no saliera con las piernas. Al terminar de soltar mi última gota, nuestras vistas se cruzaron, sonreímos y dijimos juntos “Te amo”, luego nos besamos unos minutos más.

Salí de su interior y vi que unas gotas estaban escurriéndose, ella se paso la mano para limpiarse y se la llevó a la boca, me dijo “está deliciosa, si no tomara pastillas, seguramente me habrías embarazado con toda esta cantidad”. Se vistió, volvió a besarme y se retiró a su cuarto. Minutos después me llegó un mensaje al celular, era de ella, que decía más o menos así “Gracias por tan maravillosa noche, me encantó, no voy a olvidarla nunca, ojalá se repita. Quiero que sepas que no voy a dejar que tus nenes se vayan pronto de mi interior. Va a ser complicado mirarte mañana mientas estamos volviendo sin tener el impulso de besarte. Espero que no quieras dejar de ser mi entrenador personal jajaja”. Le contesté que yo seguiría entrenándola en la ciudad si ella quiere.

Volvimos para nuestras casas, pero con la condición de después seguir nuestra rutina, pero eso lo contaré en la continuación. Y les contaré la maravilla que nos sucedió.

Comparte:
picasion.com

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.