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No me pude resistir a mi alumnito: una profesora

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Profesora de secundaria en paro, de las maduras de verdad, pero no pude resistirme al paquete que tenía mi alumno que iba a su casa, al final tuve que abrirme entera para él, para ese jovencito que tenía lo que necesitaba, fui perra de un niñato por decisión propia, no puede resistirme.
Así me vi yo, en su casa, abriéndome para él y chupando, como en el minuto 1 ya fui suya, menuda polla tenía, donde me veréis cómo me quito las bragas, y me abro para su alumnito

Hace unos años daba clases particulares a chicos de la secundaria. Los preparaba en lengua inglès , porque soy profesora de esa materia y cuando no tengo trabajo, recurro a las clases particulares.

Me acuerdo que eran varios los pendejos que me gustaban… el más grande de ellos tendría 17 o 18 años y yo 40. Igual nunca les insinuaba nada. Me aguantaba las ganas y cuando terminaba la clase me tiraba en la cama y con un osito o una almohada me tocaba un rato pensando en alguno de ellos, y me follaba el osito.

El primer alumno con el que pasó algo, tenía 14 justamente. Era un chico de mediana estatura, algo robusto y de peinado desprolijo. La mirada era tímida, pero ardía en deseo reprimido cuando venía a mis clases. Más de una vez me levantaba a buscar algo, y en cuanto salía de la habitación, sabía que se estaba tocando. Varias veces, también, mientras él completaba ejercicios que le hacía, yo me ponía a leer, justo en frente suyo, y cada tanto lo miraba de reojo y veía como posaba su mirada en mis tetas. En seguida corría la vista… y yo pensaba en lo que se estaría imaginando hacer conmigo… “¡Que lindo…! Un chico tan joven, pensando en cosas tan sucias… ¡y conmigo! ¡qué excitante!”. Y se le veía un buen paquete.

Pensaba en qué cara pondría si me arrodillaba frente a él y se la chupaba por arriba del pantalón… “¡¿Cómo?! ¡Ah!… Si, Fede, a ver…”.- Me despertó de la ensoñación de mujeres maduras con una pregunta. Me sentí algo avergonzada por un momento, creía que se podía dar cuenta. Pero me levanté como si nada y me puse a su lado, reclinándome un poco para ver su hoja. Casi como un impulso, como una más de mujeres maduras que soy,  le apoyé una mano en el hombro y sin prestar mucha atención a lo que me decía (y creo que él tampoco a sus propias palabras) vi de reojo como me miraba las tetas, que los tenía en ese momento a pocos centímetros de la cara: “Disculpá, Fede… repetime la pregunta”. Me la repitió y esta vez sí pude respondérsela. Me acerqué la silla para sentarme a su lado, y le expliqué mejor lo que debía hacer.

Volvió a su trabajo, y yo me recliné, como si fuera a continuar mi lectura, pero en realidad le eché un vistazo a su pantalón: ¡más grande imposible!. ese paquete parecía salir, cómo tendría la polla, pensaba, aunque yo misma me avergonzaba.

A propósito, me desabroché dos botones de mi camisa. Ya debía estar con los pezones parados, eso lo iba a volver loco. Me puse de pie y me paseé por la sala, haciendo que leía mi libro y no le prestaba atención a mi alumno; pero en realidad tenía toda mi mente puesta en él.

No lo veía directamente, pero sentía su mirada clavada, recorriéndome el cuerpo. Seguro ya había visto mis pezones, y… “¡Siii, Fede, eso es lo que quería…!” Vi como bajó lentamente una de sus manos, y se empezó a apretujar compulsivamente el bulto “Se está tocando despacio. ¡Qué calor!”… Empezaba a pensar en qué decirle, y no me decidía: “Fede, no les digas a tus papás, pero…”… No, no, muy formal, mejor otra cosa: “Quieres probar de mis tetas”… No, no daba así, muy actuado, capaz que… ¡Y Fede se levantó de repente y me pidió ir al baño!. ¡No lo podía dejar ir! ¡Se iba a masturbar y me iba a dejar caliente!. yo ya estaba caliente perdida, quería yo pajearle a él, todo ese nabo gordo seguro tenía.

No le contesté. Dejé mi libro en un estante, me arrodillé y caminé en cuatro patas hasta quedar de frente a mi alumnito. Él me miraba sorprendido, asustado casi. Estaba algo pálido y me pareció sentirlo temblar. Como ya lo había pensado, le empecé a pasar la lengua por el pantalón, y lo miré a los ojos: así que era ésa la cara que pondría… Me había sacado una curiosidad bastante grande: pálido, con los ojos grandes, la boca abierta, haciendo unos movimientos raros con las cejas.

“¿Todavía quieres ir al baño… o te puedo ayudar yo?”. a ver dime. No me contestó, y se sacó la camisa: tenía un lindo cuerpo, no tenía pelos en el pecho, pero estaban bien marcados. Seguro se ejercitaba bien. Le empecé a pasar las tetas, todavía vestidas, por su bulto… siempre con el pantalón puesto. Él me agarró los hombros y empezó a mover la pelvis con velocidad, friccionando su bulto contra mis tetas, como un perro en una pierna.Que pedazo de bulto tenía mi alumnito, solo deseaba verselo.

Me paré y se la apreté con fuerza, con una mirada amenazante, controladora, sobre él. Fede respiraba con fuerza y muy rápido. Cada tanto cerraba los párpados como aguantando algo muy fuerte. Le apoyé las tetas en su pecho y me sacó de un tirón la camisa y me corrió el corpiño, dejando los pezones al aire. Los pezones se me pusieron mas gordos que nunca, sería ese niñato imberbe que me puso mala, pensar en que me pusiera a cuatro patas.

Se quedó un rato mirándolos, y apoyó con inseguridad y torpeza una de sus manos. Me empezó a tocar muy despacio, pero en algún movimiento me dolió y se lo saqué de la mano. Lo agarré por los pelos, bruscamente, y le llevé la boca a un pezón: “¡No lo muerdas, eh!”.

Si podía usar la expresión “nene de pecho”, era el momento. La verdad que chupando el pezón se lucía bastante. Venga nene , chupa a mama, es el momento. mamoncito mio. Ahora sin más, tengo que correrme os dejaré un video de una colega mia, una profe mexicana, que como yo, es una cachonda, ella en vez de quedar la muy tonta para que se la metan, manda videos de su coñazo. La verdad tiene una buena concha, mirenla, a mi nunca me gustaron las mujeres, pero viendo su chocho empiezo a dudarlo…

Me bajé y le abrí el cierre del pantalón con los dientes (yo seguía agrandada, controlando la situación, y me daba el gusto de hacer ese tipo de cosas). Con la sola lengua le fui abriendo la bragueta hasta dar con el calzoncillo y estirarlo con los dientes: por fin asomó el miembro de pubertad de Fede. Tenía apenas algo de pelo, nunca había visto el pubis de un menor. Como quedó a medio salir, usé las manos para desabrochar y bajar el pantalón con el calzoncillo, de una. Me la puse en la boca y la saboreé un rato, apoyándole mi lengua en el frenillo, lo tenía fino y rosado. Él seguía haciendo ese parpadeo raro, como aguantando, y en ese momento me di cuenta qué estaba aguantando: empezó a eyacular…! Como lo que era un pequeño, leche muy blanca que me excitaba al máximo, mis pezones durisimos.Yo no hacía un solo movimiento, sólo lo miraba retorcer la mirada de placer y sentía como me iba llenando la boca. No me lo saqué hasta que terminó.

Sentía algo de enojo, pero me calmé pensando en que era un nene. Se la agarré con fuerza y se la exprimí, con la lengua y succionando, hasta que no le quedase una gota.

Lo miré y él me miró. Se mostró avergonzado y bajó la cabeza. Yo lo miré con desaprobación, como si me hubiera roto un plato o algo. Todavía seguía con el semen en la boca.

Me levanté, le agarré la mano y se lo escupí en ella: “Ahora sí, andá al baño y lavate bien…”, le dije con desinterés y secamente, como al pasar. Me hizo caso y salió de la habitación. Para cuando volvió me encontró vestida y como si nada hubiera pasado. Ya le había corregido el ejercicio y le mostré lo que había hecho mal.

Salió de mi casa con una sonrisa enorme. En las semanas que siguieron volvió un par de veces más con intenciones de hacerlo de nuevo… pero no me mostré interesada. Era tan solo un nene.

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