Una mexicana muy dominante

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Era el primer día, lunes, siete de la mañana. Me duché, me vestí y al coger todas mis cosas, me fui hacia la cafetería. Como tenía mas bien poco tiempo preferí que me acercara un taxi. Llegué a las 08:15h, gracias a dios Jenni no estaba todavía.

Esperé mientras me entretenía con mi móvil y llegó sobre las 08:30h. Me levanté para acomodarla y fui a pedir que trajeran el desayuno, solo a ella claro. Abrió el cenicero y no vio ninguna colilla dentro.

-¿Has fumado antes de entrar eh?

-Si princesa, solo he fumado un cigarro hoy.

-Pues yo si que voy a fumar.

Cogió un cigarro e inmediatamente encendí mi mechero para proponerla fuego, trajeron el desayuno pero primero fumó de lo mas tranquila echándome todo el humo encima para que me entraran ganas. Debo reconocer que hubiera fumado varios cigarros con ella de no ser porque era mi diosa.

-Princesa, respecto a lo del sábado…

-Ah, pues todavía no he tomado mi decisión, lo que si espero es que me cuentes eso, lo que me dijiste.

Se refería a lo de la bufanda.

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-Ah claro princesa, pues verás te dije que te contaría algo capaz de demostrarte lo mucho que pienso en ti.

-Si, que piensas en mi cada segundo de tu vida y esas cosas…

-Verás, el otro día no pude evitar hacer algo que puede que te mosquee un poco pero seguro que me lo perdonarás porque verás el sentido que tiene.

-¡Al grano, al grano!

-Vale, no te impacientes.

Sinceramente me puse un poco nervioso porque no sabía como iba a reaccionar, cogí aire y empecé a hablar:

-El viernes dejaste tu bufanda blanca toda la tarde encima de la cama y desprendía un olor que me hipnotizó bastante. No me pude resistir y me llevé prestada tu bufanda a casa, he estado durmiendo con ella estas últimas noches y no logro pasar mas de cinco minutos sin arrimarme a ella y oler esa fragancia que me recuerda tanto a ti. Nunca he vivido tan buenos despertares pues al abrir los ojos oliendo esa maravilla, me imaginaba tus ojos constantemente.

Estuve muy orgulloso de mi mismo, la solté una parrafada magistral. Se quedó boquiabierta y completamente anonadada.

-Osea, mi bufanda, que tu….

La costó formular una frase entera, no supo ni por donde empezar.

-¡Osea me has robado la bufanda!

-No princesa, me la llevé prestada, no se te olvide.

-¡Da igual me has cogido la bufanda sin permiso!

-Pero con la mas dulce de las intenciones princesa.

Sonrió y me ofreció esa sonrisa tan encantadora que solo ella tiene. La acorralé empalagando tanto las palabras que se calló unos segundos pero sin dejar de sonreír.

-¡No se ni lo que voy a hacer, te voy a asesinar!

-No princesa, en el fondo sabes que no lo merezco.

Nos reímos y dijo:

-Ha sido tan bonito, eres mas listo que el hambre.

-He estado a la altura de lo que eres.

-¿Ah si, que soy?

-Pues partiendo de la base de que las diosas te tienen envidia, tu misma.

-¿Joder tu de donde sacas todo eso?

-Viéndote reina.

Se puso un poco nerviosa, no conseguía dejar de sonreír.

-¡Bueno ya esta! ¡Deja de decirme tantas cosas así!

Sin duda me perdonó, es mas ni siquiera me exigió que la devolverla la bufanda. Una vez todo solucionado seguimos charlando.

-Bueno y dime ¿Como te tomas el hecho de no poder entregar el trabajo?

-Pues bastante disgustado lógicamente y preocupado sobretodo, princesa.

-¿Tiene que joder no? Estar todo el domingo con el trabajo sin moverte de tu alcoba para nada.

-Un poco princesa, por cierto ¿Puedo preguntarte algo?

-No.

-Vale, lo siento princesa.

-Ya son las nueve, aunque te dejara ir corriendo a entregar eso no llegarías a tiempo.

-Si princesa, lo se.

-Se me ha ocurrido una idea, verás como te ríes.

-¿Ah si, el que princesa?

-Si no te importa la que pregunta soy yo.

-Lo siento princesa, perdoname.

-Besame los pies anda, enséñame lo que eres.

-Si princesa.

Me puse de rodillas en el suelo y me incliné hasta besar sus pies, gracias a dios en esa cafetería los camareros no podían ver desde dentro lo que pasaba porque nuestra mesa quedaba un poco tapada por dos plantas que habían en el medio de esa gran terraza.

Evidentemente la poca gente que había esa mañana vio lo que estaba haciendo y me miraron muy curiosos. Jenni ni siquiera me miró, siguió desayunando a pesar de tenerme besándola los pies.

-¿Estas satisfecha princesa?

-No, sigue.

-¿Cuantos besos quieres?

-Los que yo te diga…

Seguí besando sus pies hasta nueva orden, siguió cortando su napolitana de chocolate con sus cubiertos muy despacio y echándose azúcar en el café. No pudo soportar mas tiempo la mirada de los demás constante entonces dijo en voz alta:

-¿Queréis una foto o un póster?

Inmediatamente la gente dejó de mirar y siguió a lo suyo. Yo estaba muriéndome de la vergüenza.

-Bueno ya esta bien, levanta.

-Si princesa, gracias por dejarme besar tus pies tanto rato.

-Que si, ahora calla y atiende.

-Si princesa.

-¿Has pasado mucha vergüenza verdad?

-Si princesa, un poco demasiada.

-Perfecto entonces ves a pedir mechero a ese señor de allí que fuma.

Fui hacia el señor, estaba tan nervioso que empecé a temblar, toda la gente me miraba como si fuera un loco recién fugado de un manicomio, el señor me dejó su mechero con mucho repudio y me miró como las vacas al tren.

Estaba tan nervioso que me entraron hasta ganas de devolver, Jenni ni siquiera me miró un solo segundo, siguió desayunando tan serena, volví a sentarme junto a ella con el cigarro entre los dedos.

-Ni se te ocurra dar una sola calada al cigarro.

-No princesa, tranquila.

-Te lo quedas en las manos hasta que se consuma entero.

-Si princesa.

La venía cada idea que era imposible no darse cuenta de que había nacido para esto. Quise relajar un poco la atmósfera por lo cual solté una de las mías:

-Princesa, si me lo permites me gustaría decirte que hoy estás especialmente guapa.

-Pues como es habitual.

-Si princesa, tu siempre monísima.

-¿Has acabado?

-¿De que princesa?

-De molestarme, me estás diciendo algo que se de sobra y además intento leer un mensaje.

-Ah si, perdoname princesa, me callo.

Desayunó tranquila, yo estuve con el cigarro en las manos un cuarto de hora hasta que me quemó los dedos y pude ver que se había terminado. Solo cuando ella lo decidió, fui a pagar y salimos de allí.

Al salir de la cafetería esperé instrucciones, se encendió un cigarro y dijo:

-Hoy quiero ir a dar una vuelta, a comprar algo no se…

-Si princesa, donde tu quieras.

-Pues mas bien.

Fuimos caminando por el centro hasta llegar a un centro comercial, quiso entrar a una tienda de ropa (como no) y evidentemente tuve que seguirla y esperar todo el tiempo que fuera necesario.

Compró dos pantalones, camisas, tres cinturones, un vestido de 100€ que casi me muero de la impresión y accesorios como pulseras y pendientes.

Al ir a pagar quiso pagar con su Visa (la mía) pero el pago fue rechazado por fondos insuficientes. En pocos días había fundido todo el dinero que quedaba en esa tarjeta, no me lo podía creer. Al enterarse de porque no podía pagar se giró como una furia, me miró como si me fuera a matar e irremediablemente di unos pasos hacia atrás por miedo.

Me tiró la tarjeta encima delante de todo el mundo, la dependienta lógicamente alucinó en colores pero no dijo nada, mas bien asistió al espectáculo.

-¡Esta puta tarjeta no tiene dinero!

Me acerqué a ella y la cogí las manos (por si acaso) porque la verdad se estaba poniendo muy violenta, la cogí muy despacio y la dije al oído:

-Princesa, mejor que vayas a esperar fuera, yo me encargo.

-Pero…

-No te preocupes, te he dicho que me encargo

Se tranquilizó un poco y esperó fuera, gracias a dios era bastante temprano y no había casi nadie en esa tienda por lo cual no fue un show que batiera récords. Pagué con mi Visa, cogí todas las bolsas, salí y allí estaba ella, esperando con muy mal genio.

Para que os hagáis una idea de lo mimada que siempre ha estado, no controló en ningún momento cuanto dinero quedaba en la tarjeta, puede que hasta se pensara que los fondos eran infinitos, nunca ha conocido la típica frase de “esto es muy caro” o “no tengo bastante”.

Me acerqué a ella muy sonriente y la dije:

-Ves princesa, no tienes porque ponerte así, de todas formas tienes lo que querías.

-¡Me da igual, tu puta tarjeta no tenía fondos!

-Será porque lo has gastado todo ¿No te parece?

Se encendió como una cerilla, estaba al borde de la explosión, no podía estarse tranquila y además temblaba, tuve que cogerla las manos porque no las podía tener quitas. Para que os hagáis una idea de la exageración le salieron hasta lágrimas por la rabia que sentía.

Al cogerla las manos la pedí que me mirara e hice lo que pude:

-Princesa, mírame. Así no vamos a solucionar nada.

-Uff es que es superior a mi…

-Tranquilizate preciosa que con esos ojos tan divinos no puedes poner esas muecas.

-¿Que has dicho, insinúas que soy fea?

-No princesa como dices estas cosas, solo te digo que cuando estas así de enfadada tu belleza no es tan brutal.

-Uff te la estas ganando…

-Que no princesa ¿Quieres que te compre unas botas o algo en esa tienda?

-¡Si, si, si!

Saltó de alegría, me cogió del brazo y me arrastró hasta la tienda de zapatos que había justo en frente. Veis como sabía como cambiar de tema con ella, en cuanto la dices algo que la gusta se la pasa la angustia solo que a veces la dura mas de lo necesario.

Eligió un par de botas negras bastante bonitas la verdad, se las probó y personalmente la quedaban muy bien, es mas la daban un aire todavía mas sensual. Salimos del dichoso centro comercial a las 11:00h y quiso volver a tomar un café porque estaba cansada.

Estuvimos charlando mas de una hora mientras tomó su café y fumó sus tres cigarros. Al volver hacia su casa hice el mayor error de mi vida. Pasamos delante de una joyería y en los escaparates había una pulsera bastante bonita de cristales de Swarovski y dije:

-Mira que bonita, seguro que te encantaría.

Todavía no me lo he perdonado, quiso entrar a ver la pulsera y cuando la dije que no llevaba suficiente dinero volvió a arder en llamas. Por educación no dijo nada en la tienda, salió y me esperó fuera. Estaba tan enfadada que me daba miedo salir, me echó una mirada horrible y presentí lo que iba a pasar.

-¿Eres un idiota, como que no tienes dinero?

-Pues entre el desayuno, tus cosas, el café y el taxi que he cogido, me he quedado seco por hoy.

-¿Y la tarjeta que pasa?

-Esta que tengo esta vacía, solo me quedaba un poco y he pagado tus cosas. La otra la tengo en casa princesa, se me ha olvidado.

-Se te ha olvidado, eso es que la has sacado de la cartera.

-Si princesa, es que he hecho un poco de orden en la cartera, la saqué y me la he dejado en el escritorio seguramente.

-¡Que mal mientes, encima me tomas por tonta!

-Que no princesa, eso lo dices porque estás enfadada.

Se puso muy nerviosa y empezó a caminar sola bastante lejos de mi. Vi como suspiraba muy fuertemente, entonces decidí reaccionar. Aligeré un poco hasta llegar a ella entonces la giré despacio, volví a coger sus manos (por si las moscas) y la dije:

-Princesa, te prometo que te la compraré.

-¿Claro, mañana verdad?

-Esta tarde salgo un poco antes, te la compro y mañana te la traigo ¿Trato hecho?

-¡Ni trato ni ostias, la quiero a la voz de ya!

Me soltó eso y no pudo contenerse mas, me pegó una bofetada pero no muy fuerte, simplemente para aliviarse un poco. Fuimos hacia su casa y llegamos a las 12:00h, lo primero que hizo fue ir a lavarse las manos, yo por mi parte me puse en condiciones y la esperé en su dormitorio, de rodillas.

-Bueno empieza por chupar la suela de mis zapatos.

-Si princesa.

Estuvo mirándose las uñas, peinándose, poniéndose pintalabios todo eso mientras yo lamía sus zapatos. Me miró algo pensativa y sonrió, esa sonrisa significaba algo.

-¿Sabes en que estoy pensando?

-No princesa, dime.

-Ven, siéntate aquí.

Me senté a su lado en la cama, cogió la correa y tiró bastante fuerte hasta acercar mi cara a la mía, me lamió los labios, me quedé paralizado.

-¿Quieres pasarlo mal de verdad?

-Esto…

-¿Si o no?

-Si tu quieres, si princesa.

-Vas a ponerte como una perra en celos te aviso.

Me preocupé un poco para ser franco, se quitó el jersey blanco que llevaba y también se quitó el pantalón, se quedó en ropa interior, se arrimó a mi como una hiena, me mordió el cuello, la cara y los labios, me dolió un poco.

-¿Me deseas, me quieres para ti?

-Si…

En ese momento estaba tan excitado que me fue imposible hablar, no me salían las palabras. Eso que se propuso hacer no me hizo ninguna gracia porque su intención era hacerme sufrir y no poder hacer nada porque al llevar el puto cinturón de castidad, mas bien no me quedaba otra.

Se movió como una fiera y me pasó la mano por todo el cuerpo, mi miembro no pudo ni siquiera manifestarse porque estaba completamente encarcelado y obligado a permanecer en su estado habitual.

Me calentó hasta que me vio delirar, no quiso besarme por lo cual se limitó a lamerme la cara y morderme. Lo pasé fatal, fue tan difícil para mi y que narices, para cualquier hombre. Ese bombón me estaba provocando a conciencia con la única intención de matarme.

-Venga machote, intenta aliviarte, se que no puedes mas.

Escuchaba lo que decía pero mi cerebro no existía entonces, todo era nubes y estrellas, sudé como un cerdo y la respiración cada vez era mas intensa y pesada, por no hablar del corazón.

Estuvo media hora así, sobándome y frotando todo su cuerpo contra el mío. Pensé que el cinturón reventaría con tanta presión. Al cabo de un tiempo y a pesar de no tener una erección, eyaculé e inmediatamente puse mis manos encima de mis partes y me bajé de la cama, para evitar manchar.

-¡Oh mirale, aún así puede correrse!

-Si princesa, aunque ha sido difícil.

-Lo se, solo yo puedo conseguirlo.

-Si princesa, quizás debería limpiarme un poco.

-De eso nada monada.

-Pero tengo las manos empapadas.

-Por eso mismo, vas a chupar tus dedos uno a uno para hacerme gozar a mi también.

Obedecí, chupé mis dedos y lamí toda mi mano. Fue repugnante pese a que fuera mi propio semen, hubiera preferido no hacer este tipo de cosas pero que le vamos a hacer.

-Vale ves a lavarte las manos y eso..

Una vez todas las zonas afectadas anteriormente limpias volví a donde estaba ella, sentada en su cama.

-Vale ves a poner una pizza en el horno, voy a comer.

Fui a la cocina, abrí la nevera y puse su pizza en el horno unos diez minutos, acomodé el salón pero me dijo que quería comer en su dormitorio, viendo la tele y estudiando. No se si es verdad eso de que las mujeres pueden hacer dos cosas a la vez e incluso tres cosas pero en su caso si que lo hacía.

La traje la pizza, un vaso de agua con gas, sus cubiertos y servilletas en la bandeja. Quiso que hiciera las funciones de mueble, sujetando la bandeja a su altura para que ella pudiera comer tranquilamente. Antes de empezar a comer miró toda la pizza y como es tan delicada para todo, quitó todo lo que no la gustó, estilo queso demasiado derretido, trocitos de perejil y tal. Adivinad donde puso todo eso, encima de mi cabeza en mi pelo.

Fue algo muy bien pensado por su parte, me sentí muy humillado, al terminar de comer (después de tres cuartos de hora) tenía los brazos tan cansados que me dolían y todo. Cuando por fin acabó su plato como no dejó todos los bordes de la pizza porque no la gustan, puso el plato en el suelo.

-Venga, aquí tienes tu comida.

-Gracias princesa, muy amable.

-Mira si soy buena contigo.

-Si princesa, eres un sol, muchas gracias.

-Cierra el pico y come.

Me agaché hasta llegar al plato y comí los bordes, algo es algo por lo menos me permitía tener algo en el estómago, porque desde que salía de mi casa hasta que volvía muchas veces no comí ni bebía nada.

Cuando terminé me dijo que me apartara, se apartó en pelo de la cara y escupió unas cuatro veces en el plato.

-Tu postre, pasa la lengua por todo el plato.

-Si princesa, muchas gracias.

-Ya les gustaría a muchos tener estos menús.

-Si princesa, desde luego.

-Luego te daré merienda, iremos a ver que hay en la basura.

-Si princesa, muchas gracias.

Muchas gracias los cojones, que remedio tenía, estaba yo como para contradecirla. Lamí el dichoso plato hasta no dejar ni una sola molécula encima. Se lo enseñé y me dijo que volviera a llevar todo a la cocina.

Quiso echarse un rato por lo que aproveché esa hora y media para poner orden por la cocina y limpiarla entera. Sus padres deberían estar la mar de contentos con ella, supuestamente Jenni era la que limpiaba toda la casa, con razón la daban tanto dinero para sus cosas aunque de todas formas se lo daban o mejor dicho, no les quedaba otra.

Al despertarse miró su agenda de Louis Vuitton y vio que a las cuatro tenía hora al salón de belleza, al esteticista vamos. Cogió sus cosas y me dijo:

-Vuelvo sobre las 18:00h tu ves haciendo cosas, si te aburres pues improvisa ves avanzando.

-Si princesa, te espero aquí que tengas una buena tarde.

Se marchó, me sentó como una patada en el culo, estaba muy decepcionado no me hacía ni puta gracia quedarme solo todo ese tiempo. Fui haciendo cosas, básicamente tareas del hogar pero aún así cada segundo sin ella era molestia pura y dura. Decidí ir corriendo a comprar la pulsera de por la mañana, cogí unas llaves que habían de repuesto en la entrada que no eran de nadie.

Volví a su casa y recé para que esas llaves efectivamente fueran tanto del portal como de su casa, gracias a dios si. Escondí la caja debajo de su almohada. Me aburrí tanto que hasta canté saetas, vino a las 18:10h bastante contenta.

Fui a que me diera todas sus cosas para luego yo colgar su abrigo y guardar su bolso. Se sentó en su cama y me dijo que cogiera el cepillo para pasárselo por el pelo.

-¡Estoy tan contenta, me he hecho las cejas, la depilación de las piernas, las uñas, todo!

-Que bien princesa, aunque yo siempre te vea divina es verdad que has vuelto como nunca.

-Anda, exagerado.

Os juro que cada vez que la peinaba no encontraba ni un solo enredo, ni un solo cabello que no sea idéntico a los demás, su melena es pura seda. De allí a que esté todo el santo día con el pelo.

Cada vez que tenía momentos privilegiados con ella, al verla tan de cerca y tan hermosa me montaba mis propias películas en mi cabeza, que era su novio, que la estaba peinando, que se iba a girar pidiéndome un beso y muchas mas cosas.

Yo no paré de peinarla hasta que me lo dijo, desgraciadamente al pasar tantas veces el cepillo por su larga e interminable melena la di un tirón porque al parecer un cabello se había enredado en el cepillo. Debo admitir que temí por mi vida cuando me di cuenta, su reacción fue agresiva. Se giró pero la tapé la boca con mi mano y nos reímos.

Nos hizo mucha gracia, dejé mi mano sobre su boca un rato mas y al ver que estaba a gusto di un beso sobre mi mano simulando darla un beso a ella, se lo tomó mas que bien.

-Puedes dármelo si quieres, me gusta como besas.

-¿Lo dices enserio?

-Bueno pues si no quieres…

Fui directo al grano para no perder mas tiempo y evitar que se fuera por otro camino, la verdad fui un poco rápido y no la gustó nada, me giró la cara.

– Sí? ¡No seas tan rapaz!

-Lo siento princesa, era por si cambiabas de idea.

Volví a empezar desde el principio y esta vez lo hice todo bien, no insistí mucho por no agobiarla ni que pensara que estaba abusando. Solo nos dimos unos tres besos bastante agradables. Sus labios son mi perdición, son una maravilla, son como algodón de azúcar.

-Como se nota que no has tenido muchas novias, besas como un niño osea con mucho corte, pero a mi me gusta tiene su lado cuco.

-Si princesa, no he tenido la suerte de conquistar a medio mundo como tu.

-¿Vas a seguir hablando o quieres seguir?

Esta vez fue ella quien tomó la iniciativa, me cogió el cuello de la camisa y tiró hacia ella, esta vez no fueron tres picos como antes, me comió la boca literalmente, Jenni es intensa en todo lo que hace, con ella todo es extremo.

-Ves, así es como debes besar a todas las chicas, cuanto mas te cortes menos se quedarán contigo.

-¡Pero si yo no me quejo, no busco novia!

-Bueno pero es un consejo, si a mi me viene un tío a besarme con corte le pego una ostia.

-¿Entonces?

-Pero contigo es diferente, me gusta.

Eran casi las 19:30h cuando terminamos de besarnos, fue muy apasionado e incluso hoy día sigo recordando con mucha ilusión ese momento.

-No quiero que estés hasta tan tarde, ves a casa anda.

-Por ti estaría hasta las doce.

-¿Solo?

-Bueno entonces por ti estaría meses sin salir de aquí.

-Anda vete.

No quise insistir por lo que cogí mis cosas y me fui. Al llegar a la calle la llamé y la dije que fuera a ver debajo de su almohada pero no hablé mas, colgué.

Al llegar a casa fui corriendo a abrir el facebook y tenía un mensaje suyo.

-¿Como has ido a comprarla?

-Cuando no estabas, cogí el par de llaves que hay en el vestíbulo.

-¡Anda, que listillo!

-Si, para que veas, no has sospechado nada.

-Pues no, pero la pulsera no me la pienso quitar.

-En cuanto tenga algo mas de dinero te compro el collar a conjunto.

Seguimos charlando toda la noche hasta que no pudimos resistir a la almohada. Yo nunca me despedía el primero, siempre esperaba a que ella me dijera que se iba a acostar.

El martes no nos vimos en todo el día, por la mañana fuimos a clase y por la tarde me dijo que no podía quedar. Fue un día bastante relajado para mi, pensé que lo iba a pasar mal pero al final me gustó y todo. Claro que el tener a Jenni cerca es mucho mas agradable pero por un día no me iba a morir.

Aproveché para hacer todas las cosas pendientes que tenía así como para pasar mas tiempo con mi madre, fuimos a dar una vuelta juntos, a comprar. Hablé con ella todo el día e intentó por todos los medios sacarme información pero no la dije nada, mantuve mi postura y la dije que si estaba tan ausente últimamente era porque quedaba con un amigo para los trabajos de clase y estudiar.

Miércoles, ese día fuimos a clase y sobretodo ella porque tenía que entregar el trabajo que hice el sábado para ella. Quedamos a las 14:30h en determinado lugar para ir a almorzar juntos. Evidentemente llegué antes que ella.

Nos fuimos a una terraza que había por el centro no muy lejos de su casa, pidió una ensalada y yo con todo el remordimiento no pude comer, me lo prohibió. Hacía bastante bueno, mucho sol por lo cual era perfecto.

Mira que no me gusta la ensalada para nada, pero tenía tanta hambre que hubiera podido catar un poco. No la gusta hablar mientras come, por lo cual estuve contemplándola todo el rato que hiciera falta. Al acabar de comer se limpió la boca con la servilleta que había puesto sobre sus piernas y dijo:

-¿Has comido bien?

Antes de que reaccionara se echó a reír eufóricamente, no me hizo ninguna gracia la verdad.

-Joder que soso eres por dios.

-Bueno pues si, he comido bien.

-¿Te apetece fumar?

-La verdad es que si.

-Pues entonces te contentarás con mirarme.

La propuse fuego y se encendió su cigarro. Me pidió que me acercara un poco varias veces para echarme el humo en plena cara, se burlaba un poco y miraba muy curiosa mi reacción.

-¡Mira, todavía no me he quitado la pulsera!

-Es casi tan divina como tu.

-Si, me encanta.

-Bueno por lo menos tendrás algo que te recuerde a mi cuando no esté.

-A que te refieres.

-Hombre digo yo que con 60 años quizás ya no nos veamos.

No comprendió muy bien lo que quería decir así que como siempre se cerró y no dijo nada mas, vi como hacía muecas con esos labios tan carnosos y tan tentadores.

-¿Princesa, te has mosqueado verdad?

Se quedó muda y no dijo nada, intenté hacerla reír un poco pero nada. Me levanté y fui a su lado, me puse casi de rodillas, es decir con las piernas flexionadas y puse mis manos en sus piernas.

-Oye no te pongas así por todo, con lo mona que estas como te pones tan seria..

Siguió ignorándome, lo que hice a continuación fue muy osado pero dio sus frutos. La cogí las manos y la pedí que se levantara unas cuatros veces, me echó una mirada demoníaca y se levantó, me senté en su silla y la senté en mis piernas.

Me acerqué a su oreja porque la encanta cuando la dices cosas al oído, es como mas privado. Me acordé de un viejo piropo que mi padre siempre decía, entonces lo utilicé para intentar aunque sea que sonría.

-Princesa, si la belleza pagara impuestos, no veas lo arruinados que estarían tus padres.

Con eso debo decir que di fuerte, no pudo evitar sonreír y mirarme, me quedé hechizado viendo esos ojos tan grandes y tan intensos.

-Princesa, no sigas mirándome porque me sangrarán los ojos.

-¿Pero como eres tan tonto?

Apreció mucho el humor pero sobretodo los halagos, cada vez estaba mas cómoda y se arrimaba un poco mas. Yo la puse una mano en la espalda para que estuviera mas a gusto, aproveché para acariciarla.

Pasó un grupo de cinco adolescentes de unos 18 años y como no, estando aún a diez metros miraron a Jenni. Mediante se iban acercando, cada vez la miraban mas, se dio cuenta y me miró.

-¿Quieres que te eche un cable?

-¿Como?

La verdad la miraron muy groseramente, en plan vulgar. Jenni esperó que nos vieran en primer plano y entonces me cogió por debajo de la barbilla con su mano y se acercó. Me dio un morreo como nunca antes me había dado.

No miré a los chavales puesto que estaba ocupado comiendo la boca a mi diosa, aunque es de lógica que se estarían muriendo de la envidia. Fue tan intensa mientras me besaba que la gente empezó a mirarnos, yo no la frené ni mucho menos pero la costaba un poco parar, aunque no me molestó para nada, todo lo contrario.

Cuando terminó con la masacre, me miró y se echó a reír. No entendí lo que pasaba entonces sacó de su bolso el famoso espejo que lleva siempre encima para pintarse y me lo puso enfrente. Tenía toda la boca llena de pintalabios rosa. Cogió su servilleta, la mojó un poco con su lengua y me la pasó por la boca, debo reconocer que eso fue muy picante.

-Venga que ya no tienes rosa.

-De eso nada, déjame el espejo que yo me vea.

-¡Que no tienes mas!

Insistí y me miré al espejo, ya no tenía pintalabios pero como la gustan tanto las “bromas” un tanto pesadas preferí asegurarme. Fui a pagar y caminamos muy tranquilos hasta su casa, llegamos a las 16:00h.

Nada mas llegar empezó con un juego que me gustó bastante, quiso que la llevara en brazos hasta la alcoba y una vez sentados en la cama, me quitó toda la ropa lentamente, la doblegó y la dejó sobre la cama.

Ella también se quitó la ropa solo que no me dejó hacerlo a mi, se la quitó ella misma porque no la gusta ser objeto de nadie, cosas de ella en fin. La cuestión es que una vez en ropa interior me llevó hasta la ducha y cerró las puertas.

Quiso que nos ducháramos juntos, evidentemente yo no puse pegas al asunto todo lo contrario estaba en un sueño. La enjaboné todo el cuerpo, no la besé hasta que no me dio permiso y hasta que ella no tomó la iniciativa. Fue un momento irrepetible la verdad, cada vez que teníamos ratos parecidos rezaba para que no acabaran nunca y que el tiempo se detuviera.

-¿Vas a querer mas?

-Lo que tu quieras preciosa.

-No se, suplícame.

Me puse de rodillas en la ducha y besé sus piernas, bajé hasta sus pies y la supliqué desesperado que me dejara hacerla el amor. La verdad se lo pensó un poco pero creo que lo hizo para preocuparme.

-¿Que voy a ganar si te doy permiso?

-Pues un momento único.

-Vamos ni que fueras Brad Pitt.

-No pero te aseguro que te acordarás de por vida.

Al escuchar se ablandó en un sentido, desabrochó la cadena de su cuello y me dio la llave para que pudiera quitarme el cinturón de castidad. No os quiero ni contar el rato que pasamos, fue todo gritos y placer autentico. Apenas descansamos fue todo muy intenso, me dejó agotado.

Salió de la ducha y fue a por su albornoz blanco, se lo puso y cogió una toalla para su pelo. Yo por mi parte me sequé con otra toalla en cuestión de segundos, me la puse alrededor de la cintura y fui con ella en su dormitorio.

-Vas a tener que hacerme el pelo.

-Si princesa, con mucho gusto.

Hice de peluquero una hora y pico, peinar, secar, alisar y volver a peinar el pelo. Como no soy un profesional en esto al acabar siempre se daba un repaso ella misma mirándose al espejo.

Ya sería o eran las 18:30h, me sentó muy mal que el tiempo pasara tan rápido.

-Este fin de semana quiero pasarlo en un hotel otra vez.

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-Si princesa solo que el dinero va a ser un problema.

-Eso no son mis asuntos, apañate y haz una reserva divina.

-Vale, lo intentaré princesa.

-No me sirve que lo intentes…

-Quiero decir que lo haré princesa.

-Eso está mejor, tu mismo.

Me dijo que me fuera a las 19:00h porque quería estudiar. Solo me dio tiempo a vestirme y secarme bien el pelo. Al irme quise darla un beso, no me dejó y entonces quise darla un beso en la mejilla pero tampoco cedió.

Me fui a casa y pasé una noche bastante relajada, sin prisas, tranquilo. También estaba un poco molesto porque el día siguiente no nos íbamos a poder ver en todo el día.
Dedicado a todas las chicas que les gusta dominar.

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