No sabía lo que escondía mi suegra 2

Relatos de suegras
Mi suegra caliente en su cama

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Vamos a continuar con el tema de mi suegra cachonda, que sin ser una continuación exacta a lo anterior, voy a recrearla en un marco que bien parecería una novela incipiente al estilo inglés, espero les guste, y sin más preámbulos allá va, mi suegra caliente de coño peludo:

El relato de mi suegra caliente y cachonda

Sin encontrar trabajo en mi ciudad, viaje al sur donde me coloqué a trabajar de obrero en una constructora. Mi sueldo era el mínimo y apenas me alcanzaba para pagar una pequeña pensión y subsistir.

Pasó el tiempo, conocí una muchacha tan pobre como yo y luego de un año, para ahorrar algo de dinero y formalizar nuestra relación, terminé viviendo con ella y su madre en una media aguas a las afueras de la ciudad. Por aquel entonces ya me gustaba mirar porno, sobre todo a maduras calientes, me enloquecía el porno gratis maduras, pero mujeres de verdad, era un salido completo.

La modesta casa apenas tenía dos cuarto y ni siquiera puertas en el interior, si no que cortinas que daban algo de privacidad. Por lo mismo, nuestra intimidad era mínima. Teníamos que follar cuando mi suegra no estaba o hacerlo de noche, pero en silencio, muy tranquilos, sin meter mucha bulla. Al principio todo iba bien, pero luego de un tiempo, esa falta de fogosidad en nuestras relaciones, nos fueron generando problemas.

Con mi suegra no tenía mayores problemas. Mujer trabajadora, 53 años, robusta, buenas tetas, tetas grandes y coño peludo, de rostro arrugado por tanto cigarro, alegre , pero con un carácter muy explosivo cuando peleaba, para nada atractiva, aunque tenía una tremendas tetas que siempre me llamaron la atención. Era una mujer muy liberal, nunca se casó, del padre de mi novia nunca se supo. Solo tenía un viejo camionero que aparecía cada uno o dos meses, le pegaba unas cachas a mi suegra y se quedaba a dormir en la casa. Fueron justamente estas visitas las que me hicieron ver a la madre de mi novia con otros ojos. A pesar de que ellos también fornicaban de manera silenciosa, claramente se escuchaban los sonidos de la vieja cama y uno que otro gemido que se les escapaba, dejándome prendido imaginándome a mi suegra culeando en el cuarto del lado.

Relatos de suegras cachondas
Mi suegra masturbándose mientras nos escucha follar

Esa vieja mujer, de tetas grandes y caídas, culo enorme y prominente barriga, poco a poco comenzó a ser víctima de mis morbosas miradas, imaginándomela follando. ¿Sería caliente? , por su forma de ser y su carácter se me imaginaba que si, franca para decir las cosas, seguramente en la cama exigía lo que le gustaba. Todo eso, aparte de que al estar viviendo con ella y la poca intimidad de la casa , muchas veces la vi cambiándose ropa o sentada en el baño, cosa que para ella era algo completamente natural, pero que a la larga fueron sembrando deseos miradas obscenas. De igual forma, ella también muchas veces me vio en la misma situación y tarde o temprano, por esa falta de intimidad y falta de sexo de ambos, que se comenzó a gestar un mutuo interés entre nosotros.

Indirectas y miradas con mi suegra necesitada

Bromas , indirectas , toqueteos casuales en la pequeña casa, que evidenciaban mi interés por ella y a la vez un cierto deseo de parte de ella hacia mi, hasta que un día en que nos encontrábamos solos, todo cambio.

Fue una tarde cualquiera, su hija se encontraba en su trabajo , ( trabajaba en un restaurant de la ciudad) , ambos solos , sentados en el viejo sofá vendo televisión. Ella usaba un delgado vestido, que de tantas lavadas , ya transparentaba toda su ropa interior. Me tenía caliente esa tarde mi suegra, se me iban solo los ojos a sus gruesas pernas y a ese generoso escote que mostraba sus abundantes tetas. La visión inevitablemente hizo que mi verga se parara y a diferencia de otras muchas veces , esta vez no la oculté, mostrando un generoso bulto a través de mis pantalones cortos.

Mi suegra, al poco rato se dio cuenta de mi erección y como no es para nada tímida , de inmediato hizo un comentario al respecto

– parece que te dio hambre, como tienes la polla, bien gorda.

– ¿Por qué lo dices?

– Como que porque lo digo, por eso mismo, yerno caliente y cachondo, menudo trabuco que tienes entre las piernas, tremenda carpa que levantaste

– Ahhh disculpa … (colocándome un cojín sobre e nabo gordo y caliente, pero sin darle mucha importancia)

– Algo me dice que voy a tener show sexy y porno a la noche contigo, nuero caliente

– No creo … tu hija está por ahí

– Tiene su carácter … o quizá algo que la hiciste, ¿la follas bien? a mi hija

– No .. yo nada … es un tema de cama nada más.

– Ja ja … ¿no estás funcionando? Lo que yo decía, no le metes ni miedo, ¿verdad, pichafloja?

– Yo .. no .. ja ja .. al contrario, entrego más de lo que recibo, le doy mortadela, con salami de la mancha, y con pan del gordo.

– Ufff, ¿seguro?, ya será menos, mi hija es mucha mujer.

– Pero es verdad suegritaa … yo ando caliente todo el día y la polla la tengo como un mono del zoo, más rojas que el punto de la bandera de Japón.

– Y la María no … ¿no te da todos los días?

– Si, pero quedo con hambre …

– ¿Por qué?

– Sabe suegra .. ¿le digo la verdad?… tengo unas ganas de pegarme un polvo, de meterla en caliente, en una hembra gorda y buena,  pero bueno, qué le voy hacer. Después de follar con ella siempre tengo que pajearme.

– Aunque el viejito, con el suegro, no creo que le dé abasto para la calentura de dos meses, le da polla la que usted merece suegra

-Casi nada, ni se le pone dura ni nada, y mi coño, aunque ya es mayor, pero pide guerra y polla dura.

 

-Será posible que me está calentado, suegra caliente y cachonda, me dan ganas de bajarle las bragas esas grandes usadas que tiene, ponerla de espalas y culearla como merece. Ser protagonista de una escena pornoxxx con mi suegra caliente, fea y gorda. Ya que el suegro no la folla a gusto.

Un largo silencio, pero en la mirada de mi suegra se vislumbraba un deseo prohibido, quizás ella al igual que yo estaba pensando que entre ambos podríamos dar solución a nuestro problema sexual.

– ¿Que tiene en mente suegrita?

– Nada .. algo

– ¿Como algo? No estará pensando lo que yo.

– Por último te digo que algo, y no preguntes, que pones cachonda a tu suegra anciana.

– Algo como que …

– Algo poco … si quieres … quizás

– Que tiene en mente suegrita, mire que me está interesando, ¿ve el bulto que aparece bajo los pantalones?. ¿Grande verdad?

– Ya, sí, te puedo ayudar.

– Mmmmm, ¿interesante y cómo

-Ayudar a menear ese trozo duro de carne que tienes, menuda polla debes tener, ¿verdad, cabrón?

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Mi suegra con ganas de polla

-¿Pero suegra?, estás muy caliente veo, ¿no?

Mi suegra, más caliente de lo que yo pensaba.

Ya agarrándome la polla gorda por sobre mi pantalón, veía la mirada ansiosa de mi suegra, atenta a mis movimientos, a la espera de que mi virilidad saliera de su envoltorio. No la hice esperar más y sacándomelo hacia un lado, saque toda mi venosa y dura estaca, dejándosela expuesta ante los ojos de mi suegra.

– Uff.. ¡Dios mío santo .. que tranca te gastas!

– ¿Te gusta?

– Que tonta pregunta … me sorprendiste …

– Mmm que bueno

– Ya .. veamos que puedo hacer para relajarte

– Ohhhh .. que rico.

Mi suegra caliente y zorra,  me la toma y me la comienza a jalar suavemente , bajando la piel hasta lo más abajo posible para luego volverla a subir reiteradamente, sin perder de vista lo que tenía en sus manos.

– Ufff.. que grande ….

– Mmm si le gusta es suya

– Ohhh mira nada más … qué suerte tiene mi hija …

– Cuando guste se la presto, se la doy, y se la meto, suegra zorra, que eres una zorra caliente.

– Qué barbaridad … ¡que verga había en la casa y yo a puras pajas!

– Porque Ud. quiere no mas suegra … yo encantado se la pongo

– Lo sientohija mía ,pero tengo que probarla

– Dese el gusto suegrita….

La cabeza de mi suegra se agachó y se la tragó por completo. Ahí me encontraba yo, sentado en el viejo sofá, con la cabeza de mi suegra entre mis pernas, engulléndose mi dura polla.

Mientras lo hacía, su enorme culo a mi lado, y si ella me estaba comiendo la verga ¿cómo no me dejará pegarle un buen agarrón? , asi que sin decir nada, descaradamente le empecé a sobar el culo, mientras ella se deleitaba con mi verga en su boca. Solo pensaba en joderla, en culearla, y ver cómo gemiría la muy puta de mi suegra necesitada.

Un buen rato y sus mamadas no cesaban. Me decía a cada rato, con ella aun en la boca, que hacía mucho tiempo que no se comía algo tan grande, que la tenía grande, que la tenía dura, que la tenía rica. No podía ni hablar la suegra, tanto comer, nunca había visto a una mujer tan desesperada.

Sin besarnos, ya que quizas por ahí estaríamos pecando (cosas extrañas que uno piensa, ya ves, relación de incesto a estas alturas, con mi suegra mamando polla), la levanté del sofá y nos comenzamos a desvestir. Su delgado vestido quedo tirado por ahí, dejándola en una ropa interior para nada sexy. Un calzón de vieja madura enorme y fea de color carne, y su brasier de otro color, también enorme para poder contener sus enormes chichotas. Rápidamente me fui contra ellas, sacándoselas por debajo, desparramándole las tetas a la vieja y de inmediato chupándoselas desesperadamente. Qué par de tetas tenía mi suegra, enormes, de pezones chicos y aureolas gigantes, todas oscuras y marrones, parecían galletas alpurrianas. Se las chupé con ganas, nada que ver con las pequeñas tetas que tenía mi novia, mientras ella se llevaba las manos hacia atrás y se desabrochaba esa prenda liberándolas de su prisión.

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Mi pervertida suegra chupando y metiendo dedo anal

Sin mucho preámbulo, le bajé de una esos enormes calzones de vieja, de vieja cachonda, de anciana degenerada y pervertida, y dejando a mi suegra completamente desnuda. Estaba gorda, quizás para muchos que no les gustan las maduras gordas, poco deseables, pero no me importaba. En ese momento era un tremendo mujerón con el que saciara mis deseos.

La di vuelta, la hice ponerse sobre el sofá, dándome la espalda. Le agarre el culo a mi antojo, separándole las blandas y enormes nalgas, metiéndole los dedos en su mojada concha,su coño negro y viejo, para luego apuntarle mi verga y enterrársela y sumergirla hasta lo más profundo de su ser.

Con suegras así, para qué quiero a la frígida de su hija

Mi suegra gemía como una puta zorra como nunca escuché a una hembra, aullaba de placer pidiéndome más y mas, “más adentro”… “mas adentro” es lo único que pedía y yo con mi mejor esfuerzo trataba de complacerla. Una y mil veces mi verga entro y salió de la mojada concha y panocha de mi suegra, follándola como un animal, saciando todas mis ganas acumuladas con ese gordo cuerpo senil pero apetitoso. Se la dejaba enterrada hasta el fondo y le amasaba las tetas fuertemente sacándome las ganas acumuladas de tanto tiempo de desearlas. No daba crédito a lo que en ese pequeño cuarto estaba sucediendo. Esa mujer madura, madre de mi novia, que se levantaba al amanecer todos los días para ir a trabajar en la feria, con sus manos duras, su carácter fuerte, ahí estaba doblegada a mis deseos, disfrutando de sentirse llena de verga como hacer rato no le daban.

Luego cambiamos de posición, yo me senté en el sillón y casi instantáneamente mi suegra se sentó sobre mí, con sus piernas a cada lado de m cuerpo, colocándome las tetas en la cara y bajando y subiendo enterrándose toda mi herramienta.

Nos teníamos ganas hace rato. Hace rato que nuestras conversaciones iban dirigidas al sexo y a un posible encuentro fantasioso. Toqueteos casuales que solo hacían presagiar lo que se venía. Con todo el peso de esa gruesa mujer encima, no podía ni moverme. Solo permanecí sentado, sintiendo la fuerza de esas grandes carnes chocando contra mi cuerpo, sin dejar de chuparle las tetas y manosearle su enorme culo una y otra vez.

Un nuevo cambio de posición y mi suegra con las piernas abiertas sobre el viejo sofá. Toda su pelambrera ahí, tenía más pelos que la cabeza de un mono, completamente expuesta ante su yerno. No dude ni un segundo y en tal posición, mi cabeza entre sus piernas, le lengüeteé toda su concha, todo su chocho blando , sacándole suspiros de placer, haciéndola estremecer, metiéndole la legua lo mas adentro que podía, incluso uno o dos dedos ayudándome a darle placer. La hice gozar como una perra en celo, casi al punto de hacerla acabar. Luego y después de follarla nuevamente, de espaldas en el viejo sofá, sus piernas abiertas y yo entre ellas, con grandes gemidos recibía mis bruscas embestidas gimiendo como si la estuviera asesinado. Olía a perra caliente como  nunca había olido a ninguna fémina ardiente.

Por una media hora al menos le di con todo a mi pobre y necesitada suegra, la que terminó confesándome que a veces se masturbaba escuchándonos a mí y a su hija follar en el otro cuarto. ¡Vaya con mi suegra!, pajeándose escuchándonos follar, a su hijita y mí, y que muchas veces se imaginó estar así conmigo. Al final terminamos en la misma posición, que al parecer era la más placentera para ella , yo sentado en el sofá y ella montada sobre mí, moviéndose rítmicamente de arriba abajo, hasta que anunció y gritó que se corría. Entre grandes gemidos mi suegra comenzó a acabar monstruosamente, golpeándome con sus tetas la cara y el pecho, gritando de placer al mismo tiempo que yo, ya sin poderme aguantar más, le llenaba su viejo coño de leche. Fue un orgasmo terrible y que duró varios minutos, incluso más tarde ella me confesó que habían sido dos seguidos.

Al final quedé enterrado en el sofá con todo el peso de mi suegra sobre mí, ambos completamente transpirados, con mi cara saturada de tetas y con falta de respiración.

Extasiados y cansados los dos de tanto follar

Nos vestimos y arreglamos el cuarto que había quedado todo desordenado y con hediondo aroma a sexo. Nos lavamos, echamos algo para el olor, riéndonos y luego conversamos ya más tranquilamente de lo mucho que lo habíamos disfrutado, de las ganas que ambos nos teníamos y haciendo una estrategia para poder disfrutar nuevamente, siempre y cuando no corriésemos ningún riesgo que su hija nos pillara.

Fueron meses de estar follando con ella cada vez que podíamos. Era una mujer insaciable, terriblemente caliente, siempre abierta a recibir mis caricias, siempre dispuesta a chupármela donde fuera. No pasó ni una semana y ya mi leche terminaba directamente en su boca, la que se tragaba como si fuera el más exquisito manjar, como si fuera leche Ato, la que se bebe en un rato. Una y otra vez sus tetas fueron deleite para mis labios y su culo ya no tenía ni un centímetro sin recorrer.

Su coño negro y oloroso se deleitó con mis chupadas y en más de una ocasión no aguantó las ganas de acabar ahí, y lo hizo, mojándomela con abundantes líquidos, cosa que a ella le fascinaba, la descolocaba y después, a pesar de haber acabado y estar satisfecha, igual se preocupaba por que yo disfrutara de una buena sesión, dejándome terminar en la pose o en el lugar que yo quisiera. Su coño era bien negro, peludo, apestaba a hembra caliente, infiel y viejita, pero cómo me gustaba su gemir y sollozos y escucharla decir: “Dame más polla, porque la necesito”. En el vídeo XXX con la suegra se ve cómo le gusta a la zorra meterse la polla en su negro coño, ¿por qué es tan viciosa? Me pregunto sin saberlo, por qué le va tanto el nabo descapullado, solo hay que ver su coño mojado.

Fue una de las mujeres más calientes que he conocido en toda mi vida. Me encantaba follar con ella, culeaba mucho mejor que su hija y que muchas de las que he conocido. Todo iba de maravillas, mi vida sexual era excelente, con una curvilínea mujer de 29 años a mi lado, y con una madura y ardiente amante dentro de la casa, satisfaciendo a las dos, aprovechando los turnos de mi novia para dar rienda suelta a nuestros más morbosos deseos, quedando bañados en traspiración y completamente satisfechos. Todo bien, hasta que una tarde, en que estábamos en su cuarto, mi suegra a cuatro patas y yo dándole con todo por el culo, la cortina del cuarto se abre y vemos el rostro desfigurado de mi novia.

Por lo tanto, ahí quedó el desastre, una lluvia de golpes, gritos, hasta entró a la cocina a buscar un cuchillo para filetearme. Tuve que salir corriendo de la casa casi en pelotas. Más tarde volví a ver si se habían apaciguados las aguas y nada, otro show caliente, y nuevamente me amenazó con matarme. Por lo que esa noche tuve que dormir en la casa de un colega. Al otro día volví, toda mi ropa había sido quemada en el patio de la casa, sabiendo que jamás me perdonarían, me fui con lo puesto y emprendí viaje a mi ciudad natal, sin siquiera poder despedirme de mi querida suegra.

Mi suegra, patria querida. Perdí a las dos, a la hija y a suegra, o sea, su madre. Ya lo dice el refrán: “si te follas a la madre y a la hija, hazlo bien, o las perderás a las dos”


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