Relatos transexuales travestis

Viendo con mi primo vídeos de trans

Esto pasó durante este verano, del 2016. en la costa alicantina, tiempo que compartí mi cuarto con un primo lejano de 18 años de edad.

A veces fantaseabamos con las tías que tienen polla, travestis,  como ésta, y nos pasábamos el vídeo por whatsap para verlo juntos, nos ponía cachondos aunque no llegamos a imaginar lo que entre nosotros, pasaría, mira el vídeo de esta morenaza con polla, en el minuto 40 cuando se da la vuelta

Demasiado no?, vaya pibonazo, más que nada y por las tetas, es difícil ver a trans de ese estilo, en fin, lo que iba diciendo…

De esta manera, él vio descubrió que yo me vestía con la ropa que ya no usaba mi hermana cuando se fue casa, una independiente emancipada. Me prometió que no le diría

a nadie que me vio vestido de mujer, pero con la condición que me vistiera como niña solamente para él.

Entonces yo acepte el trato. En la noche cuando ya estuvimos solos en la habitación que compartiamos temporalmente me puse la ropa de niña. Me vestía nervioso por que

sentía como si su mirada me debilitara y hacía que mis piernas temblaran.

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Y le dije: “Ya está”.

“Todavía te falta algo”, para ser, pensé como los travestis… me contestó. Tomó unas calcetas del cajón y rellenó el sujetador que me había puesto para simular los senos.

“Ahora si pareces una mujercita”, me dijo casi susurrando. Yo le sonreí con nerviosismo. Él me veía de pies a cabeza y poco a poco el miedo que yo sentía se fue

convirtiendo en una sensación que no puedo describir, una sensación tan intensa de erotismo que me provocaba escalofrios por momentos.

Me agarró y me dirigió a la cama, en seguida yo me negué. “Sshh, tranquilo que no pasa nada”, me dijo.

En ese momento mi primo se sentó en la cama donde él dormía e hizo que yo me acostará a lo largo. Yo estaba extasiado y dejé que me manejara a su antojo. Comenzó a

tocarme por sobre la ropa. A esa edad yo era totalmente lampiño, mis piernas y nalgas habian tomado, a mi criterio, una forma femenina que se pronunciaba por mi cuerpo

delgado de piel blanca. Mi primo en cambio, era de piel menos clara que la mia y de cuerpo de tendencia atlética. A pesar de tener solamente 18 años se notaba que

sería un hombre muy guapo.

Sus manos incansables recorrían desde mi espalda hasta mis rodillas como si me quisieran devorar. “Ya no, ya fue suficiente primo”, le dije.

“Si no quieres que le diga a todos los muchachos de la colonia lo que ví, vas a comportarte como toda una mujercita”, me dijo.

Yo solamente asentí con la cabeza y deje salir un suspiro de lo más profundo. En ese momento comprendí que no había marcha atrás y que yo estaba sometido a mi primo

desde el instante en que acepté nuestro acuerdo.

Mi primo se levantó a apagar la luz dejando solamente una pequeña lámpara que manteníamos sobre el gavetero. “No te levantes”, me dijo en voz baja.

Se acomodó en el centro de la cama y me acostó sobre sus piernas para tocar mis nalgas. El vestido que me había puesto era de una sola pieza color blanco, como los que

usan algunas colegialas, se abotonaba en el pecho y la falda me llegaba hasta las rodillas. Me había puesto unas calcetas largas color blanco. El brassier era de un

tono de rosado, pero la tanga era color negra con un estilo que parecía encaje. Todo me quedaba casi perfecto como si fuera para mi talla.

Subió la falda y comenzó a acariciar las nalgas y muslos. “Que trasero tienes… Si pareces toda una señorita”, me dijo.

Mi respiración estaba agitada pero fuí relajándome poco a poco y a disfrutar de la sensación de erotismo que se volvía más intensa a cada segundo. Sacó sus piernas de

debajo de mi y se acomodó a mi lado. Acercó su boca a mi oido y me dijo: “Te vas a vestir así siempre que yo te diga… Oíste?”. Yo solamente pude hacer un gesto de

resignación.

Levantó la cadera y yo ví cuando se bajó la ropa interior hasta las rodillas dejando al descubierto su pene ya un poco duro. No pude esconder mi admiración, era el

primer pene o polla que veía.

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Mi pene era demasiado pequeño a comparación de la verga de mi primo, que no era tán grande como la de un hombre adulto, pero que para mí en ese momento me parecía

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Mi primo me hizo suya

impresionante.  Como los travestis. Hizo que me acostara con la cara sobre la almohada y él se acostó casi encima de mí con su pecho sobre mi espalda.

Pasó el brazo debajo de mi cuello y agarró mi hombro izquierdo, su boca terminó posandose cerca de la oreja en ese mismo lado. “Tú quieres ser niña verdad… yo te voy a

tratar como a una niña”, me dijo. Con la otra mano me subió frenéticamente el vestido hasta el estómago y en seguida comenzó a masturbar su pene con la mano. Yo

intentaba ver que era lo que sucedía de nuestra cintura para abajo pero no lograba ver nada.

Entonces de pronto mi primo empezó a frotar su pene contra mi trasero mientras su mano exploraba mis nalgas y caderas, se masturbaba contra mí y su respiración se

volvía agitada por instantes, constántemente acomodaba de nuevo la verga sobre los muslos o entre mis nalgas y continuaba.

Se me hacía muy dificil ver su pene o más bien polla, porque era grande, en esa posición, la deseaba ver. La tomé con la mano, y para mi sorpresa, se habia vuelto más

grande y más gruesa de como la había visto al principio.

“Te gusta?”, preguntó mi primo. Yo solamente pude contestarle con un suspiro de asombro. “Agarrala y no la sueltes”, me dijo.

Yo la apreté con la mano e instintivamente empecé a masturbarla, mi primo se separó de mí y se apoyo sobre sus rodillas y piernas como flexionándose.

Empezó a mover su pene mientras yo la tenía en mi mano. “Apretala… no dejes que se te salga de la mano”, me dijo y seguimos así por un rato. De repente me apartó la

mano y se colocó rapidamente de rodillas con mi trasero entre sus piernas mientras se masturbaba, “Ahhh”, decía mi primo dando unos suaves gemidos. Un chorro de leche

cayó en mi espalda y terminó de descargar encima de mis nalgas suspirando profundamente.

“Ahhh… mi niña, que linda eres”, me dijo besando mi nuca.

Despues me dijo: “Amor ahora eres mi novia, pero nadie lo va a saber… oíste?”

El día siguiente mi primo se dedicó a visitar a sus amigos expertos en pornografía para conocer más juegos sexuales que pudiera probar conmigo.

Cuando llegó la hora de irse a acostar me dirigí al cuarto para ponerme mi ropa para dormir, mi primo entró al cuarto y me dijo: “Ahora te pones esta faldita… ya

regreso… voy al baño” y me mostró una falda de tela bien corta con paletones que estaba en el cajón.

A regañadientes comencé a vestirme, pero de nuevo el morbo me venció y pense que debía arreglarme diferente esta vez. Me puse otra tanga que había en el cajón también

de color negro pero era de tela lisa. Para rellenar el brassier use unas medias, ahora las tetas falsas parecían más naturales. Pero no encontré una blusa que me

hiciera lucir sensual como yo quería. Para compensar esto me puse unas nylon que me llegaban hasta un poco abajo del trasero. Estaba terminando de vestirme cuando mi

primo entró de nuevo al cuarto, cerró la puerta y puso el seguro. Yo sentí un escalofrío y a continuación un calor que me recorrió el cuerpo completo.

Y mi primo me observaba maravillado. “Que linda te has puesto”, me dijo. Yo en este punto, ya no era para mi primo un muchacho sino una chica que además tenía que

hacer todo lo que el deseara. Se deshizo de su ropa velozmente.

Se sentó enmedio de la cama y me llamó con un ademán. Me dirigí a la cama. “Sube, te quiero ver más de cerca”, me dijo. Subí a la cama y me puse de rodillas. “Que

linda”, dijo mi primo y me agarró de la mano llevándome hacía él.

Hizo que una vez más me acostara boca abajo pero a lo largo de la cama, él se quedó sentado para tocarme todo el cuerpo con ambas manos. Levantó la falda para

descubrime el trasero y abrió mis piernas, sentí que sus dedos exploraban entre mis nalgas por encima de la tanga muy cerca del ano.

Me asusté y quice levantarme. Mi primo me obligó a permanecer acostado. “No hagas ruido, o si no nos van a descubrir”, me dijo.

“Ya no me toques primo”, le dije.

“Si no te dejas le voy a contar a tus amigos que te gusta sentirte como una mujercita”, me contestó con tono intimidante.

De repente apartó a un lado la tanga dejando al descubierto mi ano, era limpio y rosado. Me abrió un poco más las piernas para verlo mejor. “Mmm”, se limitó a decir.

Una sensación de erotismo y temor mezclados llenaba mi pecho y mi respiración se aceleraba. Mi primo besaba mis nalgas y pasaba sus dedos entre ellas. Sentí un escalofrío que hasta hoy me acuerdo.
Espero que os haya gustado al menos un poco, los videos los puse para que gustara más todo, si queréis podré seguir relatando, a mi me pone mucho.

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