Una panadera muy golosa

Panadera golosa gorda
Relato panadera golosa

relato panadera golosa panadera golosa

La panadera golosa Rosa, desde ese día sí que creí a Jose, mi colega, hasta entonces me parecía todo una fantasmada suya, cuando me decia que donde compraba el pan, había una tía con las tetas como carretas y toda caliente, que parecía que se lo quería follar, y vaya si fue cierto.

En ese momento acababa de llegar Jose, que traía el pan para hacer los bocadillos, para irnos a la biblioteca. A él le gustaban los relatos porno tanto como a mí, y me parece que éste, éste iba a ser el mejor de los cuentos eróticos jamás escritos.

– Si que has tardado, ya era hora, Jose. He estado a esto… – dije aproximando el dedo índice al pulgar – de marcharme.

Relato de la golosa Rosa
Relato de la panadera golosa

– Tío no te lo vas a creer, la panadera me ha tirado los tejos.

– Te calientas rápido, asi que no te calientes, no te calientes.

Su mayor defecto era que se calentaba con demasiada rapidez, por algo le llamábamos “Picha-Brava”.

– Lo se; pero te puedo asegurar que la muy puta se me insinuó.

– No me digas.

– Piensa lo que quieras, llevaba un escote que quitaba el hipo, se me puso delante y me enseño las domingas, parecen dos cantaros, si no es porque su marido estaba allí…

– Seguro que son imaginaciones.

– No son imaginaciones, tiene unos cuarenta años, te aseguro que esa tía quería plan.

Después de aquello no volvimos a hablar de la panadera hasta que un mes mas tarde, fui a buscar a Juanjo a su casa, estaba solo.

– Tío, te acuerdas de Rosi.

– ¿Rosi, quién es Rosi?

– Si la panadera, que estaba jamón, jamón, menuda tiarrona

Rosi o Rosa, la panadera golosa

Sonreí, normalmente Jose era muy persistente cuando le gustaba una mujer.

– La recuerdo.

– Pues… estuve yendo allí, a la panadería, un día llegué a la hora de cerrar, su marido no estaba, me dijo que me esperara.

– Y tú te esperaste.

– Claro. Cerró la panadería, y nos fuimos a la parte de atrás. Me enseñó las tetas, eran grandes, con unos pezones que parecían chupetes. Me hizo que se los chupara.

– Si y que mas.

– Se subió encima de la mesa, se quito las bragas y me hizo que le comiera el coño. Sabia a pan, el coño sabia a pan, estaba riquísimo.

Miré a mi colega, era de los que solían exagerar, pero nunca fantasear cuando se refería a mujeres.

– Le metí la polla hasta dentro, una y otra vez esa mujer es insaciable la muy perra, tras su primer orgasmo me pidió que siguiera, que se la metiera por el culo, le di la vuelta, menudo pandero, uf, cuando me fui a correr se lo dije pero no le importo. La llene de leche. La muy guarra no estaba satisfecha me cogió la polla y me la chupo hasta dejarla totalmente limpia. Es una calentorra de cuidado

– Te lo has inventado, es mentira

– No me lo he inventado, su marido no la satisface y necesitaba a alguien, te lo voy a demostrar.

– ¿Cómo?

– Mira, su marido los martes al mediodía se va, no vuelve hasta la noche, yo he estado yendo todos los martes

– Hoy es martes.

– Si, hoy es martes, efectivamente. La semana pasada me confesó que tiene una fantasía.

– ¿Que fantasía?

– Quiere que se la follen dos tíos, yo soy uno y tú puedes ser el otro.

– Estas loco.

– Eres un acojonado, hace un momento no me creías. Y ahora me dices que estoy un loco. ¿Puedo contar contigo?

Dudé, pero si quería saber si decía la verdad tenia que ir con el.

– Vale me voy contigo.

Fuimos a la panadería.

– Lo vamos a hacer en la panadería.

– No en su casa, esta justo encima de la panadería.

– ¿Se entra por la panadería?

– No, no, se entra por la puerta de al lado.

Llamamos a la puerta, nos abrió una mujer supuse que seria Rosi, la panadera. Yo esperaba ver a una mujer entrada en kilos, y lo que tenia delante era una mujer con una figura despampanante, eso si como había dicho con un par de tetas impresionantes.

– Pasar, poneos cómodos, Juanjo, este es tu amigo.

– Si Santi.

– Buenas tardes, señora.

– Muchacho, no me llames señora, soy Rosi, simplemente Rosi o Rosa, lo que más te guste.

Estábamos sentados en el sofá, Rosa se arrodillo delante de nosotros, comenzó a sobarnos los paquetes, primero desabrocho los pantalones de mi colega Jose, le acaricio la polla, tiene un buen nabo, como yo, se iba a poner las botas, pensaba, y después me desabrocho los pantalones a mi y me agarro la polla.

– Que ricas dos pollas para mi.

Primero me chupo la polla a mí y después a Juanjo. Se levanto.

– Venir vamos a la habitación, estaremos mas cómodos.

La seguimos, nos llevo a su habitación.

– Desnudaros quiero veros desnudos.Quiero ver como os cuelgan esas pollas, que por lo que veo son más que generosas.

Mientras nosotros nos desnudábamos ella hizo lo mismo, como dijo Jose tenía dos cantaros por tetas y los pezones eran grandiosos, parecían boquillas de biberón.

Cuando estuvimos los tres desnudos ella se situó entre los dos, se agachó y comenzó a chuparle la polla a Jose, yo veía como se le engordaba, y la tia chupaba y chupaba, y después a mí, como hiciera cuando estábamos en el salón sentados en el sofá.

Así que unos minutos después, cuando las pollas estaban bien lubricadas se tumbo en la cama.

– Muchachitos, venid a aquí cada uno a un lado.

Nos acercamos, y nos tumbamos junto a ella, nos ofreció sus tetazas, y ambos nos enganchamos a sus pezones chupando, los gemidos de ella eran como bramidos.

– Chupar mis niños chupar, chupar a mama que está deseosa de nenes con pollas grandes y duras.

Jose fue el primero en soltarse, se coloco entre sus piernas y le metió la polla hasta dentro de un empujón, mientras yo le manoseaba las tetas.

No tardo mucho en alcanzar un orgasmo, Jose se quitó de entre sus piernas y entonces me puse yo, quería montar a esa perra de panadera y en su propia casa, y al igual que hiciera Jose le metí la polla de un empujón en seco. Él se arrodillo delante de ella, acercando su polla a la boca de Rosa, para darle de comer a la golosa.

– Chupa guarra, chúpamela.

Yo creía que esas palabras hasta la o le disgustarían, pero qué va, la muy puta puso más cara de caliente. Le cogió el nabo y se lo metió en boca de un tirón, y no lo tuvo que repetir le cogió la polla y comenzó a chupársela, mientras yo seguía empujando. Solo con mirar cómo la chupaba la panadera aún se me ponía más dura metiéndosela. Menuda guarra, Jose tenía razón. Con un nuevo orgasmo de ella, hicimos un parón. Nos situamos a su lado, yo metí mi mano en su entrepierna, acariciando su clítoris, Jose hizo lo mismo, metio su mano en la entrepierna, para meterle dos dedos en la vagina. Su coño era negro, negro.

– Si dios que a gusto, pero quiero las dos pollas, una por delante y otra por detrás. Dad gusto a esta perra, mis nenes, que estoy muy caliente!

– Ponte sobre la polla de Santi– dijo mi colega, para que se pusiera encima de mi, la panadera golfa.

Rosa se levantó y se puso sobre mí y se dejo caer lentamente, quedando empalada, empotrada sin moverse, noté todas las paredes caliente de su coño, de insaciable panadera; sus tetas me tapaban la cara, no veía nada, solo su calor, su coño mojado, y ese olor a hembra en celo y bien putona. Lo cierto es que nunca he estado con una mujer así, ni ninunga de mis novias que he tenido, me han puesto tan caliente. Jose comenzó a lubricar el ano de Rosa, le abrió las nalgas y metió su lengua. La panadera estaba excitadísima, no dejaba de gemir, de entredecir, dame más, quiero más,…uf, demasiado escuchar a una mujer como ella, decir eso. Hasta llegar el punto de gritar, y pedir, dame polla nene, la necesito y por detras, me pica dame tu crema, asi que cuando Jose le metió la polla en el culo. Sin contemplaciones. Durante un buen rato estuvimos así. Ella lo único que hacía era ponerse más en posición, y dar facilidades para ser jodida por el culo.

– Estoy a punto de correrme.

– Espera quiero que te corras en mi boca.

Jose se aparto, Rosa se giro dándome la espalda, pero se volvió a ensartar en mi polla, solo quería nabo la muy perra insaciable, se dejo caer para llegar a la polla de Jose. Se metió su polla en la boca y comenzó a chupar, unos minutos después.

– Ya, me corro, traga guarra toda mi leche.- Jose la quería ver engullendo, tragando su leche, era un morboso y ella una puta sometida por viciosa.

Estaba Rosa tragando la leche de mi colega cuando yo me corrí, sin resistir más, al ver toda la escena.

Estuvimos unos minutos en silencio, Rosa termino por levantarse. Toda follada, viciosa, satisfecha de nabos.

– No ha estado mal, mejor de lo que yo pensaba, deberemos repetirlo. ¿No os parece? – uf, oir eso de una hembra así, aún se me reacciona el nabo, solo de decirlo.

Tanto Jose y yo, comenzamos a vestirnos.

– Se os ha comido la lengua el gato.

– No se… Rosa, es demasiado – dije.

– ¿Volveréis?

Jose afirmo con la cabeza, y yo simplemente encogí los hombros.

Nos marchamos en silencio. Ya en la calle.

– Te lo dije, esa tía es una calentorra.

No le dije nada simplemente seguí andando.

El jueves pasaba cerca de la panadería decidí entrar, mi curiosidad era conocer al marido de la panadera, cuando ella me vio se puso nerviosa. Simplemente pedí el pan. Entonces ella hablo.

– Cariño no me encuentro bien, voy a subir a casa.

Salió justo delante mí, ni me miro, yo tampoco. Pero al pasar junto a ella, había abierto la puerta. Era una señal, ¿quería polla otra vez? La respuesta es sí.

– Entra, deprisa.

– ¡Tu marido!

– Aun estará en la panadería un par de horas.Necesito polla cariño, mi nene, ven aquí.

– Cuando me has visto te has puesto nerviosa

– No. ¿Por qué me iba a poner nerviosa?

– Pensaste que iba a decir algo.

– No, habrías dicho algo.

– No. Me pareciste nerviosa.

– No era nerviosismo, era excitación.

Se acerco a mí, mientras nos besábamos me acaricio el paquete. Se me puso, como ahora mismo, solo de ver lo necesitada que estaba.

– Vamos al dormitorio.

Fuimos al dormitorio, nos desnudamos y nos tumbamos en la cama, me enganche a uno de sus pezones, chupándoselo una y otra vez, ella gemía. Metí, mi mano en su entrepierna, estaba muy húmeda, acaricie su clítoris.

– Jose me ha dicho que tu marido no…

– Calla y fóllame. Solo quiero que me folles.

Me situé entre sus pierna, agarre mi polla y con ella acaricie su clítoris y sus labios vaginales, la puse en la entrada de su vagina y se la metí lentamente, ella entrelazo sus piernas en mi espalda, me acercó el coño para acoplarselo, quería más mi polla, que yo su coño, era ella la que buscaba el nabo gordo. Haciendo que se la metiera de golpe y profundamente. No tardo en alcanzar el orgasmo.

– No te pares sigue, quiero sentirte dentro. Quiero tu leche. Dame leche mi cabron, no puedo más.

Cuando me dijo eso, le di caña, por golfa. Seguí empujando, hice que pusiera sus piernas en mis hombros, hasta que me corrí haciendo que alcanzara otro orgasmo.

Me deje caer a su lado, ella se giro quedando de lado apoyada sobre mí, una de sus grandes tetas sobre mi pecho.

– Hace casi veinte años que me case con mi marido los primeros años fueron de ensueño, pero hace unos cinco años todo cambio, cada vez lo hacíamos menos y este último año ha sido el peor. Sera mejor que nos vistamos. Solo pienso en pollas grandes, y en notar como me joden. Como lo has hecho ahora mismo cariño.

Me vestí y me marche, aquella tarde cuando vi a Jose no me atreví a contarle mi encuentro con Rosa, la panadera golosa, era como una traición.

Comparte:
Citas discretas