LA JOVENCITA

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Anselmo, un maduro de 60 años, estaba podando unas rosas en el jardín cuando llegó a su lado una Jovencita vendiendo unas rifas para un viaje de fin de curso.
-¿Me compra una rifa, señor Anselmo?
Anselmo, que era un maduro de los salidos, al ver a la Jovencita con sus coletitas, su blusa blanca, su minifalda marrón, y sus zapatillas de deporte, blancas, le dijo:
-Si me enseñas las bragas te compro diez rifas.
-Aquí me podrían ver, señor Anselmo. ¿Vamos a su casa?
-Vamos.
En casa, la Jovencita, se quitó la minifalda y le enseñó sus bragas de color rosa.
A Anselmo se le caía la baba
-Unas bragas bonitas… Enséñame la tetas y te compro veinte rifas más.
La Jovencita le enseñó las tetas. A Anselmo se le levantó Anselmito.
-Enséñame el chochito y te compro treinta rifas más.
A la Jovencita le empezó a picar y se aprovechó de la situación
-Cómmpreme el talonario y le dejo que me chupe las tetas y me coma el chochito.
-¿Cuánto es?
-100 euros.
Anselmo fue a su habitación, volvió y le dio los 100 euros.
Anselmo se quitó la polla, empalmada, La Jovencita se quitó las bragas.
Anselmo le comió las tetas bien comidas. Lamió su chochito empapado, la Jovencita, al sentir la lengua de Anselmo lamer su chochito y su clítoris, se corrió en su boca. Anselmo, cuando la Jovencita se acabó de correr, empalmado, le preguntó:
-¿Vamos para mi habitación?
-Eso le costará dos talonarios más.
-¡¿200 euros?! ¡¿Pero qué se rifa?!
-Mi coño.
La jovencita fue con Anselmo a la habitación. Se echó en la cama, y le dijo:
-Sólo le dejo meter la puntita para que pruebe la mercancía.
Anselmo le metió la puntita… que entró justita.
A la jovencita comenzó a gustarle.
-Bueno, saque y meta un poquitó más…
Anselmo hacía lo que le decía.
-Saque y meta un poquitín más.
Anselmo se seguia comportando.
Saque y meta, pero hasta ahí, de ahí no pase.
Anselmo la folló como le le decía.
La jovencita se puso caliente como una loba
-Saque, y… ¡Hasta los huevos, Anselmo!
Anselmo la folló hasta que La Jovencita le dijo:
-Me voy a correr. Si se corre dentro de mí son cinco talonarios.
La Jovencita empezó a bañar la polla de Anselmo con su jugo, la apretó con su vagina y exclamó:
-¡¡¡Me coooooooooorro¡¡¡¡
Anselmo, al día siguiente tuvo que comprarle cinco talonarios, eso sí, le toco el premio que se rifaba, un jamón, bueno, un jamón y una jamona.
Quique.

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