Relato erótico para el amante perfecto 2

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Continúo con el relato para un buen amante. Dice así… Los preliminares, como por ejemplo:

Limpiar la casa.

“¡¿Cómo?! ¿Me estás tomando el pelo? ¿Dónde está la sección de masajes vaginales y pinzas para pezones y… y…?”

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Escucha, pequeño saltamontes, este capítulo se llama Preliminares y no hay nada más preliminar que crear el ambiente adecuado para que la moza se sienta relajada y sea receptiva al cortejo. Parece bastante evidente pero casi todos los manuales de sexología comienzan por “¿Cómo le gusta que le acaricien los pechos?”, síntoma inequívoco de que no tienen idea de cómo seducir a una mujer.

Me gustaría dar por supuesto que todas las parejas que conviven juntas tienen una distribución igualitaria de las tareas, ya sea dentro del hogar o fuera. Poco importa si él no ha fregado un plato en su vida pero barre de maravilla o prepara unas cenas de chuparse los dedos. La cuestión es que, al menos que tengáis un asistente-a a domicilio que se encargue del trabajo sucio o que la aportación laboral de ella sea precisamente el mantenimiento de la casa, toca apechugar. Si la balanza está descompensada y el groso del curro hogareño le corresponde a ella, multiplicado por dos o por tres si hay criaturas, no se le puede pedir a esa santa señora que a la hora de acostarse esté en condiciones de jaleo del bueno porque cuando apoye la cabeza en la almohada va a caer redonda. Todas las Superwomans tienen su límite de resistencia.

Si no estáis conformes con mi afirmación, me parece bien, iros a buscar un manual que explique paso a paso “Cómo follarse a un cuerpo inanimado”. Mi especialidad no es la necrofilia.

Ahora que habéis prestado atención y tenéis el estropajo en la mano, seguimos…

Seducción.

El órgano sexual más importante de la mujer es el cerebro.

Todo el mundo lo sabe y, sin embargo, nadie se acuerda a la hora de la verdad. Sólo habría que estar 24 horas al lado de cualquier chica en pleno apoteosis adolescente para descubrir sin problemas que todo lo que la hace suspirar y soñar y las mariposas en el estómago, todo, está en su cabeza. Lo más seguro es que esa misma chica que tiembla al pensar en su primer beso, reaccione violentamente si alguien intenta dárselo por la fuerza y sin el debido ñigu-ñigu de los violines. Pero dejemos de hablar de adolescentes antes de que me llamen la atención.

Las chicas cuando se hacen adultas adquieren cierta malicia, cierta urgencia que las puede llevar a quererlo todo y ya, pero no pierden aquel gusto por los violines. No me cansaré de repetirlo, las mujeres son complejas, pueden convertirse en personas diferentes de un día a otro y sería normal. Hay que tenerlo en cuenta. Poco importa que un día se haya lanzado como leona ambicionando sexo salvaje, al día siguiente puede no querer lo mismo. De hecho, lo más seguro es que se encuentre en plan sensible, con necesidad de mimos y de que la traten como a una princesa. Hay que estar preparado para cualquier ocasión, ser receptivo y no limitarse siempre a la misma técnica.

He aquí algunas sugerencias para los que vayan muy perdidos:

¿Flores y bombones? Todo un clásico que sigue gustando (a mí me gusta) pero si se repite cada mes pierde efectividad y corre el riesgo de que la relación se rompa por sospechas de querer engordar a tu novia.

Llevarla de paseo, que no enviarla a paseo, no confundamos. Un cambio de aires siempre sienta bien. ¿Qué me decís de un restaurante en primera línea de mar, con el rumor de las olas, y luego un paseo por la playa? Puede servir un pícnic en el campo siempre que no sea en zonas demasiado concurridas y faltas de romanticismo.

Escapada de fin de semana. No es difícil encontrar algún viajecito bien de precio en otoño o primavera y el clima sigue siendo agradable. No existe mejor medicina para una crisis de pareja que pasar un par de días lejos de casa, sin preocupaciones, sin faenas, dedicándose a disfrutar del turismo y luego, al caer la tarde, al amor. Ojo, no sirve alquilar un apartamento y que sea ella la que cocine y friegue los platos.

Sorprenderla con una cena exótica. Se puede convertir la casa en un lugar romántico dándole cuatro toques mágicos: velas, un corazón grande de cartulina con su nombre, telas vaporosas colocadas al estilo de las Mil y una noches, una esclava desnuda de cintura para arriba abanicando… Ejem, eso ya son preferencias personales. Lo importante es que sea algo diferente, afrodisíaco y donde claramente se vea el esfuerzo.

Escuchar, escuchar y escuchar otra vez. Para el día a día, recomiendo una sesión tranquila de charla donde la protagonista sea ella. A todos nos gusta hablar y expresarnos, nos sentimos agradecidos y amados cuando la otra persona presta atención a nuestras preocupaciones. Esta técnica de seducción es apta para todos los bolsillos, más fácil imposible.

Limpiar la casa. ¡¿Más?! No pretendo convertiros en unos chachos, no cunda el pánico, me refiero a hacer más de lo convenido a modo de regalo. Pero para que no cree costumbre, convendría dejar claro que es un regalo. Por ejemplo, a ella le toca fregar los platos esa tarde. Le regalais una cocina limpia y colocais un lazo alrededor del grifo. Cuando llegue a casa, os comerá a besos.

Ser su esclavo por un día. Un día a su entera voluntad… Cierto, podéis acabar demandándola por teneros currando en casa de sol a sol sin seguridad social, pero la idea es que ella aproveche para sentirse una princesa: chofer particular que la lleve de compras y le cargue los paquetes, cocinero, paleta… Vale, vale, pero también el encargado de descalzarla, desnudarla y vestirla. Eso ya gusta más. Y hacia el final del día, por supuesto, no puede faltar el masaje y hacerle el amor con todo el tiempo del mundo.

Errores de un seductor novato.

Nadie nace sabiendo. Los hay que parece que tengamos cierto don natural para esto del enamoramiento pero la mayoría de mortales aprenden a base de prueba y error.

A no ser que tengáis mucha confianza con la chica o que ésta sea muy comprensiva, debéis evitar errores como los que describo a continuación:

Hablar, hablar y hablar. Muy mal si no le dejáis meter baza en la conversación.

Quedarse mudo. Lo contrario tampoco dice mucho a vuestro favor. Llevad preparado algún tema por si los silencios incómodos, preferentemente un tema en el que ella pueda opinar.

Oídos sordos. De mal en peor. Escuchad lo que comenta, valoradlo, aportad puntos interesantes sin resultar una crítica. Aquí alguno me dirá que es hipocresía y una forma de mentira ocultar un pensamiento propio para quedar bien si claramente estamos en contra. No se trata de engañar, sino de suavizar, hacer rica una conversación sin que se convierta en un debate abierto con riesgo a que os tiréis de los pelos.

Sobarla. Sí, sí, ahí en plan pulpo agarrándole la mano cada dos por tres, acariciándole el hombro, besándola cada vez que pase por tu lado, en resumen, invadiendo su espacio personal. Aún en una pareja consolidada, dudo que a ella le guste tanto manoseo fuera de lugar. No somos peluches.

Dejarle un chupetón. Hay ciertas cosas que se consideran de adolescentes y que una mujer adulta no va a tolerar. Resulta humillante que te marquen como si fueras ganado.

Comprarle lencería. Ya no es sólo el hecho de que puede que no acertéis su talla o que sea un modelo que ella considere ridículo y quedéis fatal, puede sentirse de alguna manera ofendida y dolida pensando que ese regalo es en realidad para vosotros y que sois egoístas y desconsiderados. Oh, sí, las chicas pensando pueden construir increíbles historias de ficción sobre un hecho tan insignificante. Lo mismo pasa con la ropa, zapatos, bolsos, bisutería… Es algo personal, mejor no interferir. El único artículo que podría salvarse son las joyas pero es conveniente haberse informado bien vía amigas de sus gustos.

Organizarle una velada por sorpresa. Veamos, las sorpresas son agradables pero hay que asegurarse de que no va a tener otros planes y de que estará receptiva. No cuesta nada dejarle caer un “esta noche me gustaría que hiciéramos algo especial”. “¿Qué, qué?”, preguntará ella inquieta. “Ah, sorpresa”. Si reacciona feliz, fantástico, se pasará todo el día con expectativas (no vayáis a ser menos). Pero si responde con mal humor, uy, mejor lo dejáis para otro momento.

Criticarla. Ni siquiera críticas constructivas u os arriesgáis a conectar la bomba de relojería. Si no os gusta la ropa que lleva o el peinado, calladitos. A lo sumo, si su estilo está rozando lo ridículo, podéis jugar con la baza de la alabanza cruzada como, por ejemplo: “Me gusta tu suéter azul, te resalta el bronceado”. Y dad por seguro que se pondrá más el azúl que el de colorines fosforito.

Pretender cambiarla. Tirón de orejas para los que acostumbren a soltar frases como: “¿Por qué no te tiñes de rubio? Me gustan más las rubias”. No importa que vuestra mujer ideal sea rubia, alta y esbelta, vestida con trajes ajustados y tacones. Si la mujer que está a vuestro lado dista bastante de esa fantasía, es vuestro problema, no el suyo. Amadla por lo que es, adoradla por sus cualidades y hacédselo saber. Es obligación del buen seductor subir la autoestima de su amada y una amada segura de sí misma es una gran amante, no lo dudes.

Acosar. Seducir no es lo mismo que acosar. Si ella os ha dejado claro que no está interesada y que cada uno por su camino, respetadla, hay más flores en el campo.

Ser grosero. Parece evidente pero en las páginas de cybersexo y pornografía abunda tanta palabreja insultante que algunos hombres creen que llamar guarra a una mujer la pondrá caliente y a punto para el sexo instantáneo. En un lupanar, tal vez, pero en el mundo real acabas de perder cualquier oportunidad. La única excepción a esta norma sería que ya estuviera pactado de antemano que os gustan las palabras fuertes a la hora del triqui-traca. Entonces, nada que objetar.

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sólo con confianza y mutuo acuerdo

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pueden ser buenas si ella da muestras de calentura

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frases seguras

“A pollazos te mataba”

“Te bajaba las bragas aquí y ahora”

“Tienes un culo como la bola del mundo”

“Te la metía hasta el fondo”

“¡Dios, qué tetas!”

“Te follaba la boca”

“Te ponía a cuatro patas”

“Pero qué guarra eres”

“Toma, dale, toma, dale, dale…”

“Nena, la llevo todo el día dura pensando en ti”

“Ese cuerpo tiene dueño”

“Te dejo hacerme lo que quieras”

“Zas-zas y no voy a parar hasta que te vengas”

“Me corro con sólo mirarte” – susurrando

“¡Ay, que te pillo!”

“¡Guapa!” – si no la conoces.

“Pierdo el norte cuando te veo”

“¿Sabes tan bien como hueles?”

“El tiempo se para cuando me besas”

“No sé qué me haces pero me tienes tonto por ti”

“Anoche soñé contigo…”

“¿Y esa mirada picarona?”

“Me gustas mucho”

Cómo no? una mirada así es irresistible…

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