Las gitanas y las mendigas

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Gitanas con pañuelo y para casa

¿Os acordáis de las gitanas madre e hija que follé, y que quedaron maravilladas por no haber
tenido nunca sexo con lamidas, chupadas y culeadas?. Pues bien ahora son dos gitanas de la calle, morenas, una con su pañuelo en su cabeza, la otra de tetas caídas y grandes. Las conocí, las invité a mi casa y allí, las saboreé.

Luego dos mendigas que las vestí, como si fueran a darse un baño a la piscina, una con bikini negro, la otra con bañador negro. Cada una para resaltar sus figuras. Así que tuve, para mí solo cuatro cuatro coños y ocho tetas. Follando con dos mendigas y dos gitanas, en mi casa de solterón. Hice todo y más. Porque cuatro coños dan para mucho.

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Les puse un bikini negro

Las tuve a las cuatro para mí solo, lo que hice fue muy sencillo, las desnudé a todas, sin excepción. Ellas permanecían impávidas, atónitas, estupefactas, ante todo aquello. Las había recogido a todas de la calle, les había dado ducha, agua y comida. Y les había dado el calor de un hogar por unas horas. Más tarde ante mi fetichismo erótico de verlas con bañadores, a dos de ellas, se los puse. Las miré, me bajé la bragueta, saqué mi polla, y me masturbé sin más. Me excitó tanto verlas sumisas y sometidas a mí, que lo seguí haciendo. Una de ellas me miraba la polla sin cesar. Mi nabo crecía al verlas delante y sin mediar palabra. Me calentaba el hecho de haberles dado comida e higiene, y de verlas agradecidas. Mi polla endurecía con mi masturbación y con su presencia.

Entonces mi pensamiento se fue para otro sitio, antes de correrme: quise ver sus culos desnudos y ponerlos enfrente de mí. Así lo hice. Fue lo más excitante que he hecho nunca, ver aquellos cuatro anos juntos, antes eran cuatro culos sucios y malolientes, ahora eran cuatro ojetes listos para follar, limpios, suaves y hasta mojados. Ya que, a pesar de la situación, y a pesar de que ellas estaban allí por conveniencia, también las noté y vi mojadas, su secreción vaginal de jugos sexuales era evidente, brillaban y no era por el champú suave de Aloe Vera que les dejé. Pasé mi polla por todos los ojetes, rozando el capullo por sus entradas anales calientes, por lo general eran ojetes peludos como a mí me gustan; de labios vaginales carnosos, porque al ponerlas de espaldas y empinadas, les sobresalían para más excitación al verlos. Pasé mi nabo por los cuatro orificios pero solo pude dar gusto a dos de ellos, a los dos más negros y peludos. Fueron los ojales de la gloria que más cachondo me pusieron. En uno me medio corrí dentro, la saqué rápido y en el otro terminé y descargué;  concretamente, en las nalgas que rodeaban el ojo de las mil arrugas. Quería regar puntualmente esas dos rajas y culos oscuros, eran mi fetiche y obsesión. Cuando todo hubo terminado, les dejé que se ducharan de nuevo, a las cuatro; les di de merendar Colacao con magdalenas, ropa limpia, algo de dinero para pasar unos días, y como nuevas se fueron. Me lo agradecieron. Pero yo más. Fue inolvidable.

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