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Puse de espaldas a mi tía

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Quería contar lo que me pasó con mi tía.
Mirando sitios por internet he visto éste bastante novedoso, quería dejar constancia de que no todas las tías son lejanas, la mía la tuve bien cerca, cerca de mi polla mejor dicho.
Y si otros pudieron escribir, ¿Por qué yo no? Así que decidí contar esta historia  y más que contaré. Lo que viene a mi mente ahora es que comencé mi vida sexual con prostitutas. Una de ellas muy especial, me tomó cariño y me enseño de todo. Decía: sois virgen de una chica normal, no como nosotras y no quiero que la lastimes o hagas daño.
En el secundario, 2º año, conocí una chica, nos hicimos novios y practiqué con ella lo que me enseñó. Después de muchas vueltas, caricias, la desvirgué sin dolor, ni sangre, le hice el culito, en fin lo más común con una chica. Al comenzar el 4º me dejó por un chico con un auto. En fin joderse.

Vivía con mis padres y la historia es lo que pasó con una hermana de mi mamá, la más joven. Esta tuvo un novio y después de unos meses se separaron. Ella quedó mal, durante un año y algo mas, no se le conoció relación alguna Era de 32 años, bien parecida, parecía de menos edad.
Pero un día me estaba bañando y ella entró al baño. Sorprendido le di la espalda. Rebuscó algo y luego la sentí a mi espalda, puso su brazo alrededor mio y tomó mi miembro con las manos. Me asombre
– Tía por favor…
– … No me contestó
Acarició mi polla hasta que tuve una fuerte erección
– Como has crecido – me dijo –Ya eres un hombre
Me dejó caliente y extrañado. Ya bañado y vestido salí del baño. Tenía todavía una fuerte erección que trataba de disimular. Ella estaba sentada en el sillón grande viendo tele.
– Vení, acompáñame a ver tele – me dijo
Me senté al lado de ella. Su escote me mostraba bastante de sus tetas, hermosas y duras.
– ¿Qué miras? – me dijo.
– Perdona tía
– No te perdono nada si no me acaricias.
Excitado puse mis manos en sus tetas sobre la ropa. Pero… Eso me recalentó. Metí las manos en el escote, tomé las tetas y las acaricié.
– ¿Qué haces?
– Te acaricio
– Eres un atrevido. Déjame.
¿Dejarla? ¡Ni loco! O me la cojo por las buenas o por las malas.
Pese a sus palabras y cierta resistencia, le desabroché el batón – tenía botones por delante – le agarré las tetas sacándolas del corpiño y comencé a chupárselas. Eran gordas, estaban calientes, y dejadas o caídas, pero apetecibles.
Ella pegó un grito.
– ¡Degenerado! Sal y déjame.  Estás todo duro con esa polla me vas a destrozar.
Ni loco. Le abrí el batón, haciéndole saltar algunos botones. Mi tía gritaba, se quería levantar, pero la tenía agarrada de la cintura y empecé a acariciar y besar todo el cuerpo. A tirones le saqué el corpiño, besándola me fui hacia la bombacha que arranqué a tirones y le dí chupones a las ingles, el clítoris.
Mi tía seguía gritando, gemía, se retorcía, buscaba escapar. Me dije: por las buenas o por las malas. En esa lucha quedamos en el suelo sobre la alfombra. No sé cómo le saqué el batón. Desnuda ante mí se dio vuelta para que no la vea, puse mi pie en su espalda, me desnudé y me fui encima de ella
– ¡Déjame hijo de puta, me estas violando!
– Si y me gusta. Te voy a reventar puta y marrana.
– Soy tu tía. Se lo diré a tus padres
– ¡Qué coño me importa! Te la quiero clavar y que te enteres bien de lo que tengo entre las piernas.
La agarré de los pelos y luchando con ella, la di vuelta. ¡Qué lindo cuerpo, tetas duras y coño bien formada, mojadita
No perdí tiempo. Me acomodé sobre ella, le abrí las piernas a la fuerza y le comencé a meterle el cipote duro. Gritó, se retorció, la tenía agarrada de los pelos y la cintura. Apenas entró un poco, se la metí de golpe. ¡Como gritó! Comencé a bombearla con fuerza. Lo inesperado, en cierta forma, sentí que tenía un orgasmo, este fue con insultos, gemidos, gritos.. Le levanté las piernas, me la seguí cogiendo en medio de sus jugos de la concha. Allí tuvo un segundo orgasmo. Quedó como desmayada, balbuceante, con gemidos. No tenía puesto un forro, pero quería acabar, así que la levanté haciéndola arrodillar frente al sillón y los brazos sobre el.
– ¡qué hermoso culito! – me dije – Tengo que metérsela.
Le metí dedos mojados en su vagina, no quería perder tiempo buscando manteca. Ella gritaba: No…No…Dejáme… Sabía lo que se le venía.
No me importó nada. Le puse a las puertas del ano la cabeza gruesa de mi polla y mientras le decía como abrirse, se la metí. Pegó un grito y clavó los dedos en el sillón
– Dejame – gritó – No lo hagas
– Te voy a reventar hija de puta. Abrirte o te rompo el culo.
Seguí metiendo mi pija en medio de los gritos de ella. Se la metí toda y la empecé a bombear cada vez más rápido. Le tenía agarrada las tetas y un dedo en su vagina muy mojada. Sentí que empezó a acabar y me deje llevar acabando a lo loco. Después cuando la polla se puso floja y salió, me levanté, la tomé de los pelos y casi a la rastra la llevé al baño.
– Báñate – le dije – sin mojarte el pelo. No te vistas, solo una toalla y vienes a la cocina a tomar una cerveza.
Cuando vino con la toalla, tenía un aire sumiso, se sentó en una silla, frente a mí y los dos al costado de la mesa. Ese día seguimos follando y lo que pasó después con ella se lo cuento en otro relato, con mi tía una de las más perras que he conocido.
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