La venganza de mi chica

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Hace aproximadamente 2 semansas la mujer de mis sueños, la dueña de mi corazón, se vengó de mí, es verdad, yo me merezco eso y mucho más, pero jamás pensé que podía recibir ese tipo de castigos de Ella, y mucho mas pensando que yo soy la Dominante.

Hasta donde yo sabía, toda mi vida transcurría de forma normal, el parón navideño en mi trabajo me permitió ponerme al día con mis relatos, y pasar mucho tiempo con Ella, no soy muy apegada a mi familia, así que como ya es tradición, paso las navidades con la suya, en un bello pueblo costeño de Venezuela.

La verdad, solo cuando mi madre estaba viva, recordaba momentos tan felices en familia, los padres de Ella son personas únicas, hace años cuando los conocí, ver como Ella me presento como su novia, y con tanta naturalidad ellos me aceptaron y me dieron cariño, me dio una envidia hermosa.

Todo estaba siendo perfecto, la verdad estar juntas en la playa, abrazadas sin tapujos y disfrutando del sol es la forma ideal de pasar el tiempo, por mi cabeza no pasaba ninguna otra cosa que no fuera Ella, y darle todo el cariño que podía.

Esos días, a pesar de todo, no había mucho sexo, pasábamos el día en la playa, juntas dándonos mucho cariño y en la noche solo dormíamos juntas bien abrazadas, acariciando cada centímetro de nuestros cuerpos, eso es sencillamente, sublime.

Era el jueves dos de enero, habíamos pasado el año entre besos y abrazos y ese día su familia había ido a otro pueblo a visitar a unos amigos, así que nos quedamos completamente sola por primera vez desde que estábamos en su casa.

Desayunamos temprano porque pensábamos ir a nadar un rato, nunca he sido buena cocinando, pero se me da bien lavar los platos, me concentre en dejarlos lo más limpios posible y por un momento Ella se fue de la cocina.

Cuando regreso, se puso detrás de mí, agarrándome de mis caderas, Ella hacia un movimiento como de música suave, mientras besaba mi cuello y empezó a acariciarme, su mano subía poco a poco hasta mis pechos, y yo me dejaba hacer.

Estaba tan feliz que no estaba pensando en roles, o cualquier dramatismo tonto del BDSM, éramos solo una pareja mas, disfrutando de nuestras ganas, su mano se metió por debajo de mi traje de baño, y empezó a apretar dulcemente mis pezones.

Sentía un corrientazo con cada pellizco, siempre he tenido unos senos muy sensibles, y a pesar de ser pequeños al igual que mi aureola, mis pezones cuando se erizan no pueden ocultarse, y cada roce me produce un arcoíris de placeres.

Ella metió su otra mano en mi falda playera y movió mi traje de baño para frotar mi clítoris al ritmo de sus besos en mi cuello y sus pellizcos en mis pezones, yo me sentía completamente en la gloria, disfrutaba cada oleada de placer y mis piernas empezaron a flaquear por el inminente orgasmo.

Ella aprovecho ese momento de debilidad y se separo de mi cuerpo, antes de que siquiera pensara en voltearme, tapo mis ojos con un pañuelo y para mi sorpresa, me puso unas esposas que ni siquiera sabía que Ella tenía.

Cuando pude centrar mis pensamientos por todo ese placer tan arrollador que me había hecho sentir estaba tendida en la cama, desnuda, vendada y esposada, hacía años que no me sentía tan vulnerable y no voy a mentir, mi primera impresión fue de terror.

No es que no le tuviera confianza a Ella, pero fue el instinto primitivo y primario del querer estar libre, intente luchar, pero sabía que era imposible y solo iba a lastimarme a mí misma, así que decidí hacer lo más simple pero efectivo hablarle, para saber sus intenciones.

-Mi bella, muy graciosa, ¿sabes que te estás ganando un buen castigo con esto no? Su respuesta estremeció cada parte de mi ser, como nunca antes había sentido algo igual. –¿Yo ganarme un castigo? La que esta vendada eres tú, y harás todo lo que yo te diga, que la que va a pagar castigo por lastimarme eres tú.

Sin dejarme tiempo para responder, quito la venda de mis ojos y me amordazo tan fuerte que casi podía sentir el sabor de la sangre, pero no me queje, sabía que cualquier intento de pelea sería peor, intente que mi mirada mostrara calma, pero era inútil, incluso estaba temblando.

Pero ya no era por miedo, casi había olvidado el sentimiento más importante dentro del BDSM, la expectación, no saber que te van hacer, sentirte vulnerable y saber que lo que viene va a probar todo tus limites, hasta casi romperlos.

Ella no tenía experiencia como dominante, pero sus casi 7 años como mi sumisa me daban una idea de cuanto podía saber, además, nuestra relación era completa, fuera del BDSM éramos amantes y Ella conocía cada parte de mi cuerpo que podía llevarme al dolor más crudo, o al placer más fuerte.

Puso sobre la cama un bolso de mano, y de el saco un grupo de cosas que me impresionaron, lo primero fue un grupo de pinzas de goma, solo verlas hicieron que mis pezones vibraran y trague grueso.

Luego saco una fusta, un acostumbrador anal, un par de cuerdas blancas y una especie de vibrador, pequeño pero muy grueso y con muchas protuberancias, jamás había visto uno de esa forma, pero siempre he sido una mujer muy estrecha, así que no pude sino estremecerme de imaginar el dolor que me causaría ser penetrada por algo así.

Puso una almohada en mis glúteos y abrió mis piernas amarrándolas cada una por separado en las esquinas de la cama, estaba completamente expuesta a ella, para mi sorpresa mi sexo vibrante, caliente, sentía la humedad empezando a brotar de mi entrepierna, solo imaginando que me iba a hacer, sea castigo o no, sabía que de alguna manera u otra lo disfrutaría.

Pensé que su primer movimiento seria azotarme los glúteos con la fusta, o con su propia mano, pero me sorprendió completamente y eso me hacia llenarme de mas intriga por saber cuáles eran sus intenciones, entro al baño y esos momentos en que no la veía sencillamente fueron fatales.

Por mi cabeza pasaban miles y miles de imágenes, algunas placenteras, otras de mucho dolor, pero por mi columna vertebral podía sentir el frio del miedo más primitivo, los dedos de mis pies y manos casi entumecidos por el frio de los nervios, y mi garganta súper seca.

Cuando Ella salió, solo pude expandir mis ojos lo mas que pude, estaba increíble, se había puesto un cachetero negro de encaje y tirantes, medias pantis, arriba solo llevaba mi fusta colgando de su brazo cual cartera, la imagen era maravillosamente morbosa.

Se acerco a mí, y antes de poder digerir esa vista, me dijo. –Tu castigaste mi corazón, aunque pienses que nunca me entere de nada, siempre lo supe, ahora yo pagare ese castigo con tu cuerpo, y créeme, no voy a ser benévola.

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