Follando con mi hijo

madress

Ya no aguantaba más, había visto a mi hijo miles de veces desnudo, ahora era ya un hombre. Mi marido no aguantaba nada, y yo necesitaba que alguien me consolara.
Un día le esperé al llegar de clase, no le dije nada, simplemente cogí lo que siempre quise tener, pero con lujuria: su polla.

Se la cogí, la besé y su polla me la metí

La cogí, la meneé, la besé, me la metí, me folló encima de la mesa del comedor, su gran polla, mucho más grande que la de su padre, me hicieron ver las estrellas. Gocé como nunca, una madre y un hijo follando sin cesar, y con lujuria.
Sus arremetidas y embestidas eran increíbles, no sé, dónde aprendió a meterla así, pero desde luego que repetiré más veces. Ole por la polla de mi hijo Antuán.

Mi hijo Antuán follando a su pervertida mamá

 

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