Historia de Jesusa III

Jesús se despertó, encendió el móvil y vio el mensaje que le había mandado Javi, que cabrón pensó se la va follar, bueno mejor, nos la vamos a follar todos, abrió luego el vídeo y confirmó lo que había sospechado, la tía de Javi estaba muy buena, no tan buena como su madre, pero muy buena y sus tetas eran una gozada.

Salió del cuarto y fue en busca de la única persona que podía aliviarle, su madre querida, se acercó al salón, la oía canturrear, se asomó a la puerta y allí estaba, planchando, con un vestido azul estampado con flores blancas bastante escotado, como le gustaba ver planchar a su madre, como se movían sus tetas bajo es vestido al ritmo del planchado y que sudorosa estaba.

Comenzó a divagar:

Su madre estaba tumbada en el sillón, él a su lado con la plancha tibia en la mano.

– Mira, hijo, lo arrugada que tengo la ropa, plánchamela por favor, pero ten cuidado no me vayas a quemar.

– Si, mamá.

– Primero la falda que está hecha un trapo.

Jesús estiró la falda de su madre, era una falda plisada, de cuadritos, se la estiró con la mano, le llegaba hasta las rodillas.

– Venga, hijo, empieza a plancharla, empieza primero por las piernas.

Jesús puso la plancha encima de la falda, sobre la pierna de su madre, primero una y luego la otra, la falda quedó alisada.

– Ahora, hijito la entrepierna, con cuidado mi amor.

Jesús empezó a pasarle la plancha por la entrepierna, despacio con el pico hacia abajo.

– Así, mi amor, despacito, susurraba Jesusa, sintiendo el calor de la plancha a través de su ropa en el coño.

– Ahora el polo, mi niño.

Jesús alisó el polo rojo de su madre, le pasó la plancha por la tripa.

– Más arriba, cariño, plánchame las tetas.

Su hijo se aplicó en las tetas, despacito, ¡¡¡ Como se deslizaba la plancha caliente por esas tetas!!, le dió una pasada, dos, tres…

– Así, así, dijo su madre que con el calor de la plancha sobre sus tetas se había corrido.

– Gracias cariño por plancharme la ropa.

Jesús se separó del sillón y miró su obra, estaba todo bien planchado, todo, salvo dos puntitos situados en las tetas de su madre y esos no pensaba plancharlos. Buen trabajo pensó.

Volvió en sí, joder, estaba enfermo, en todo veía sexo, tenía que poner en práctica su sueño, pero hoy no, hoy iba a hacer otra cosa.

Vió como su madre le miraba con una media sonrisa.

– ¿Qué tendrás en la cabeza, hijo?

– Nada mamá, se acercó a ella.

Le dió los buenos días como de costumbre, le metió una mano por el escote para acariciarle el pecho por encima del sujetador y le dio un pico en la boca, hoy hizo algo más para que viese como estaba, se apretó contra ella para que sintiese su polla.

– Vaya, ¿que te pasa, porque estás así?

– Mira lo que me ha mandado Javi y le enseñó a su madre el vídeo.

– ¿Quién es esta mujer?

– Su tía, la que le crió.

– ¿También se la folla?

– Seguro que se la está follando ahora.

– Vaya par, como os gustan vuestras madres.

– ¿Que opinas de la mujer?

– Está bien, no tan bien como yo, pero tiene buenas tetas, como a vosotros os gusta.

– Habíamos pensado que fuera tu sustituta.

Jesusa se quedó pensando y luego dijo:

– Bueno, pero me gustaría conocerla.

– Tendría que ser mañana porque ella se vuelve pasado al pueblo.

– Vale, pues que venga a tomar café.

Jesús cogió un sujetador de su madre y un calzoncillo suyo de la ropa que todavía estaba sin planchar.

– Toma, mamá, plánchalos.

Su madre le miró, no dijo nada, seguro que su mente calenturienta había ideado algún juego agradable para compartir con ella, le devolvió las prendas a su hijo, éste se quedó con el sujetador y le devolvió a su madre los calzoncillos.

Llevo el sujetador a su nariz, como le gustaba el oler de la ropa recién planchada.

Cogió a su madre de la mano y la llevó hacia el sofá, se sentaron.

Se sacó la polla del pantalón y la metió dentro de la copa del sujetador, se empezó a pajear sintiendo el calor de la prenda en su polla.

Jesusa le imitó, se levantó la falda del vestido y puso el calzoncillo entre sus bragas y su coño, sintió un calorcito muy agradable y suspiró de gusto, empezó a sobarse.

Estuvieron un rato en ese menester, se miraban uno a otro y así se excitaban aún más, acabaron por correrse, Jesús llenó de lefa la copa del sujetador y Jesusa manchó el calzoncillo de su hijo con sus flujos.

Jesús le pasó el sujetador a su madre para que lo oliese, ésta aparte de hacerlo, pasó la lengua por el semen de su hijo, le encantaba su sabor. Jesusa le dio a su hijo el calzoncillo, Jesús se lo llevó a su nariz, como le gustaba el olor de su madre., se quedaron un rato descansando en el sofá con los ojos cerrados.

– Toma Jesús, mete esto en la lavadora que está hecho un asco.

– Si mamá, enseguida ¿te ha gustado?

– Todas tus guarrería me encantan.

Jesús se levantó y dejó la ropa en la lavadora, tenía que llamar a Javi para que su tía fuese a ver a su madre, mañana iba a ser un gran día, por lo menos eso esperaba, por fin iba a probar a la tía de Javi y estaba deseando.

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