Relatos sexo con maduros

Fabiola se encontraba bañándose, el agua caliente resbalaba por su cuerpo,sus quejidos y suspiros hacían eco en el baño,un pene de plástico entraba y salia de su vagina,ella sola se daba placer,a sus 18 años ya sabia lo que era sentir una verga en su conchita,estaba sola en casa,su madrina Pilar,con quien ella vivía iba a trabajar toda la tarde y noche,por lo que aprovecho para desahogarse sexualmente,ya que tenia tiempo que por la escuela no había tenido tiempo de hacerlo;se encontraba ensartada por aquel juguete recargada en la pared,con los ojos en blanco,que no notó cuando la cortina de la ducha se abrió,era donLeer Relato —>

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Invitación al incesto, el abuelo que reconoce a su nieta en un lugar inapropiado, ella que no rehusa la invitación de su grueso paquete, y cómo la pequeña rubia disfruta con el viejo verde que se la cepilla sin miramientos. La historia que desde pequeña me atrajo, las pollas grandes de los abuelos, y éste, es un relato extraído casi de esta secuencia de blancanieves bien follada por su abuelo, no os perdáis la rubia a cuatro patas y cómo disfruta, su cara de gozo y asombro   Hola, hoy os cuento esta historia, que como mujer ya con cierta edad, me calienta solo pensar, yaLeer Relato —>

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Una infiel y sensual pecadora llega al lugar correcto para superar sus aflicciones. El diablo conduce un BMW (3) La hermosa mujer respiró agitada. El relato cargado de erotismo le había robado el aliento, pero también había cautivado al padre Patrick y a Priscila como jamás se hubiera imaginado. – Después de eso –prosiguió Ana luego de beber un sorbo de Brandy-. Me sentí avergonzada de lo que había hecho. Me sentía sucia y nuevamente llena de culpa. Pero había logrado dar un paso para alcanzar mis sueños. Había puesto otra mancha en mi conciencia y en mi matrimonio, pero estaba más cerca de laLeer Relato —>

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Una infiel y sensual pecadora llega al lugar correcto para superar sus aflicciones. El diablo conduce un BMW (2). Ana miró a los ojos negros del hombre y a la mujer que estaba a su lado. Aquella situación era extraña. Ella confesándose a dos desconocidos: un cura cincuentón y la juvenil y rubia hermana. Había algo extraño en aquella reunión que preocupó a la abogada, en esos dos espectadores que la observaban con expectación. Pero desechó aquellos pensamientos. Estaba más preocupada de que nadie notara su estado de excitación. – Me parece que debes continuar con la confesión, Ana –repitió el padre Patrick-. Para expiarLeer Relato —>

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