La historia de Jesusa – Fin

Relatos maduras jesusa

A la mañana siguiente Jesús llamó a Javi.

– ¿Qué tal chaval, te follaste a tu tía?

– Si, ayer.

– ¿Y?

– Fue un poco desagradable, me sentía mal, no quería hacerle daño.

– No me seas moralista.

– No, es eso, de todas maneras hablamos por la tarde y la cosa se ha arreglado, parece otra, incluso fue a comprarse ropa.

– Mi madre quiere verla, ponla en antecedentes si quieres.

– Vale, ahora hablo con ella.

– Bueno, pues hasta la tarde.

– Vale, sobre las cinco estaremos allí.

Su tía estaba en la cocina, le iba a dejar a su sobrino comida para una temporada. Era verdad, se había comprado ropa nueva, adiós al luto, pensaba disfrutar de la vida. Hoy llevaba puesto una camisa de cuadros rojos algo ajustada, una falda larga y como estaba cocinando un delantal, se había dejado tres botones de la camisa abiertos, se veía el comienzo de sus tetas y algo del sujetador negro que llevaba, esperaba que a Javi le gustara.

Javi llegó a la cocina y se quedó mirando a su tia, el cambio de imagen le gustó, las faldas largas no le atraían demasiado, pero la camisa que llevaba le recordó una falda que había regalado a Jesusa y le encantó.

– Hola, tía estás muy guapa hoy.

– Gracias, te gusta la ropa que me he comprado, se giró para que la viese.

– Las faldas largas no me gustan, pero la camisa es preciosa y lo que esconde más.

Su tía se y ruborizó lo que encantó a Javi.

– Lo de la falda es por algo, quizás dentro de un rato lo descubras.

– Seguro tía, dijo Javi dándole un beso en la boca.

– Ven tía z tenemos que hablar.

Su tía apartó la cacerola del fuego y se acercó.

Se sentaron en una silla cada uno, en la cocina, él se puso enfrente y le puso ambas manos encima de las piernas, desde allí tenía una visión perfecta del nacimiento de sus tetas y vislumbraba el sujetador negro, tuvo que apartar la vista para seguir hablando, ya se las comería.

– Está tarde vamos a ir a tomar café a casa de Jesús, la madre de Jesús, te quiere conocer.

– ¿A mí, para que?

Javi se la quedó mirando.

– ¿Te acuestas con ella, es eso?

– Si tía, ¿Cómo lo has sabido?

– Suponiendo que debe tener mi edad y viendo cómo te gustamos las mujeres con unos ciertos años, ha sido fácil, sobre todo si tiene unos pechos como estos, dijo agarrándola con ambas manos.

– Los tiene tía, ya lo verás.

– ¿Y su hijo lo sabe, que dice,?

– ¡Su hijo!, Su hijo se la folla más que yo.

– Válgame dios, dijo su tía.

– ¿Y su marido, no me digas que también lo sabe?, Porque follarsela, supongo que se la folla rápido.

– Su marido fue quién nos invitó a ello.

Eugenia no dijo nada, solamente se persignó y al hacerlo sus dedos tocaron sus tetas, su sobrino no perdió ojo, ¡Cómo le gustaban esos pechos!

– Vale, dijo Eugenia ¿Y eso que tiene que ver conmigo?

– Bueno tía, como ves Jesús nos daba placer a todos y ahora está embarazada, habíamos pensado en ti como sustituta.

– ¿En mi, tan pura me veis?

– Jesús no es una putada, protestó Javi y tú tampoco lo serías, simplemente nos gusta follar y no hacemos mal a nadie.

– Si eso es verdad, contestó Eugenia que no pudo evitar excitarse al imaginarse follada por tres hombres, entre ellos su sobrino que cada día le gustaba más.

– Está bien, lo pensaré.

– Gracias tía, dijo Javi y le dió un beso en la mejilla, mirando de reojo esas tetas que tanto resaltaban con esa blusa.

Javi se levantó de la silla, agarró a su tía por la cintura y la levantó también, le quito el delantal y la empezó a morrear acariciándola el culo y atrayéndola hacia él, tenía una erección de caballo.

Eugenia sintió la polla de su sobrino pegada a su cuerpo y se sintió feliz, se apretó más contra el y le devolvió el beso, estaba deseando que se la follara.

Javi la cogió de la mano.

– Vamos tía a mi cuarto.

– Si, mi amor.

Se dirigieron a la habitación de Javi y se sentaron en la cama, uno al lado del otro, Javi quería hacer las cosas bien, no como el día anterior que la había tomado a la fuerza, se acercó y la besó en los labios, una de sus manos le apretó un pecho.

– Como me gustas tía, me encantan tus tetas.

– Ya lo he notado, no paras de sobarmelas y a mí me encanta que lo hagas.

Javi la tumbó en la cama y la desabrochó la camisa, aparecieron esos pechos debajo del sujetador negro, Javi no sabía qué hacer si qutarle el sujetador o dejárselo puesto, decidió dejarle una teta dentro y sacarle la otra.

Le empezó a chupar la teta que había sacado, se esmeró sobre todo en el pezón, ¡Qué tetas más dulces tenía su tía! Y la otra teta la acarició con su mano por dentro del sujetador, le ponía sentir por un lado la carne de su tía y por el otro el tejido del sujetador.

Su tía se retorcía de placer.

Javi dejó sus tetas y empezó a subirle la falda, vio su coño, su tía iba sin bragas.

– ¿Y esto tía?

– Ya te dije que me había puesto falda larga por algo, tengo todas las bragas sucias y para un día no me iba a poner a lavar.

– Me encanta que vayas sin bragas, que perversa te has vuelto vas a encajar a la perfección en el grupo.

Empezó a lamerle el coño, sentía sus flujos en su lengua, pero no quería hacerla disfrutar así, quería follarsela, que sintiera su polla dentro y hacerlo despacio para que disfrutara.

Se bajó el pantalón y el calzoncillo y le metió la polla a su tía, hasta el fondo.

– dios, Javi, como me gusta.

– A mí también tía, que caliente eres, cuánto tiempo desperdiciado.

– Ahora vamos a resarcir nos, sobrino, ¡¡¡venga muévete, follame, que ganas tengo de tu polla!!!

Empezó a bombear, despacio, despacio, tenía que durar, su tía suspiraba, se relamía.

– Así, Javi, así me matas de gusto.

Javi al oírla no pudo más, se apretó contra ella, su polla hasta el fondo y se corrió dentro de ella no quería que se desperdiciarla ni una gota de su semen, si se tenía que quedar embarazada que se quedará, le daba igual.

Javi sacó la polla del coño de su tía, la besó y se tumbó a su lado. Su tía permanecía quieta con los ojos cerrados. El día había comenzado bien.

 

 

Jesús y Jesús habían terminado de comer, habían visto un poco la tele y estaban ya esperando a Javi y Eugenia.

– Me voy a arreglar, dijo Jesús.

– Muy bien mamá, dijo Jesús expectante a ver qué ropa se ponía.

Al rato apareció con una falda gris que le había regalado Javi, el cantón tenía buen gusto para la ropa femenina, sobre todo para las faldas que le encantaban, está tenía una raja lateral que llegaba hasta la mitad del muslo.

-¿Qué tal estoy, Jesús?.

– Preciosa como siempre, mamá, pero la camisa te está muy estrecha, tienes que comprarte ropa nueva.

– Si hijo, pero es que me da miedo comprarme ropa de la embarazada por si ya no te gusto.

– No digas tonterías, mamá, tú estás buena vestida de cualquier manera, fíjate, como más me gustas es con la bata esa que te pones casi todos los días para estar por casa, cuando la veo por ahí tirada a veces me saco la polla y me hago una paja pensando en las cosas que hemos hecho con ella puesta.

– No, si ya me he dado cuenta.

– Además es muy cómoda, dijo Jesús, te desabrochó un par de botones y ya tengo tus tetas en mi mano.

– Bueno, pues procuraré comprarme algo parecido.

Se volvió a fijar en la falda y recordó un suceso se escabroso que pasó con ella. Era invierno, estaban su padre, su madre y él en el sofá viendo la televisión, tenían una manta echada por encima de las piernas, estaban todos muy juntitos, por el frío y porque les gustaba pegarse a su madre.

Su  padre con todo el descaro le había pasado la mano por detrás de lacabeza y le acariciaba el pecho, el se puso caliente, puso la mano sobre la pierna de su madre, se acordó de la raja de la falda que llevaba puesta y llevó su mano hasta sus bragas, la metió por debajo y empezó a acariciarle el chochito, su madre empezó a suspirar.

De pronto sintió la mano de su madre sobre su polla yacariciandole por encima del pantalón, le abrió la cremallera y buscó por debajo del calzoncillo, la agarró y empezó a menearsela, pensar que estaba allí su padre y se la estaba meneando le volvió loco, se corrió enseguida, se limpió con la manta, dirigió una mirada de triunfo a su padre y vio que estaba haciendo lo mismo. Su madre les había pajeado a los dos.

– ¿En qué piensas Jesús?

– Nada, en el día que nos hiciste una paja a papá y a mí con esa falda puesta.

– Bah, no tiene importancia, dijo su madre, tengo dos manos.

– Y una boca, mamá y una boca.

Ambos se rieron.

En ese momento sonó el timbre, eran Javi y Eugenia. Jesús casi no la reconoció de lo cambiada que estaba, llevaba una falda a medio muslo de cuadros y una camisa conmun botón en el cuello y un agujero debajo que dejaba ver el canalillo de sus tetas, estaba preciosa.

Se hicieron las presentaciones, Jesús y Javi no pudieron evitar mirarse con una sonrisa cuando su madre y su tía al darse los dos besos de rigor chocaron sus tetas.

– Bueno, nosotros nos vamos, dijo Jesús, vosotras tendréis que hablar de muchas cosas.

,- De acuerdo, dijo Jesús, adiós.

Jesúsa y Eugenia de sentaron cada una en un sillón.

– Supongo que Javi te habrá contado lo que pasa en esta extraña familia.

– Si, con pelos y señales.

– ¿Y qué piensas?

– Antes me hubiese echado las manos a la cabeza, ahora lo veo casi hasta normal, sois mayorcitos y mientras que no molestéis a nadie, pues adelante. Lo que pasa es que me has puesto el listón muy alto.

– Con ese cuerpo no tendrás problemas, sobre todo con esos pechos, a mi Jesús y a su padre les van a volver loco.

– ¿Por cierto donde está tu marido, Miguel se llama, no?

– Si, está de viaje, vuelve la semana que viene.

– Vaya no podré verle.

– Tranquila, ya iremos a verte, Eugenia.

– ¿Qué tal te va con el embarazo?

– Bien, pero todavía no me he comprado ropa nueva y está me aprieta mucho, sobre todo en el pecho.

– Ya lo veo, dijo Eugenia, viendo la camisa a punto de estallar. Si estás más cómoda te la puedes quitar.

– ¿De verdad, no te importa?

– Para nada, estoy acostumbrada a ver tetas, yo también tengo dos.

– Y bastante bonitas por cierto dijo Jesúsa que ya se había quitado la camisa y tenía sus tetas colgando.

– ¿Cómo lo sabes?

– He visto el vídeo.

– No son tan grandes como las tuyas, pero no están mal.

Eugenia adelantó su brazo y tocó una teta de Jesúsa, estaba dura, al contacto con su mano se la enderezó el pezón.

– Mira como las tengo por el embarazo, duras y supersensibles.

– Ya lo veo, ya.

– Bueno. Voy a preparar el café.

Jesúsa se levantó y se dirigió a la cocina, Eugenia fue detrás de ella y se quedó en la puerta, vio como Jesúsa manipulaba la cafetera y la ponía en el fuego, verla cocinando sin sujetador la estaba calentando, a ella nunca le habían gustado las mujeres, pero estaba muy escotada.

Se acercó a Jesúsa y la besó en el cuello. Agarrándola una teta, mientras ella oprimía las suyas contra su espalda.

Jesúsa dió un respingo, no se lo esperaba, ella tampoco había estado nunca con una umet, pero no iba a hacerle ascos.

– Vaya, Eugenia, que sorpresa.

– Estás tetas me han puesto a cien, dijo magreandoselas .

Jesúsa le desabrochó el botón del cuello y metió a su vez su mano por el escote de Eugenia.

– Las tuyas a mí también y tus piernas, dijo acariciándola por debajo de la falda.

Eugenia subió la falda de Jesúsa y le bajó las bragas, la sentó en una silla y metió la cabeza entre sus muslos, empezando a chuparle el coño. Jesúsa con una mano la apretó la cabeza contra su raja y con la otra se empezó a sonar las tetas para darse más placer.

– Sigue, Eugenia chúpame todo.

Eugenia estaba a punto de ahogarse, pero seguía chupando, le gustaba el sabor de ese coño, cuando Jesúsa se corrió empezó a toser y sacó la cabeza de entre sus piernas.

Jesúsa se levantó, le quitó la blusa y el sujetador a Eugenia y empezó a chuparle las tetas, primero una y luego la otra, deteniéndose sobre todo en sus pezones.

Eugenia se levantó la falda y empezó bs acariciarse por encima de las bragas. ¡Qué gusto!

Jesúsa dejó sus tetas, la cogió por la cintura y la sentó en la mesa, metió las manos por debajo de su falda y le quitó las bragas.

– Ahora vuelvo, le dijo.

Eugenia estaba desesperada, quería correrse y no sabía si podría esperar. Jesúsa apareció con algo en la mano, era un consolador eléctrico, se lo había comprado cuando su matrimonio iba mal y le había dado muchas satisfacciones.

Lo puso en marcha y se lo pasó a Eugenia por las tetas, ésta sintió un escalofrío con el roce metálico del aparato y a la vez un gran placer.

– ¡¡¡ En el coño, metemelo en el coño!!!!

Jesúsa dirigió el consolador hacia el coño de su amiga y empezó a jugar con él en su puerta, cuando Eugenia ya no podía más se lo metió hasta dentro y empezó a moverlo, la corrida fue monumental, se quedó tirada encima de la mesa.

Cuando acabaron fueron a ducharse.

Javi y Jesús regresaron, entraron en casa y vieron a su tía y su madre alrededor de la. Mesa, las tazas estaban vacías, se habían cambiado de ropa, Jesusa llevaba su bata de estar por casa y Eugenia se había puesto un albornoz que era de Jesusa.

– Tu madre y yo hemos tenido una conversación muy íntima, dijo Eugenia.

–  Ya lo veo, dijo Jesús, os habéis tenido que cambiar hasta de ropa.ya, lo veo, dijo Jesúss os habéis tenido que cambiar hasta de ropa.

Javi, mientras tanto se mantenía al margen, miraba a Jesusa, recordaba cuando se la folló por primera vez con esa bata.

– Bien aquí, Jesús, el otro día te debi parecer una borde.

– No, simplemente un poco tímida, Eugenia.

Jesús se acercó a Eugenia y la miró desde arriba, el albornoz no estaba bien cerrado y dejaba ver el nacimiento de sus pechos, se los quería comer.

Eugenia se levantó y se dirigió hacia él.

– ¿Que miras, te gustan mis tetas?

– Me encantan.

– Ya me ha dicho tu madre lo que te gustan los pechos, dijo Eugenia tirando de cinturón del albornoz.y mostrando su cuerpo desnudo.

Javi cogió de la mano a Jesusa.

– Vámonos aquí estorbando.

Se fueron por el pasillo hacia el dormitorio de Jesusa, Javi iba detrás de ella mirándola el culo.

Llegaron a si dormitorio y se pararon delante de la cama, Javi, siempre detrás la agarró por las tetas, como le ponía esa bata.

– Vamos, Jesusa, arrodillate.

Ella se arrodilló, Javi la empujó hacia la cama y le subió la parte trasera de la bata, le bajó las brasas, apareció delante de él suculobgirfoby su coño.

Se bajó los pantalones y los calzoncillos, dirigió su polla hacia su coño  pero no, quería follarsela ese culo, le metió primero un dedo.

– Javi ¿Qué haces?, Por ahí no, por favor, dijo Jesusa.

Pero Javi estaba fuera de si, dirigió su polla hacia el ano de Jesusa y empujó, le costó, era muy estrecho, Jesusa se retorcía de dolor, él siguió empujando hasta meter media polla y empezó a bombear.

– No, Javi, por favor.

– Si, Jesusa, si, por el culo, me has estado provocando desde niño y ahora no tengo control.

Se corrió en su culo, su esperma le salía por el ano, se subió el calzoncillo y el pantalón y salió del dormitorio.

Jesusa quedó de rodillas, encima de la cama sollozando.

Javi fue hacia el salón a ver si su tía y Jesús habían terminado.

Entretanto, Jesús había abierto el albornoz de Eugenia y le había empezado a sonar las tetas, pero no, le faltaba algo, le quitó el albornoz completamente.

– Ponte la falda.

¿Y eso?

– Tu pontela.

Eugenia cogió la falda que estaba encima de una silla y se la puso.

– Ahora sí, dijo Jesús.

– Mira que eres raro.

Jesus se desnudó, se acercó a Eugenia y la agarró fuerte de culo, sintió el roce de la tela de la falda en su polla que se puso tiesa de inmediato, empezó a restregarse contra ella hasta que se corrió, dejando la falda llena de su semen, se separó de Eugenia y la miró.

– Y ahora te voy a follar.

Se acercó y empezó a comerle las tetas, la empujó hacia el sofá que había sido testigo de tantos encuentros amorosos con su madre y se tumbó encima, le agarró la falda y se la subió hasta dejar su coño a la vista, le acercó su polla y se la clavó hasta dentro, mientras hundía su cara en las tetas. Se corrió enseguida, había deseado mucho follarse a Eugenia y no pudo aguantar mucho, Eugenia tuvo que acabarse ella misma.

– Lo siento, dijo Jesús.

– No pasa nada, otro día estará mejor.

En ese momento apareció Javi, estaba raro.

– ¿Que te pasa? Le dijo Eugenia.

– Nada, vístete que nos vamos.

– Pero mira como tengo la falda toda manchada.

– Da igual, nadie te va a ver de aquí al coche. Ponte la blusa.

Eugenia se vistió en silencio y salieron.

Jesús fue a la habitación de su madre, la vio llorando.

– ¿Que te pasa?

– Javi, que me ha dado por culo.

– Que pedazo de cabron.

Iba a salir detrás de él, pero su madre le retuvo.

– Déjale, a partir de ahora solo estaremos tu, tu padre y yo, no más desconocidos.

– Si mamá, si, le dijo Jesús dándole un beso en la mejilla.

 

 

 

– ¿Quieres que me vaya contigo al pueblo? Le preguntó Javi a Eugenia.

– ¿Tu y yo solos, a vivir allí?

– Si, tu y yo solos.

– Lo estoy deseando, mi amor, dijo Eugenia, dándole un beso en la boca.

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