Más de mi yerno

Abuela y suegra caliente en busca de yerno

Abuelas calientes con yernos

El leve roce por detrás en mi culo, me hizo saber que él me atacaba, mi yerno caliente iba a por mí. Y a mí, eso me gustaba.
Pero sobre todo, lo que me sorprendió fue aquella porra parecía de hierro y mi marido nunca la tuvo tan dura.
Cuando menos lo esperaba él se pegó a mi espalda y asomándose de nuevo entre las dos ligeramente dijo… “Me alegro de que nos hayamos quedado a verlo. Esto es una maravilla” y en ese instante metió su mano por el costado de mi falda, recorrió todo mi muslo y amaso mi nalga a su antojo. Tiró de mi cachete un poco hacia afuera abriéndome más el trasero hasta que la punta de su polla presionaba ya directamente en mi culito.

Mi hija seguía haciendo comentarios pero yo ya no la oía y desde luego estaba que no me salía la voz del cuerpo.

Tenía que hacer algo así que disimuladamente lleve mi mano atrás para coger la suya y retirarla pero al notar mi mano él me la cogió y la apoyo sobre mi cadera colocando la suya sobre la mía para acariciarme.

¡Joder!, que tormento de hombre ¡por Dios!

Me estaba mareando. Sentía pulsaciones en mi culo y ya no sabía si eran mías o eran de su polla pero me estaban poniendo enferma. Él coño se me estaba poniendo resbaloso y notaba como los labios se deslizaban entre ellos al apretar mis piernas. La sensibilidad de mis pezones era tan grande que el más mínimo movimiento me hacía sentir el roce de mi blusa como una tortura.

Su mano era tan cálida… por un momento creo que cerré los ojos e imaginé lo que sería sentir aquella mano tibia recorriendo mi cuerpo. Sin poder evitarlo dejé que se recreara restregándose todo lo que quiso.

Estaba muy excitada y mi mente comenzaba a imaginar cosas.

Lo que daría por sentir aquella barra de carne caliente entrando en mi cuerpo. Estaba al borde del orgasmo pero … ¡se me iba a notar!.

Miré a mi hija de reojo. Estaba concentrada en los barcos.

Sí, joder, podría correrme sin hacer ruido. Como cuando ella era pequeña y dormía en la cuna.

Pero ahora su madre se iba correr con la polla de su yerno encajada entre las nalgas.

Apreté mis muslos y me concentre en las sensaciones que sentía en mi trasero. Creo que apreté un poco hacía atrás y él respondió clavándose aun más y haciéndome sentir las costuras de su pantalón.

Aspiré todo el aire que pude y aguanté la respiración apreté su mano y… uffff, sí, sííí, sííí…

Me corrroooo, me corroooo…. Ummmmffffffffffffffffff!!!

Ohh, ¡Dios mío!, que gusto otra vez. Sentía la brisa refrescar mi cara que estaba ardiendo por el sofoco.

No sé cómo conseguí contenerme pero mi hija parecía seguir sin enterarse de nada.

Relajé mi cuerpo y mi mente disfrutando del regusto tras el orgasmo hasta que viendo que ya no quedaban muchos barcos liberé mi mano de la suya y le di una palmadita.

Él debió entender que la fiesta había llegado a su fin porque se despegó de mí y dijo que tenía que ir al baño antes de salir de paseo. Seguro que se quito de en medio para que mi hija no viera como estaba o quizás se haría una paja rápida.

Durante la tarde-noche no volvió a ocurrir nada y aunque al acostarme estuve esperando escuchar alguna actividad en el salón, tampoco ocurrió nada. Me dormí recordando las caricias de mi yerno pero sin volver a masturbarme, imagino que por el sentimiento de culpa que me creaba aquella situación.

Al día siguiente tendría que hablar con mi yerno y poner fin a aquella extraña situación.

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