Una ansiedad de sentir latigazos

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Soy una chica realmente experta en suministrar placer y dolor a quien me lo solicite; hoy recibía a una pareja que venia por primera vez. Cintia mi asistente los hizo pasar, se llamaban Ana María y Andrés, eran unos jóvenes profesionales de unos treinta y cinco años de edad; ella era una joven muy bonita, de 1.70 m de altura, vestida con una remera y una minifalda de gamuza marrón y calzando mocasines indios haciendo juego.

Ana María comenzó a contar que era masoquista y quería ser cruelmente azotada, como antiguamente se castigaba a una esclava rebelde. Su experiencia había sido solamente de auto flagelación, por eso le pidió a su novio que fuera el quien la castigara con un látigo. Andrés dijo que se negaba rotundamente, pues le parecía un disparate, además no sabría como efectuarlo. Ante la insistencia de Ana María, Andrés acepto que fuese azotada pero por una mujer y Ana María le impuso como condición que debía asistir como espectador a la sesión de castigo; el novio acepto de mala gana y acá estaba acompañándola.

Le pregunte a Ana María que intensidad de castigo estaba dispuesta a recibir, me contesto que en principio no tenia limites, iría viendo cuanto podía soportar, solamente desearía que no le quedaran muchas cicatrices importantes.

Te castigaremos de pie, suspendida de una barra, con las piernas abiertas, a fin de poder azotar todo tu cuerpo, conforme lo solicites; primeramente una tanda de azotes con un zurriago con nudos, para que tu piel tome contacto con el cuero, la caliente y coloree, servirá para que largues endorfinas y puedas resistir mas castigo y mejor, luego seguirá una tanda con un látigo largo de una cola que supongo alcanzara para finalizar la tarea de forma que quedes satisfecha. Esta introducción de Luvna produjo una fuerte excitación en Ana María y su placentera perspectiva hizo que un temblor de ansiedad se apoderara de su cuerpo.

Desnúdate y sigue las instrucciones de Cintia, le ordene. Ana María se desnudo totalmente mostrando un cuerpo perfecto, unas piernas largas bien torneadas, pies grandes con arcos perfectos, uñas pintadas de morado, pulsera en el tobillo izquierdo y anillo en dedo mayor del pie derecho; el culo bien parado con el pubis depilado, unas tetas medianas, en donde se advertían los pezones endurecidos por la excitación, en resumen una beldad. Cintia le ordeno que la siguiera hasta quedar bajo una barra que pendía del techo; separo sus brazos y aseguro las muñecas con unas esposas de cuero, luego abrió las piernas con una barra separadora y aseguro los tobillos, quedando perfectamente en tensión, con los pies apoyados en el suelo, y formando una X

Cintia trajo los látigos uno, de mango corto, compuesto por cinco ramales finos de cuero trenzado de unos 70 cm de largo terminados en apretados nudos; el otro era una flexible trenza de cuero negro de 1,50 metros de largo, con un grosor del dedo pulgar en su parte anterior y terminada en una delgada y afilada azotera de 60 cm de flexible cuero, los acerco para que Ana María pudiera observarlos y esta comprendió que manejados por estas jóvenes expertas le podrían causar mucho daño y placer el interrogante era cuanto podría soportar.

Informe que Cintia llevaría la cuenta de los azotes, pues si lo hacia la flagelada, la atención que le demandaría esta tarea le impediría disfrutar plenamente de su suplicio. Le pregunte a Ana María si prefería tener algo para morder en su boca o una mordaza, esta contesto que no pues quería poder gritar libremente.

Andrés, el novio había seguido atentamente los preparativos, estuvo cerca de Ana María mientras era preparada y amarrada, inspecciono las ligaduras y reviso y sostuvo en sus manos los látigos a utilizar. Luego Cintia le señalo un cómodo sillón desde donde tendría una visión especial de la sesión.

Ya puedes comenzar, conforme lo solicitado todo el castigo se filmaría para recuerdo de Ana María; Cintia, acerco el látigo para que Ana María lo besara, lo hizo y dijo “azótame por favor” Cintia aplicaría 50 azotes con el látigo de nudos en la parte posterior. Va dijo Cintia y con un sordo chasquido los cinco ramales marcaron la piel en el centro de la espalda; Cintia prolijamente a cada golpe separaba los ramales de forma que castigaran los cinco por separado, al principio los golpes no eran muy fuertes, luego fue aumentando la potencia; poseía un brazo de hierro por lo que los cueros y especialmente los nudos golpeaban muy fuerte Los ramales del látigo seguían recorriendo la espalda y el culo, dejando sus rojas marcas sobre la piel; Cintia cambio de lado y comenzó a castigar desde la izquierda, Ana María a veces pronunciaba un gruñido otros veces gritaba “mas…mas fuerte, arráncame la piel, hazme saltar sangre” o “ Andrés amor mio mira como estoy gozando” ; cada azote le provocaba un estremecimiento de dolor y a la vez un gran placer; merced a un juego de espejos podía visualizar su espalda y culo que presentaban una coloración rojiza y llena de marcas entrecruzadas con algunos puntos negros producidos por los nudos de los ramales del látigo.

Ana María pensaba que aunque los dolores iban en aumento eran perfectamente soportables; el placer que le proporcionaba verse azotada verdaderamente como se azotan las esclavas, por expertas que amenazaban dejarle todo el cuerpo en carne viva, era realmente sublime e indescriptible y además le estaba produciendo una excitación sexual.

Cuando Cintia termino su tanda Luvna dijo: Ana María tu cuerpo, esta listo para la siguiente fase, actualmente esta cubierto de verdugones preparados para recibir el látigo; tu decides si continuamos o no. Ana María le respondió gritando: si pero antes

azótenme las tetas y la concha. Se ve que tienes aguante, esto es muy doloroso, pídele a Cintia que lo haga. Ana María suplico:”Zintia azótame las tetas y la concha por favor”. Luvna dijo: Dale solamente quince azotes en cada parte, en forma alternada. Cintia le refregó las colas del látigo sobre las tetas y la vagina, para excitarla más.

Comenzó a castigarla, los ramales de cuero pronto dejaron sus marcas sobre las tetas de Ana María y enrojecieron e inflamaron los labios vaginales y el clítoris; a cada golpe se escuchaban los bramidos de dolor y placer. Cuando faltaban cinco golpes en cada lado, ordene: castiga con fuerza Cintia. Los nudos del látigo impactaron en los pezones, Ana María se retorcía y gritaba de dolor y excitación, pedía a gritos que la azotara con el látigo.

Me acerque con el látigo para que lo besara; lo hizo repetidamente y dijo: “azótame sin piedad, por favor”. Le informe que no le daría una cantidad determinada de azotes, sino que le aplicaría la cantidad necesaria de latigazos para que gritara suplicando que no la azotara más. Comenzaremos le dije y desenrolle el látigo sobre el piso, calcule la distancia, Ana María tenia el cuerpo en tensión esperando el golpe; lo envié para atrás, le dije ahí va y proyecte mi brazo hacia adelante, le azote en forma liviana, seguí castigando en esa forma y espaciando los golpes; luego de unos cinco azotes comencé a aumentar la potencia del golpe; el sonido del látigo me agradaba, era el de un golpe lleno, la delgada azotera golpeaba sobre la piel produciendo un sonido seco, dejando una marca roja que prontamente se convertía en roncha; la escena se repetía, se oía el silbido del látigo, luego el chasquido sobre la piel y algún grito de Ana María a veces de dolor, en otros decía:” Mas…mas fuerte, mas rápido” ó “Andrés amor, oye el sonido del cuero sobre mi piel, una y otra vez, quemándome y haciéndome gozar”. Un latigazo, resonó en la habitación, cruzo la espalda y la raya que marco abrió la piel en algunos tramos; Ana María grito fuertemente; su cuerpo se arqueo en sus ligaduras; el dibujo de la espalda y culo era completamente en relieve, con la piel levantada en muchos lugares y algunos rastros de sangre exudada en varios lugares, aparecían algunas manchas de sangre. Seguí azotándola con fuerza y ritmo, después de 60 latigazos los gritos se fueron apagando, se convirtieron en murmullo y gruñidos hasta desaparecer, apenas movía el cuerpo, sin bien Ana María estaba consciente se encontraba en un estado de sopor, en ese estado le descargue 20 azotes mas.

Detuve el castigo, ya sea para darlo por terminado o para concederle algo de descanso a Ana María; llame a Andrés para que se acercara a ver el cuadro; el novio estaba completamente excitado, lo evidenciaba lo abultado de su parte delantera del pantalón. La espalda y el culo de Ana María, tenía una tonalidad rojiza de fondo, surcada por innumerables rayas rojizas y moradas, algunas con relieve, otras con la piel abierta exudaban rastros de sangre. En el frente se advertían algunas rayas producidas por la delgada azotera, dos de ellas sobre las tetas, en otras dos asomaban vestigios de sangre.

Eres muy fuerte tienes pasta de buena masoca, no pedirás clemencia y si sigo azotándote con este látigo terminare de arrancar tu piel, te desollare integra y convertiré tu cuerpo en una llaga en carne viva, luego seguirá arrancando trocitos de carne; te convendrá que suspenda la tanda con este látigo y te castigue con “la lengua”, es un látigo que mande fabricar a un talabartero conocido destinado a provocar daños importantes; no tiene partes metálicas, pero después de sus besos te quedaran algunas cicatrices, aunque por el castigo que has recibido, con menos de 12 latigazos que te aplique , si puedes, aullaras como una perra pidiendo que deje de azotarte; que prefieres que continúe con este látigo o que te azote con “la Lengua”?. La curiosidad de Ana María y su espíritu masoca pudo más que el temor, seria una experiencia única ser azotada con ese látigo: si imploro castígame con “la lengua”, dame una docena de azotes aunque te pida que pares o aunque pierda el sentido. Lo hare como lo pides; Cintia trae el látigo dijo Luvna.

Cintia fue a buscar el látigo; era una trenza flexible de cuero negro, de canguro, de 2,25 metros de largo, un poco mas gruesa que el pulgar en su comienzo y afinándose hasta llegar a la azotera que era la lengua propiamente dicha. Era un trozo de cuero muy flexible de 65 cm de largo, que arrancaba con un ancho de 2 cm y se afinaba hasta la punta en donde media 5 milímetros; el espesor era de 1 cm.; era una azotera pesada, de medidas generosas Era verdaderamente impresionante los efectos que producía sobre el cuerpo del castigado. Esa azotera en el extremo del látigo impactaba a gran velocidad, siempre tajeando la piel y también la carne.

Andrés se acercó y observo el látigo con cara de espanto, lo sostuvo en sus manos, lo sopeso, sus dedos recorrieron detenidamente la azotera, pudieron comprobar su elasticidad, sus medidas y su espesor; un frio le recorrió la espalda cuando con horror la imagino realizando su tarea sobre el cuerpo de su novia y dirigiéndose a ella le dijo: Amor realmente no has recibido suficiente castigo, aun quieres ser azotada con este instrumento infernal, apropiado para castigar animales salvajes; ella grito si quiero que me desuellen viva, que el látigo me corte y haga saltar mi sangre a borbotones. Andrés muy excitado se volvió al sillón, al rato observe que se estaba masturbando.

Tome el látigo y me acerque para que Ana María lo observara, me pidió besarlo y dijo “azótame cruelmente por favor”. Desenrosque la trenza; la negra víbora repto por el piso, pudo ver la mortífera lengua; la imagino lacerando su carne y un temblor de ansiedad le recorrió el cuerpo; la voz de Luvna continuaba, te daré doce latigazos y no me detendré aunque lo pidas o te desmayes, ahora llevaras la cuenta y luego dirás –azótame- . Estuvo ensayando sobre un poste de madera, la lengua restallaba sobre el otras veces se enroscaba en la madera, daba escalofríos verla en acción…….bueno comenzare; seguramente preferirás que te azote solamente en la espalda y el culo; Ana María asintió, se dio cuenta que estaba mojada y temblando de excitación.

Relatado por Ana María: Luvna se puso detrás mio, calculo la distancia y dijo va; yo aspire profundamente, contuve la respiración, se escucho el silbido y un fuerte chasquido anuncio el impacto contra mi carne, mi cuerpo se convulsiono, mis piernas se aflojaron, un grito bestial broto de mi garganta. La lengua había cruzado mi espalda en forma transversal, marcándola con una raya roja que en su parte final abrió piel y carne, brotando bastante sangre……después de unos segundos dije con voz temblorosa uno – azótame -; yo observaba por el espejo, Luvna lentamente y como saboreando el momento, llevo el látigo hacia atrás y luego con un fuerte y brusco movimiento lo lanzo hacia adelante, el chasquido resonó en la habitación, la azotera trazo una raya paralela a la anterior 10 cm mas abajo, nuevamente parte de la piel y la carne se abrieron; también mi cuerpo se convulsiono y explosiones resonaban en mi cerebro, el aullido fue el de un animal herido, el aire no ingresaba en mis pulmones, recién varios segundos después pude decir dos –azótame- Luvna sonrió y repitió los movimientos, el cuero chasqueo contra la carne, esta vez la raya fue en forma de cruz respecto a las anteriores, rasgo la piel y la sangre broto; yo convulsionaba, mi esfínter se aflojo y me orine; con voz apagada dije tres – azótame – Rápidamente otra raya paralela a la anterior apareció en mi espalda, también brotaba sangre; mis convulsiones continuaban, mi cuerpo se arqueaba, me oí a mi mismo decir cuatro – azótame – El conocido chasquido del cuero sobre la carne atronó en mi cerebro, una raya paralela al primer azote 10 cm arriba apareció en mi piel; Luvna continuaba su dibujo con precisión absoluta, la sangre apareció de inmediato, susurrando dije cinco – azótame – Luvna esta vez hizo que la lengua se enroscara en mi cuerpo y su extremo impactara en mis tetas, el cuero se retiro velozmente arrancando limpiamente una tira de piel con trocitos de carne; al tiempo se oyó un hilo de voz seis –azótame-. Luvna castigo con fuerza, la lengua de cuero impacto de lleno en mi espalda, rompiendo la piel y cortando la carne, la sangre broto de inmediato, yo perdí el aire de los pulmones, mi cuerpo se arqueaba en sus convulsiones, después de unos segundos se oyó siete – azótame-, prestamente se oyó el silbido del látigo y el chasquido sobre la piel, formando una cruz sobre el golpe anterior; sentí un fuerte martilleo en las sienes, mis piernas se aflojaron quede colgando y perdí el conocimiento; Luvna profesionalmente, tal como yo le había pedido, dijo ocho –te seguiré azotando- y cadenciosamente y con su acostumbrada eficiencia, volvió a cruzar mi espalda con el látigo, la”lengua” penetro como una navaja, el cuerpo de Ana María colgaba de sus brazos, se oyó nueve – te seguiré azotando- , el sonido del cuero resonó tres veces mas abriendo nuevas heridas que sangraron en abundancia.

El aspecto de Ana María era espeluznante, en el frente algunas rayas finas sobre sus tetas habían sido realizadas por la fina azotera del látigo anterior; además tenia tres gruesas rayas de la “lengua”, que habían cortado piel y carne y sangraban; en la espalda y el culo, con un fondo rojo se veían un intrincado cruzamiento de rayas finas que al cruzarse y superponerse habían levantado la piel; además estaba el dibujo realizado por la “lengua”, largas rayas, anchas que habían arrancado la piel y cortado la carne por lo que había sangre que cubría la totalidad de la espalda. Cintia aprovecho para tomarle varias fotografías de diferentes ángulos; cuando recobro el conocimiento estaba presa de una gran excitación, pidió le acercaran el látigo para limpiar la “lengua”, Cintia lo acerco, ella lo beso y con prolijos lengüetazos fue limpiando de sangre, coágulos y trocitos de piel la voraz azotera de cuero. Luego grito: Andrés mi amor!! Estoy muy caliente, penétrame ahora mismo y hazme alcanzar un orgasmo. Este rápidamente se acercó, se abrió el pantalón y saco una verga completamente en erección, la penetro fácilmente pues estaba totalmente empapada, Ana María, trataba de llevar sus caderas hacia adelante gritaba de gozo, rápidamente alcanzo el clímax y Andrés eyaculo en su interior. Finalmente pidió que le pusieran expuestos a su vista los tres látigos conque había sido azotada y la dejaran atada en su patíbulo durante una hora a fin de terminar de gozar de su castigo.

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