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Quería un chat caliente, ya hace mucho tiempo, que no acudía a una sala de chat, mi curiosidad innata me llevo a una de sexo…Fue ese el escenario para una de las cosas que mas me han hecho arder de verdad en la vida.

Así que esperé pacientemente leyendo conversaciones sin sentido y algo picantes, no me atreví a enviar privados y solo aguantaba abriendo las ventanas que otros enviaban, las miraba y si por alguna razón sin fundamento no me gustaba el nick o como me saludaban, simplemente yo cerraba el privado…Me quede solo con dos conversaciones, nerviosa, mis dedos escribían frases que luego borraba ágilmente para luego escribir solo algunas silabas.

Y ahí empezó todo, cuando fue el segundo día cuando conocí a un hombre que cambio mi vida… Reprimido, su nick, le vi en la cam que para ese martes ya sabía usar. Su cara joven llena de arrogancia, con una barbita que enmarcaba unos labios de maneras sensuales y sonrisa sexy, su pelo castaño oscuro, corto y desordenado dando la impresión de estar salido de la cama, de cuerpo atlético y de ojos pardo.

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Entonces inundada de un valor que para entonces desconocía le mande un privado…yo lo veía, pero él a mi no. La charla comenzó de forma anormal, sin hablar de nada que no fuese la vida en general y nada en particular, por algo más de una hora. Me entere que tiene 21 años, estudia, es soltero y vive a solo algunas horas de donde yo resido.

Por su parte, Antonio, que es su verdadero nombre- ya me conocía por cam, sabía mi nombre, que soy casada, que tengo casi 10 años mas que él y que físicamente soy morena, de altura mediana, maciza, vamos, un polvorón en dulce, para qué mentir….según sus palabras con cara de santurrona. Mis ojos son oscuros y mis labios generosos.

La conversación se enciende a medida que van pasando los minutos, con risillas nerviosas, nos vamos prendiendo, ahogándonos con dichos que luego no podríamos borrar, acercándonos irremediablemente a la palabra infidelidad…pasamos rápidamente a los hechos, de las miradas coquetas a mostrar nuestros cuerpos, desnudándonos, primero yo y luego él, con el morbo de saber que yo soy casada y hasta el momento fiel, “Reprimido” con una erección considerable en su hermoso miembro hizo que se me subieran los colores al rostro, ridículo, si yo estaba con mis pesados y grandes senos o tetazas al aire exhibiendo mis también erectos pezones. Me fascinó todo…la situación, la conversación y su cuerpo. Creo que a él le paso lo mismo.

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Y nos seguimos encontrando siempre a través de la red, en chats o videoconferencia, conociéndonos cada vez más, observando nuestros cuerpos al mismo tiempo…colores, formas y texturas. Cada vez más deseosos de encontrarnos. Un día de aquellos en un súbito arrebato yo desconecto la cam y le escribo un mensaje pidiéndole que nos encontremos al día siguiente-esto no puede seguir así- le digo. De ese modo concretamos una cita en un pueblito a medias entre nuestros hogares, donde nadie nos conoce y pase desapercibido nuestro encuentro, sin mediar más palabras, me desconecto y yo preparo una pequeña maleta para el día siguiente.

Horas eternas mas tarde nos encontramos en una estación, pronto ubicamos un lugar donde tomarnos un café, dispersamos los nervios iniciales con conversaciones del tiempo- ¡Oh dios! que hago aquí- me decía una y otra vez, pero seguíamos sentados el uno frente a la otra. Salimos del lugar, nuestros cuerpos dispuestos, nuestras mentes olvidadas.

Por fin, llegados al motel donde habíamos reservado, ya no hubo palabra, nos besamos por primera vez, después de mucho tiempo de ansiarlo. Nos fuimos desnudando el uno al otro, prenda a prenda, regando el suelo de la habitación camino a la cama que nos esperaba…Caímos en ella, con manos tímidas y juguetonas nos acariciábamos, aprendiéndonos, saboreando el momento, nuestras respiraciones agitadas, nuestras lenguas explorando secretos y nuestros sexos dispuestos. Al fin nos teníamos, estábamos juntos, creando magia. Él entrando en mí, yo dejándome invadir por otro con alegría, dispuesta a todo…Palpitante lo siento dentro, mi cuerpo preparado, húmedo, receptivo. Él duro, suave y rudo. Mis uñas arañando y sus manos llenándose en mis senos, en mis caderas, con mi pelo. Alcanzando la cima juntos consentidos.

Rematadamente nos entregamos numerosos placeres suspirando, gimiendo y gritando, mis labios sosteniendo su pene mientras mi boca succionaba, la de él en mis pezones mordiendo y lamiendo, ambos montando entre jadeos, ambos chupando lugares prohibidos, perdiéndonos y maravillándonos. Gozando y volando sin alas.

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