La isla de los placeres mortales (Enter the Dame) En 116.000 palabras

Quiero exponer, si ustedes así me lo permiten, un relato que no encaja del todo como fantasía erótica, aventuras, tampoco es del todo pornográfico, ni suficientemente “gore” para definirlo en su totalidad en estas categorías, por lo que haré un resumen, que de tener buena acogida, espero que me lo hagan saber. Por lo extenso del relato les haré llegar los dos primeros capítulos para publicar a futuro los otros 11 de un total de 13, gracias.

Es una novela básicamente de aventuras, escrita en tercera persona, donde se mezcla la realidad con la fantasía llevada más allá del erotismo, donde las pasiones de sus personajes los hacen transgredir todo orden de normas legales, sociales, éticas y sobre todo morales en busca del sexo llevado a límites que solo pueden ser concebidos en sus mórbidas mentes. Aquí el placer sexual tanto en hombres como en mujeres está asociado primordialmente a disfrutarlo a través de la perversión, de la cual existen numerosas propensiones, respecto de las cuales, quien más quien menos, hacen de ellas ocultas fantasías que por razones evidentes la gran mayoría solamente se las puede imaginar, pero que jamás se atreverían a realizar, excepto como decíamos solo en sus mentes, en donde dentro de cada una de ellas se puede tener todo un mundo de placeres prohibidos y por cierto en todos, o al menos en su mayoría si los llevaran a cabo, estos serían totalmente condenables, por decir lo menos.
En esta sociedad todas estas últimas aprensiones son totalmente obviadas, pues se trata de que quienes comparten estos censurados gustos son de una ralea poco común. Para empezar al igual que muchos personajes lideres poseen la seguridad y la soberbia de sentirse por sobre el común de los demás, por otro lado, estas personas sienten total desprecio por el resto de la sociedad, seguros que esta existe para servirles y hacer uso de ella del modo que más les venga en ganas. Naturalmente que esta condición no se obtiene solo con las “cualidades” anteriormente mencionadas, si no que además deben detentar el poder; el cual les resulta fácil de obtener a quienes tienen estos “valores”; con las relaciones precisas, la política y sobre todo el dinero, no necesariamente en el mismo orden.
Ahora con la facilidad con que hoy en día se pueden interrelacionar las personas con gustos afines mediante el abanico de posibilidades que les ofrecen las nuevas tecnologías, no es extraño que estos se hayan contactados para satisfacer mejor sus anormalidades, manteniendo su privacidad y reserva, de tal forma de poder organizarse mediante sociedades como estas, para poder disfrutar sus abyectas fantasías, como son las de sadismo extremo, la cual es su tendencia predominante, que en la mayor de las veces incluye altas dosis de erotismo aportado por bellas y libertinas hembras quienes obviamente provienen de medios amorales y carentes de toda formación convencional, preparadas especialmente para satisfacer los desvaríos y demandas por más abyectas que estas sean, solicitadas por quienes integran esta siniestra sociedad, la que es protegida por los mismos inmorales miembros, que la conforman, actuando totalmente al margen de la ley, protegiendo naturalmente a cada uno de ellos y a las complacientes “damas” que ofrecen sus objetables y peculiares servicios.
Los miembros de esta sociedad se reúnen cada cierto tiempo en diferentes partes del mundo. En esta ocasión se reunirán en una isla del Mediterráneo, la cual es propiedad de un potentado varón apellidado Hermann y de la libertina Kim, quienes realizan en esta localidad unas reuniones en donde se realizan encarnizados enfrentamientos exclusivamente entre mujeres, con desenlaces usualmente fatales, además de otras actividades a fines, con similares cuotas de sexo e infamia.
A estas reuniones se les llama “Eventos”, los que se realizan al anochecer, dos por cada velada, “amenizados” por dos expertas luchadoras a quienes se les conoce como “Gatas” las que enfrentarán a dos disminuidas contrincantes, conocidas como “Ratas”. Por supuesto que no se trata de un evento deportivo, si no de un despiadado juego donde las “ratas” serán manifiestamente derrotadas por las superiores, soberbias y fieras “gatas” al término de un fingido, sufrido y letal combate.
Pierre es el encargado de reclutar por todo el mundo a las gladiadoras llamadas gatas, las que son ocho por evento, por otro lado Osman surte de mujeres que serán castigadas y torturadas por las primeras, el que “disfrutará” un público no mayor a seis personas, quienes luego podrán acordar una cita con una de estas sádicas abusadoras, capaces de ofrendar estas inhumanas exhibiciones con las que logran estimular su libido. Todo esto en medio de intrigas, crímenes e inconcebibles pasiones.

(Cap.1°: Contrato para matar)

Eran minutos antes de la medianoche, el lugar, un club nocturno en el sector del “downtown” en las cercanías del puerto de Miami, en Florida, desde donde se podía oír el sonido característico de las sirenas a esas horas, algunas policiales en posibles alarmas de persecuciones, y otras de vehículos de emergencia que transitaban por las avenidas y calles aledañas al lugar, formando con esto la típica disonancia sonora que acostumbran escuchar los habitantes de las grandes ciudades en las zonas de agitada vida nocturna a estas horas de la noche, y esta no era la excepción.
Los parroquianos del local ya ocupaban los espacios de las primeras ubicaciones, que obviamente eran las más cercanas al escenario mientras miraban el número del momento, que congregaba a un público de entusiastas a los shows de desnudistas y afines, en donde pueden manifestarse mientras se echan un trago o más charlando animadamente.
El espectáculo era un combate del tipo “catfight”, entre una espigada y atlética latina, y su oponente, una madura rubia con características anglo; no muy agraciada, fofa y entrada en kilos, claramente en desventaja física, y en atributos.
La función se realizaba dentro de una jaula formada por artificiales cañas de bambú, con lo que forzadamente trataban de darle un aspecto selvático del tipo cinematográfico, pero para lo que realmente servía, era para evitar el ingreso de los entusiasmados y casi siempre ebrios que querían participar del espectáculo, lo que en algunas oportunidades un grueso referí llamado Miguel se los permitía, para darle un incentivo mayor al vulgar show, además de prolongar el mismo, excusa válida por el tiempo que se demoraban en sacar del escenario a los obstinados parroquianos entre las risas y gritos del resto de los clientes.
En el plató el suelo de la jaula estaba acolchado con una mullida alfombra de brillante pasto, naturalmente sintético, que servía para aminorar los efectos de las caídas de las chicas, del mismo o de un material similar eran unas palmas en las esquinas del recinto, con unos bongos de cartón dispuestos bajo estas. Todo este “creativo” decorado parecía haber surgido de la imaginación de un adolescente entrando a la pubertad, completaba la ambientación del local, la gran humareda producida por los fumadores, a pesar de la reiterada prohibición de no hacerlo dentro del local, además del característico y fuerte olor a cerveza y otros tipos de bebidas alcohólicas que invadía el mismo.
La rubia visiblemente estaba perdiendo el encuentro, la morena en cada oportunidad que tenía la ridiculizaba; parodiando sus torpes movimientos, haciéndole zancadillas, o bien propinándole rápidos golpes en el rostro, y en las nalgas, para acto seguido saltar hacia atrás o a los lados haciendo ineficaz la lenta reacción de la rubia que se esforzaba inútilmente en alcanzarla, provocando con esto, las risas de los espectadores, sobre todo de los que estaban situados a un costado de la barra, que rodeaba gran parte del escenario que se ubicaba en un nivel algo superior, lo cual facilitaba la visión de los habituales al lugar, los que se encontraban un poco más cerca del proscenio, y dada la naturaleza del espectáculo, formaba una necesaria barrera entre el resto de los parroquianos y el escenario.
El show consistía más o menos en la misma y repetida rutina, excepto con algunas variables, dependiendo de la creativa capacidad de las participantes, que la mayoría de las veces, y con muy poca imaginación se arrancaban la escasa indumentaria, para quedar parcial o totalmente desnudas, ya sea una, o las dos contrincantes, momento que esperaban con impaciencia los tolerantes y poco exigentes clientes, estas prácticas se repetían en al menos nueve de cada diez encuentros, cosa que era una motivación extra para mejorar la habitual función, con una que otra ocurrencia por parte de ciertas chicas para amenizar el show.
Los enfrentamientos estaban pactados a tres asaltos, de más o menos cuatro minutos cada uno, la misma duración entre uno y otro round, durante los que el moderador y arbitro se las ideaba para alargar el tiempo de espera, unos cinco o seis minutos más entre cada una de las presentaciones, de tal manera que duraran una media hora, que en lo posible debía cumplirse, para no alterar el programa total, el que tendría que extenderse unas dos horas por función, el que se repetía en tres ocasiones, donde cuatro a seis parejas de muchachas se turnaban para entretener cada noche a los concurrentes, comenzando a las veintiuna horas, de tal forma que los clientes estuvieran lo suficientemente entusiasmado luego de charlar y beber al menos un par de horas antes del inicio del show.
Ahora entre presentación y presentación, las chicas ofrecían otros servicios anexos al espectáculo, bailando para algunos clientes más entusiasmados en una sala privada, como también compartiendo un trago o más, para programar en algunos casos acercamientos más personales e íntimos una vez que las funciones hubiesen terminado.
Las duplas variaban en algunas ocasiones, reemplazando al menos a una de las mujeres del equipo estable por improvisadas contrincantes “Freelance”, las que carecían de la conveniente habilidad (al menos en la lucha) y que se confrontarían a las más experimentadas y atractivas, que eran las muchachas que más atraían clientes, este era el caso de la pareja que estaba presentándose en esta oportunidad, en donde la muchacha latina era parte del equipo estable, por supuesto la más bella y joven, en cambio la blonda era una circunstancial participante madura, naturalmente con poca experiencia.
Ya había finalizado el segundo asalto, y la deslucida rubia apenas si pudo terminarlo, yendo hasta su rincón jadeando y maldiciendo, mientras la probable ganadora instigaba a los entusiastas espectadores a aplaudirla, paseándose y complaciendo a los más cercanos al escenario, acercándose hasta las barras de la jaula para manosearlos atrevidamente y dejar de igual forma que lo hagan con ella hasta donde pudiera controlar el ímpetu de estos fogosos admiradores durante los minutos de descanso, antes de proseguir con el tercer asalto.
La chica morena estaba ataviada con un diminuto y ajustado bikini rojo de los que usualmente se usan en este tipo de shows, la rubia contrincante con una desteñida tenida de color amarillo, la que al parecer no era de su talla, en el entretanto el árbitro se ocupaba de poner en orden a los bulliciosos clientes, a la vez que hacía de interlocutor entre ellos y las chicas, los primeros haciendo solicitudes indecorosas y de mal (o buen) gusto, como de que manera proseguir con mayor descaro, a lo que las chicas les respondían con desvergonzadas respuesta y gritos, según ameritaba la situación.
El ambiente se repetía cada noche en el club, las mismas muchachas, básicamente con la misma clase de parroquianos, salvo algo que rompía lo acostumbrado entre el público asistente aquella noche; había un espectador inusual, el que escapaba a la ralea de individuos que frecuentaba el local, ya sea en su comportamiento, en su apariencia y en su vestimenta.
En la barra, estaba sentado un varón, que como ya se sabe, no era uno de los clientes habituales del Club, un francés llamado Pierre Dupont; de apariencia educada, bien vestido, de porte elegante, las sienes con un entrecano incipiente, y por supuesto con el característico acento galo, el que sobresalía en el lugar tanto como lo hace una mosca flotando en una jarra de leche, el que miraba como buscando en ocasiones algo o a alguien a su alrededor.
El bullicio que se formaba en cada uno de los encuentros; entre el griterío, vítores del público y de los agudos improperios que se hacían las mujeres para estimular a los asistentes de un lado al otro, a lo largo y ancho del lugar , era totalmente ensordecedor, de tal manera que hasta los pensamientos eran silenciados por toda esta algarabía, lo cual era más o menos la típica función, condición que era del total agrado de la clase de personas que cada noche asistían al club, los que sin este acicate, además de otros, no sería tan atractivo ni entretenido para sus básicos requerimientos.
El francés decidió retirarse a un apartado menos animado a un extremo del escenario, en donde se pudiera conversar, no sin antes encargarle al barman que le hiciera llegar una botella de champagne de la mejor calidad que tuviera y que también, le condujera hasta allí a una joven llamada Paula, que con seguridad preguntaría por él, agradeciéndole de antemano el encargo, depositó sobre la barra varios billetes con el retrato de Benjamín Franklin en el anverso de ellos.

A Dupont se le había encargado la tarea de reclutar chicas alrededor del mundo para participar en encuentros muy privados de lucha femenina para un exigente público, para este efecto el francés se contactaba con los managers y participantes de los deportes de contacto, buscando otras alternativas en esta clase de clubes, las elegidas debían cumplir con ciertas condiciones que no eran fáciles de lograr, tenían que ser jóvenes, solteras, sin compromisos, independientes, audaces, hermosas y atléticas, sin ser para nada del tipo hombrunas, ni algo que se le parezca, las cuales no tenían cabida alguna en este clase de justas, estas condiciones y otras eran estudiadas por el francés, para que finalmente en una entrevista personal decidir su incorporación o no, a estos exclusivos circuitos. Este era el caso de la llamada “Paula”, con era el caso de la llamada la cual había quedado de encontrarse en el club a eso de la medianoche, por lo que cuando se aproximaba la hora señalada, el hombre cambió el ángulo de su asiento, para tener una mejor perspectiva del entorno, quedando en alerta.

El francés primero se informaba de todo lo concerniente a las posibles participantes, además de las condiciones anteriormente nombradas; debían poseer arrojo, ser reservadas, audaces, de gran temperamento, y al menos hablar y entender inglés.
Dupont se preocupaba de conocer bien sus orígenes, y sus íntimas tendencias, las que tenían que ser necesariamente compatibles y afines con las actividades que realizarían, las que por ningún motivo deberían entorpecer los intereses de esta exclusiva sociedad, en la que tendrán que ser capaces de estimular a una exigente y extravagante audiencia, la cual a su debido tiempo, sabrá recompensarlas si quedan satisfechos con su participación.
Dupont mientras observaba como se iniciaba el tercer y último asalto, miró la hora, era ya cerca de la medianoche, y aunque no parecía mayormente preocupado, echaba uno que otro vistazo a la entrada del nightclub por si veía alguna mujer con este tipo de características, o la que pudiera parecerse a primera vista, ya que no la conocía, ni siquiera por fotografía, habiendo escuchado tan solo algunos comentarios de ella por boca de terceros, habiéndola contactado más tarde mediante un par de llamadas telefónicas, acordando el día, la hora y el lugar de este encuentro.
Dada las condiciones que la misma muchacha le propuso para proceder al encuentro, aparentemente esta conservaba celosamente su privacidad, lo cual agradó más aun al francés anotando esta un plus más para poder calificar a este selecto grupo de mujeres.
El espectáculo carecía de categoría, inclusive para los menos exigentes, que esperaban en algún momento, un lance excepcional en el que pudiera tener alguna lucidez la rutina escénica, como era la ocasión cuando acordaban entre ellas, quien sería la ganadora, donde las más avezadas practicaban algunas rutinas previas de artes marciales, con lo que aportaban cierta calidad a la función, como para poder entusiasmar al “respetable” público.
Mientras tanto los espectadores abucheaban los decaídos movimientos de la contienda, más aun cuando la inhábil rubia con fingidos gritos hacía aun más fallido y tedioso el espectáculo, cada vez que se producía una simple embestida sin mayores consecuencias.
Al cabo de algunos momentos la morocha advirtió la disconformidad del público, y tomó la iniciativa, haciéndole una zancadilla a su rival, a la vez que la tiraba fuertemente del corpiño, o lo que semejaba serlo, arrancándoselo y lanzándola al suelo, quedando expuesta desde la cintura hacia arriba, lo que produjo las risotadas y un renovado estimulo entre los asistentes, que era lo que quería conseguir la joven y astuta morena.

Pierre Dupont en el night club

La que ahora yacía en el piso con los pechos desnudos, muy molesta y con una mirada hosca, increpó airadamente a la chica del bikini rojo que la había arrojada sobre la alfombra:
-¡Estúpida!,…¡Rompiste mi atuendo!,…¡Te haré pagar por esto!, a lo que la otra parada firmemente sobre la verde alfombra le expresó burlonamente:
-¡Vamos!, entonces por de pronto, empieza levantándote,… porque desde el suelo no creo que puedas hacer gran cosa,… ¡Perdedora!, terminó diciendo la morena, para después soltar una risita, confabulando con él público y buscando la aprobación de este, que ya seducido, aceptaba la moción de la hembra dominadora que poniéndose a horcajadas sobre su inhábil antagonista reía burlonamente, satisfaciendo de esta forma las groseras y obscenas solicitudes de los asistentes.
Una vez sometida a su caprichosa voluntad, la morena empezó con vulgares meneos pélvicos adelante y atrás, mientras tenazmente inmovilizaba a la rubia, tomándola por las muñecas, comprimiéndole entre sus musculosos muslos, la cintura y las costillas de la vencida, en una exhibición de abusiva superioridad, con abiertas intenciones de producir otras febriles sensaciones en la mente de algunos espectadores, lo cual iba más allá de un mero show de erótica fantasía como se suponía que era.
Si bien las reglas eran las básicas, entre ellas; no agarrar ni tirar del cabello, tampoco los golpes de puño, ni usar los dedos y uñas para atacar los ojos, la nariz, o la boca, además de otras cavidades, sin embargo, podían las más experimentadas prescindir de estos recursos, usando tácticas que parecían ser lícitas como; arrojar a la rival contra el piso o a los barrotes perimetrales, aplastando con el peso de su cuerpo, apretando con brazos y piernas las zonas más blandas y sensibles de su opositora, lo cual garantizaba los mismos resultados, o sea infligir castigo y dolor, autorizándoles este accionar a las más diestras de las luchadoras.
Estas actitudes más agresivas, y que escapaban al propósito del espectáculo, se les permitía solo a algunas consentidas del equipo oficial, que realmente disfrutaban esta faena y que deseaban igualmente interesar a quienes gustaban de esta clase de extremos, valorando a las más agresivas y atractivas, contratándolas para que participen luego en enfrentamientos privados muy bien remunerados, más íntimos y permisivos
La fornida y hábil morena sabía de estas ardides y sus beneficios, porque ahora las usaba a placer con la vencida y fatigada mujer, montada alegremente a horcajadas sobre ella, en actitud de soberbia dominación, dedicándose a humillarla, solo por diversión, con un dejo de maldad que evidenciaba en su mirada, cada vez que alzaba la vista para saberse observada por algunos de sus más ardientes admiradores, cuando el desenlace de la contienda, estaba totalmente definido a favor de ella.
El réferi intranquilo por la situación, se dispuso terminar la contienda, sin embargo una parte de la concurrencia animaba a la morena latina, la que gratamente entusiasmada no quería renunciar a su tozuda determinación de proseguir atormentando a su entregada rival, en una absurda conclusión del combate.
El gordo mediador anunció el termino del enfrentamiento, seguramente para evitar una mayor vergüenza y castigo a la extenuada perdedora, que de espaldas en el piso, inútilmente golpeaba con la palma de su mano libre la alfombra en varias ocasiones, en indudable señal de retiro y rendición, sin embargo la vencedora aun así se negaba a terminar con su porfiada actitud, por lo que el árbitro tomándola por uno de sus brazos la levantó, desmontándola, ante la evidente molestia de esta por tal decisión, alentando luego el mismo individuo a que el público aplaudiera, para así dar por terminado el match.
Los aplausos se prolongaron por varios segundos, hasta que la derrotada irrumpió con insultos y gritos, lo que la joven vencedora soportó con estoica actitud. No conforme con esto, la odiosa e irreflexiva rubia le arrojó un grueso escupitajo, que la hábil morena esquivó con un rápido movimiento de sus caderas, a la vez que alzaba una de sus fornidas piernas, y dándose impulso, dibujó en el aire un rápido arco con ella, golpeando con su talón la barbilla de la perdedora, que se fue de bruces al suelo. El árbitro se movió prestamente, tratando de evitar la acción, pero fue tan rápida esta, que antes que pudiera intervenir, la morena ya había dado cuenta de la torpe y grosera mujer.
Los vítores se repitieron, el público estaba más que satisfecho con el número extra, la triunfadora con el brazo sostenido por el referí recibía la ovación, mientras la malparada adversaria era ayudada por algunas compañeras a dejar el escenario una vez recobrada del brutal golpe recibido, para retirarse trastabillando y maldiciendo, sin ganas de enfrentar de nuevo la misma situación.
Pierre de pie, también se sumó a las palmas, notando que por algunos instantes la mirada de la joven se cruzó con la suya, la que luego después de terminados los aplausos, se cubrió con un breve batín, para retirarse del escenario a través de la parte posterior, para irse rodeándolo por el contorno en dirección al francés, entonces este perspicazmente empezó a entender la situación, el porqué del lugar, la habilidad que mostró la morena, su actitud, su mirada y la probabilidad que fuera Paula la chica vencedora del bikini rojo.
-¡Hola…yo soy Paula!…se presentó con alegre voz la joven ganadora, que se aproximó a un par de metros del francés, interrumpiendo sus pensamientos.
La joven estiró su mano hacia Pierre a modo de saludo, este la recibió cortésmente:
-Pierre, un gusto conocerla.
-Igualmente para mí respondió su interlocutora,
-Por favor acompáñeme dijo Dupont indicándole un asiento, para luego ofrecerle algo de beber, a lo que la muchacha contestó:
-Sí por favor, un vaso de agua con hielo gracias, el francés alzó la vista para ubicar a un camarero, pero el barman muy solícito ya enviaba a uno para recibir la orden.

Pierre Dupont era un hombre culto, con ciertas habilidades y por supuesto que así lo entendía también quien le encargaba estos quehaceres, y uno de estos talentos, era conocer muy bien a las personas con tan solo tratarlas en una o un par de veces, casi como un síquico o adivinador, esto le venía muy bien cada vez que tenía que entrevistar a algunas personas, y no solo le era útil en estos asuntos, sino que también para otro tipo de menesteres que le encargaba su jefe; un maduro alemán, empresario, e inversionista de comportamiento muy poco frecuente, de gustos excéntricos por decir lo menos, llamado Karl Hermann, quien tenía por el momento su base de operaciones en una pequeña isla del mar mediterráneo, desde donde administraba todos sus negocios, y también disfrutaba de su centro de inusitadas entretenciones, como lo eran estas lides femeninas, entre otros prohibitivos, extravagantes y costosos “pasatiempos”.

Paula en acción

Paula era todo eso que Pierre podía esperar para alistarla en su nómina de inusuales mujeres, por lo cual después de la entrevista, le propuso directamente, intervenir en estos especiales enfrentamientos, la reunión fue breve, no más de media hora, el tiempo que duró la escaramuza de la dupla de turno en el escenario, la que fue amenizada, por una pequeña asiática y una delgada afroamericana, que a la postre término siendo la dudosa ganadora.
El varón le describió abiertamente la clase de contiendas que se realizaban; cuál sería su participación, lo que se esperaba de ella, y las retribuciones que recibiría si la organización de estas justas quedaba conforme con su participación en ellas.
Las mujeres venían de diferentes lugares, por eso era importante hablar y entender un idioma de uso universal, el inglés se acomodaba a esta exigencia, Paula hacía dos años algo más que estaba en los estados unidos y dado su entorno mayoritariamente anglo, al menos en el medio en que se encontraba, aprendió rápidamente el idioma, aunque no de manera muy fluida ni académica, pero lo suficiente para entender y hacerse entender.
Dupont estaba al tanto de la orfandad de Paula y los efectos que le produjo desde sus primeros años, los que a falta de una figura materna que imitar, y sin haber adquirido una identidad propia, copiaba constantemente el proceder de otras personas con las cuales podía identificarse, por las que sentía alguna admiración según su básica formación, las que eran obviamente mayores y más prudentes que ella, lo cual le entraba en provecho, aunque no fueran estas las mejores figuras a emular, pero que al menos la haría presumir más madura e importante, cuál era su más grande anhelo en aquellos años, en que solo era una flacuchenta chiquilla que la edad le jugaba en contra, su mayor preocupación era aparentar ser más mujer de lo que en realidad era, situación por la que pasan casi todas las adolescentes, y Paula no era la excepción.
Aunque la muchacha no tenía clara idea de sus orígenes, de vez en cuando recordaba algunas escenas vividas en Colombia, luchando por sobrevivir, entre un grupo de pilluelos, fumando “Bazuco” que es un subproducto de la cocaína, naturalmente nocivo, pero que entre otras sensaciones; sacia el hambre, produciendo un falso bienestar de carácter lúdico, y que por el pacto de compartirla produce singulares lazos de amistad.
Un mundo en donde se mesclan las dualidades del hambre y la pobreza, la agresividad y el poder, la violencia y la muerte, entre otras tantas lacras sociales.
Si bien sus recuerdos eran pocos, los hábitos aprendidos en este corto periodo de su existencia, la acompañarían todo el resto de su vida.
Habiendo sobrevivido en su infancia y en su temprana adolescencia a la pobreza y al hambre, con el pasar de los años, esto ya sería una preocupación menos, hacía un tiempo que había aprendido a venderse, solo la violencia asociada a la muerte seguían siendo parte de su subsistencia, aprendió que la agresividad y el poder podían obrar en su beneficio, por otra parte, el bazuco, lo cambió por otra droga mejor, (si así se puede decir), sus necesidades elementales ya las tenía solventadas, en general no modificó sus costumbres, sino que con el pasar del tiempo las mejoró y moderó, para adquirir más tarde otras costumbres, una mayor independencia, y mejores ingresos, pero manteniendo siempre el mismo modelo de conducta y de proceder irreverente.
Increíblemente todos estos pasajes e incluso detalles de la existencia de Paula, que ni ella misma estaba enterada Dupont los conocía, y se lo hiso saber. Estaba al tanto de cómo una traviesa y rapaz pendenciera de doce años, fue tomada de la calle por unos delincuentes, a quienes lideraba un gordo homosexual llamado Miguel, y Paula “La loca”, una madura mujer que lindaba los treinta, de la cual heredó su nombre, ya que a la pícara chiquilla se le conocía solo como “Bronca”, bajo cuyo alero y como componente de esta pandilla, tendría protección y respeto, subiendo algunos escalones en su inicial carrera delictual ante sus iguales.
La jovencilla Paula fue iniciada primero en el tráfico y ventas de drogas por las calles, para más adelante participar junto a estos malhechores, al principio en simples misiones de amedrentamientos y más tarde en violentas ejecuciones, las que realizaba sin ningún tipo de remordimiento dada su limitada formación carente de principios, donde se dio a conocer a temprana edad, por su audacia, osadía y predilección por la violencia y crueldad en cada una de estas letales misiones, características que compartían ambas Paulas, las que se hicieron muy temidas y conocidas en el medio delictivo y por la policía, siendo protegidas desde ya por los jefes de los carteles para quienes trabajaban, además cuando debían afrontar a la justicia, era utilizada como una especie de solapado escudo legal, subterfugio muy recurrente por estos antisociales, puesto que por ser menor de edad tenía cierta inmunidad ante la ley.
Durante los años siguientes y en su adolescencia; mientras escalaba posiciones en la organización delictual junto a su mentora y homónima Paula, y más tarde liderando sola las peligrosas misiones encomendadas, la joven Paula se fue convirtiendo en toda una mujer, incluso antes de alcanzar la mayoría de edad, beneficiando este proceso un desarrollo físico precoz lo que evidenciaba su aumento de estatura y cambios hormonales, que al contrario de las incomodidades propias de este desarrollo en la mayoría de las adolescentes, la joven Paula lo tomó con entusiasmo pues era obvio que con ello conseguiría así sus mayores anhelos, lo que era conducirse como toda una mujer ante los demás.

Durante la entrevista, Pierre le señaló que las competencias se harían en “El fuerte Spintria”, una pequeña isla en el centro del Mediterráneo, y que estos enfrentamientos no revestían peligro alguno, al menos para ella como contendiente.
Para sellar el compromiso, y dando el primer paso en señal de confianza y formalidad; Pierre Dupont le extendió un grueso sobre con dinero en efectivo, por supuesto en euros, en cantidad más que suficiente para poder cancelar pasajes a Europa de ida y vuelta, además de costear su estadía y manutención, diciéndole por último:
-Toma este celular por intermedio del cual me comunicaré para darte las instrucciones; primeramente llegarás al aeropuerto de Atenas, después te dirigirás a un hotel donde te haré reservaciones, para hacer contacto contigo y darte las indicaciones de cómo llegar hasta un fondeadero cercano a la ciudad, donde estará esperándote una pequeña embarcación en diez días más para llevarte al lugar de los eventos. Paula de naturaleza desconfiada, miró al francés de manera meditabunda y hasta un poco imprudente para preguntarle:
-¿Qué pasará si no te comunicas conmigo?, Pierre Dupont hiso una larga pausa antes de contestarle, denotando un poco de molestia, pero sin alterarse le dijo:
-Paula por favor fíjate en la cantidad de efectivo que te entregué, puedes usarlo como quieras, para darte una vuelta por toda Europa, cómodamente y volver en unos días, o para lo que tú desees, en la supuesta y remota probabilidad que plantea tu desconfianza, la latina si bien no tenía el don de la prudencia, tampoco era estúpida, pues acusó la falta de tino en su pregunta y exclamo a modo de remediar su error:
-¡Perdón, lo…lo siento!…es que toda esta situación es inusual, y no tengo la costumbre de alternar con caballeros como tú. Dupont ajeno a dejarse llevar por los halagos y sabiendo que la moderación y el tacto no está entre las cualidades de esta especie de mujeres, le quitó toda importancia ingeniosamente al incidente, diciéndole amablemente:
-Cuando nos conozcamos mejor, verás que la confianza será mutua, amiga Paula, luego
como si nada continuó explicándole otros pormenores no menos importantes, los que debería observar una vez que llegara a “Spintria.
Cuando “La loca” se trasladó a los estados unidos para encargarse de los intereses del cártel, la joven “Bronca” como aun la llamaban, adoptó el nombre de ella legalmente, con la ayuda de una firma de abogados consiguió documentar su identidad, en los que se afirmaba supuestamente que su madre era “Paula la loca ”, cuando tenía solo dieciséis años, pero ya destacaba como toda una mujer; de belleza exótica, altiva, tez morena, bellos ojos verdes con un gran temperamento y personalidad, y de cinco pies y nueve pulgadas de estatura, además de sus ciento cincuenta libras de deseable y bien formada anatomía.
A pesar de la diferencia de edad, ambas mujeres eran físicamente parecidas, tanto es así, que Paula (como sabemos), tomó su lugar, como también su modo de vestir y de caminar, la muchacha era una copia de ella, un clon mejorado de la original, con menos de la mitad de su edad, a la cual había formado en los últimos tres años en las tareas del trafico y protección al narco, labores que ya podía realizar sola, sin el apoyo de su tutora Paula, quien en aquellos tiempos mantenía diferencias de procedimientos con Miguel, el líder homosexual y enajenado de los sicarios, con lo cual se producían algunos conflictos, que hacían en no pocas ocasiones peligrar las misiones dadas, por lo que la madura mujer, fue trasladada, encomendándosele otras funciones, como era el acceso y distribución de la “mercancía” en los estados unidos. Cambio que fue muy bien recibido por las partes interesadas.
En esta posición la joven Paula se desenvolvió durante un par de años, poco tiempo el cual le tomó insertarse exitosamente (si se puede decir así), en casi todo el quehacer de este bajo mundillo del tráfico de drogas, consiguiendo el respeto y notoriedad ante sus iguales y principalmente ante sus jefes, lo que había anhelado desde su ingreso al delictivo medio.

Hacía un par de años que la joven Paula había sido enviada a los estados unidos para ponerse a cargo de los intereses del cártel, llegando hasta el mentado club nocturno, el que había sido regentado por la “La loca”, y desde algún tiempo a esta parte por otro miembro de la organización; Miguel, el marica demente y viejo conocido que reemplazó a Paula “La loca”, su amiga y maestra, quien era como una hermana, o amantes, como comentaban algunos, la que luego de desempeñarse por casi tres años, y sin anuncio previo desapareció de este medio en misteriosas circunstancias.
Dada esta coyuntura y como la joven Paula ya había obtenido su mayoría de edad hace unos pocos meses, entonces la organización decidió que ella sería desde ahora el nuevo nexo, junto con Miguel, encubriendo su identidad de la misma manera que lo hiso “La loca”; como bailarina y luchadora en shows del tipo catfight, para dedicarse veladamente a su verdadera función, como era la de cooperar con el cártel.

Durante el tiempo que tenía por delante, y según lo charlado con Pierre su reclutador, Paula se alejaría entonces, alrededor de un par de semanas del medio, la muchacha se dedicó a reorganizar todos sus compromisos, y no era solo el show en el club, ya que este lo utilizaba (como ya se sabe), al igual como lo hiso “La loca”, para encubrir su actividad delictiva, razón principal por la que se encontraba en el país del norte, la que era rentable, ilegal y peligrosa, trabajando para el cártel de la droga sudamericano; eliminando la competencia, creando los nexos necesarios para facilitar la entrada de la droga por las costas de Florida, asegurando el tránsito de esta por vías más confiables, recibiendo los envíos de las mismas y distribuyéndola entre los traficantes minoristas del lado atlántico.
Paula había encontrado en su tocaya, la orientadora natural para el tipo de vida que quería llevar, incluso participar en números de lucha femenina de fantasía, para encubrir su otra actividad, lo cual fue ingeniosamente concebida y realizada por la madura Paula, y que después la joven, una vez que se hubo encargado de estas tareas la asumió perfectamente, como asimismo conseguir mejorar sus habilidades combativas, con la práctica de las artes marciales en competencias deportivas legales, las que habían sido motivadas por su madura homónima hace un tiempo atrás en Colombia, para beneficiar sus otras ocupaciones ilegales.
Paula comunicó de su ausencia a sus jefes y a Miguel su actual coparticipe en el tráfico de ilícitos, aduciendo que viajaría fuera del estado, para concurrir a un evento “Deportivo”, como acostumbraba comunicar también la madura Paula cada vez que se ausentaba para participar en alguna competencia de verdaderas competencias en estas ligas, pretexto que usaban también para los encuentros, “underground” privados, en los cuales tanto mujeres como hombres participan con más o menos discreción, según sea el grado de truculencia que puedan tolerar y aportar, los que económicamente son más lucrativos mientras más violentos sean, no obstante tenían el inconveniente de terminar contusas en algunas ocasiones, pero que bien valían la pena, no solo por las retribuciones recibidas, sino también por la ocasión de poder dejar salir sus salvajes instintos naturales de sádica castigadora, donde podía golpear, aplastar y hacer sufrir a su oponente, en un escenario con muy pocas reglas, limitadas tan solo por la rendición de su rival, o un sufrido “knock-out”.
De todas maneras el pretexto fuera válidamente deportivo o no, sus jefes serían los menos indicados para cuestionar a tan caras colaboradoras, es más, en no pocas ocasiones ellos mismos alentaban a su personal a participar en estas actividades, que beneficiarían a la postre su actividad criminal.

Con toda su documentación en orden, Paula separó un billete para la semana próxima, siguiendo con la misma rutina de todos los días, hasta el momento de dirigirse al aeropuerto, para tomar el vuelo a Europa temprano por la mañana del día viernes, oportunidad en que informó recién, solo por seguridad y privacidad a los más cercanos de su ausencia, dejándole precisas instrucciones hasta su regreso en unos quince días más, de todas maneras estaría en contacto e informada de ser necesario a través de las redes disponibles para estos efectos.
Luego de un rápido trasbordo en Málaga, el avión aterrizó antes de la medianoche en el aeropuerto de Atenas, a los minutos sonó el celular que ya estaba habilitado para ser usado tal como le había dicho Dupont, este la saludó y le indicó el hotel en que tenía reservas y otros pormenores. Paula luego de los acostumbrados trámites en el aeropuerto, tomó un taxi desde el mismo al hotel que se hallaba a no más de media hora. Era mediados de julio, pleno verano en este hemisferio y la temporada se hacía notar.
El clima era caluroso, ¿era al que llamaban mediterráneo?, “meditaba”, más bien había pensado que este era un clima más templado, más moderado, más agradable, pero bueno, estoy acostumbrada a estos climas, en Colombia, en Florida y ahora el clima mediterráneo, ¡Vaya! “se dijo para sus adentros”, mientras echaba una mirada por un ventanal de su alcoba del hotel que daba al mar y ordenaba sus pertenecías, para luego disponerse a dormir.
Esa noche, pudo mucho más el cansancio del ajetreado día, fácilmente llegó a conciliar el sueño, para despertar por la mañana, cerca de las once para darse un corto y frío baño para despabilarse, vistiéndose con una tenida playera. Estaba en esto cuando nuevamente sonó el teléfono celular, por supuesto que era Dupont, para indicarle el lugar exacto donde tendría que abordar un yate llamado “Achillia”, que estaría anclado al mediodía, esperándola para zarpar en un embarcadero privado, a pocos minutos del hotel, cerca del puerto del Pireo.
Una vez recibida toda la información y teniendo unos minutos disponibles aun, se dirigió a la cafetería desde donde llamó un taxi mientras apuraba un café con croissant. El día era sábado y una vez que hubo finiquitado los pormenores de su estadía, salió del hotel a eso de las once con cuarenta, abordando el taxi que la estaba esperando en las puertas del hotel, una vez arriba, le indicó al conductor la dirección del embarcadero, sin antes batallar con el testarudo sujeto que se negaba a entender otro idioma que no fuera el griego, finalmente las señas y los ademanes funcionaron, unos diez minutos más tarde se detuvieron frente a un atracadero, en donde fondeaban varias embarcaciones.
Paula canceló el viaje, sin dejar propina, y se bajó muy molesta del carro. Ya en el malecón, indagó por una pequeña nave con el nombre de “Achillia”, según le había indicado Dupont, observando a unos marineros y a dos espigadas mujeres que deambulaban por el sector delante de ella, a poco caminar, y a no más de veinte metros de donde se encontraba, divisó un yate con este nombre, aproximadamente de unos treinta metros de eslora, cuatro hombres estaban sobre la cubierta, parecían estar atentos a quienes pasaban transitando, sería mucha la coincidencia, o era el yate que estaba buscando, vaya que es pequeño, “pensó” como serán a los que llamará grandes Dupont, luego recordó eso de la “confianza mutua” que este había expresado en el club hace unos días.
Bueno las cosas se estaban dando según lo planeado, me gusta, si me gusta “Pensó la chica”, y se aproximó sintiéndose ahora mucho más tranquila. Sin lugar a dudas se trataba del mentado navío, los cuatro hombres eran parte de la tripulación, que en ese momento recibían y atendían a las dos mujeres que Paula había advertido momentos antes, observando cómo eran invitadas a abordar la nave por el que parecía ser el jefe, que sobre la cubierta, apremió las acciones, indicándole a dos de los marineros presentes, que asistieran y acompañaran a las invitadas, conduciéndolas al interior del yate, a la vez que se volvía a poner atención a Paula que se hallaba aun sobre el muelle, deduciendo que probablemente era otra de las invitadas que se aproximaba. El individuo saludó desde la cubierta haciendo señas con la mano a Paula que se encontraba sobre el muelle, y formando un cono con ambas manos, se las llevó a la boca vociferando en español con un marcado acento griego:
-¿Es usted invitada del señor Dupont?
-Sí así es, le contestó la morena.
Entonces el sujeto descendió presto desde la cubierta al muelle a través
del pequeño puente inclinado, este vestía uniforme blanco con insignias
alusivas, una gorra de capitán con la típica ancla distintiva, que a diferencia del
resto de la tripulación quienes iban uniformados en forma menos ostentosa, y
con un estudiado proceder se presentó aparatosamente:
-Permítame presentarme yo soy el capitán del yate, Theo Theodoridis, sea
bienvenida a bordo, yo y mi tripulación estamos para servirla. Debo decirle que
han sido muy puntuales a la hora de llegada, lo cual le agradecemos, puesto que por fortuna la mar estaba calma, por lo
que pudimos atracar junto al malecón, sirviéndonos solo con las defensas del
yate y un par de amarras, y no tener que echar anclas mar adentro para
comodidad de ustedes y la nuestra, por lo que debemos abandonar el
embarcadero mientras se mantengan las condiciones del tiempo y no abusar de
nuestra suerte, dicho esto con un gesto indicó a unos de los tripulantes
que subiera el equipaje de la joven muchacha, luego con un teatral ademán
extendió el brazo a manera de invitación diciendo:
-Por favor…
La chica imitando el comportamiento del capitán aceptó la insinuación acentuando con un leve movimiento de cabeza, y haciendo una inadecuada reverencia, subió al yate, seguida por su amable anfitrión.
Una vez a bordo el capitán la acompañó hasta un camarote, diciéndole:
-Como usted debe haber visto hace algunos instantes subieron dos mujeres, a quienes no conoce supongo,… ¿O sí?
-¡No!,… no las conozco dijo Paula, pero ya habrá tiempo para conocerlas.
-No lo creo, dijo Theodoridis, aquí no se hacen amistades, y a cada cual lo
suyo.
-¿Estas mujeres también participan en los eventos, no es así? indagó Paula
-Así es le señalo el capitán.
-Ahora entiendo, manifestó la chica.
A continuación el capitán continuó explayándose:
-Al parecer es la primera vez que usted participará. Ellas lo han hecho ya en varias ocasiones y lugares, este yate traslada a las mejores contendientes, pero mayor información no puedo darle; ni nombres, ni lugares, son las normas establecidas, como se lo tiene que haber hecho saber Pierre en su primera entrevista.
-¡Oh si por supuesto! respondió la morena, luego el capitán Theodoridis continuó con otras breves pero necesarias aclaraciones:
-La organización tiene por norma la discreción de sus empleados y participantes, es tan
simple que con tan solo esta consideración, cada persona asegura el éxito de su estadía, todo lo que debe saber ya se lo ha informado el señor Dupont, y si la calificó para presentarse en este evento, también debió aconsejarle cautela, por otro lado debe haberle sugerido que su continuidad en este círculo, si así usted lo desea, dependerá del compromiso y lealtad que tenga con este. Si no hace preguntas y mantiene reservas, tendrá una provechosa estadía en esta exclusiva comunidad que tutela el señor Hermann, que como se lo debe haber dicho Dupont es nuestro empleador; y si queda satisfecho con su participación, como también los demás miembros, tendrá la ocasión de presentarse en futuros y singulares eventos, pudiendo conocer a poderosos, generosos e influyentes personajes, lo que le puede reportar suculentos dividendos.

Paula abordando el Achillia con otras letales pasajeras

Más tarde mientras Paula ordenaba en el camarote sus pertenencias, escuchó al capitán dando las órdenes de rigor, para vociferar finalmente a viva voz:
-¡Desaten cabos…suelten amarras!
La chica latina acercándose a una ventana “Ojo de buey”, miró hacia afuera como un joven marinero saltaba de la cubierta al muelle para desatar hábilmente los gruesos cabos de la embarcación, arrojándolos después sobre la marquesina, operación que tardó unos tres minuto, para volver prontamente a bordo de la misma manera en que lo había dejado, de un brinco, luego escuchó el característico sonido metálico de la cadena del ancla al recogerse, sintiendo más tarde un sonido de motores, y un bamboleo mayor que el habitual, lo que indicaba que la nave empezaba a dejar el muelle en donde estaba atracada.
Durante una hora más menos estuvo recostada en una de las dos literas que tenía el camarote, naturalmente eligió la que le pareció mejor, luego se levantó para observar por la pequeña ventana circular como el yate iba bordeando la costa, para volver nuevamente a la cómoda litera por algunos momentos, cuando se sintieron tres golpecitos en la puerta de su camarote sacándola de una tranquilizante modorra que casi consiguió dormirla, la muchacha entonces se levantó y caminó con desgano hasta la puerta, abriéndola, quien golpeaba, era un apuesto varón quien se le dirigió cortésmente:
-Señorita soy Arsenio su asistente, el capitán me pidió le dijera, si usted tenía a bien reunirse con él en cubierta, en unos momentos.
-Bien Arsenio, dígale al capitán que estaré allí en un unos minutos, gracias.
Una vez que Paula llegó al puente donde estaban reunidos la tripulación y
las dos mujeres que habían abordado antes que ella, escuchó al capitán decir:
-Tengo el honor de darles la bienvenida a nuestras distinguidas invitadas,
estoy a vuestro servicio, como la tripulación que nos acompaña. Mientras Paula escuchaba buscó un lugar donde sentarse para continuar así atenta a la arenga del capitán.
-Quiero presentarles a Hans, el segundo de a bordo, mi lugarteniente y
mecánico, el es alemán, luego presentó a un sujeto de rostro y actitud afable, el es Manuel nuestro cocinero, es español malagueño, yo, como ustedes saben yo soy el capitán Theo Theodoridis, griego, como el resto de la tripulación, vuestros asistentes y ordenanzas.
-Para mí es un deber comunicarles que el yate y todas las personas que se hallan a bordo, están regida por la jurisdicción del país o estado en que se encuentren, vale decir; dentro de un espacio marítimo determinado a lo largo de la costa de las aguas por las cuales navegamos, me hago cargo del mando del yate según estas leyes normativas y procedimientos internacionales para la navegación.
El capitán les expuso las reglas generales, agregando finalmente:
-Cualquier pregunta pertinente en cuanto a los servicios, estoy presto a informarles, además, debo indicarles que por explicito mandato de nuestros superiores, en nuestro paso por los puerto en que recalaremos deben mantener una conducta discreta de la misma forma que lo haría cualquier persona que se encuentre de turista o prestando algún servicio en hoteles, como touristguide, o estudiantes haciendo investigaciones de algunas ruinas de la cultura helénica, lo cual es muy común en estas islas. No deben llamar la atención usando vestimentas llamativas, como tampoco aquellas que puedan parecerse tanto en sus diseños, como en sus colores o en apariencia cuando se reúnan dos o más de ustedes en lugares públicos, ahora no habrá problema si esta situación se produjese en la embarcación o bien en el emplazamiento donde se desarrollen los eventos a los que nos dirigimos. Cualquier otra cosa que necesiten, pueden solicitarlas a sus asistentes, o bien a algún otro miembro de la tripulación que se encuentre disponible.
-Que hay de las comidas, preguntó Paula, interrumpiendo con poco tino al capitán.
-Las comidas diarias durante cada jornada serán tres, (manifestó a modo de respuesta el capitán Theodoridis), nuestro cocinero Manuel y un auxiliar serán las personas encargadas de prepararlas; en la mañana, luego del mediodía y en la noche. Para estos efectos no habrán horarios fijos, siempre y cuando lo hagan en horas razonables, excepto por razones obvias para la tripulación, y como esta la hemos reducido para esta oportunidad, no tendremos servicio de habitación, por lo que les sugiero tomen sus respectivas colaciones en un comedor adjunto a la cocina, o si lo prefieren aquí en cubierta, aprovechando el buen clima que tenemos. Estará disponible además el servicio de cafetería o snack bar durante el día, para quienes deseen tomar alguna bebida, o algún bocadillo entre comidas, para tal efecto tendrán a su disposición diferentes comestibles envasados para que cada uno de ustedes dispongan, ¡Ah! exclamó, en algunos momentos más Manuel tendrá listo los refrigerios del medio día.
Agradeciéndoles la atención a esta información, Theodoridis se retiró junto con sus hombres a sus labores habituales, Paula hiso lo mismo dirigiéndose a su camarote, mientras las otras dos mujeres que se conducían con actitudes apáticas y distantes, permanecieron en cubierta para disfrutar de la agradable brisa marina y broncearse el sol.

(Cap.2°: “El castigo”)

Poco después del mediodía Manuel el cocinero malagueño recibió a Paula desde el otro extremo del mesón de la cocina frente a unas acomodaciones informales para cuatro o cinco personas, espacios que usualmente usaban los anfitriones o los invitados, pero que en esta ocasión ocuparían estas especiales pasajeras.
Como se trataba solamente de trasladar pasajeros y no un crucero de recreo, el mayor lujo culinario que se proponía, era una variedad de tres platos a escoger, los que Manuel el dicharachero y gentil español ofreció a la dama latina diciéndole:
-Le tengo un platillo mediterráneo en base a pescado y verduras, o si le apetece tengo carne de ternera asada con una guarnición más oriental, o una sencilla comida envasada del tipo americano.
La chica prefirió la primera sugerencia, luego le ofreció una variedad de bebidas, en contrapunto con la limitada variedad de platos, lo que les sirvió para bromear al respecto y distender la relación que comenzaba, Paula agradeció y rechazó el ofrecimiento, aceptando solo un vaso de agua helada, que ella misma se sirvió desde un dispensador.
-A modo de disculpas Manuel le dijo luego que:
-Si bien a bordo, la diversidad de las comidas no es variada, tenga la seguridad que está muy bien preparada, y lo mejor aun, es que puede repetirse cuantas veces quiera, de hacerlo me dejaría muy complacido, ante lo cual la muchacha soltó una carcajada, diciéndole:
-Como me gustaría complacerlo Manuel, pero para mí navegar me produce mareos y nauseas, por lo que no me parece conveniente comer demasiado, de todas maneras está muy delicioso este platillo.
-Entre bromas y risas se hiso más agradable la conversación, sumado a esto, el idioma de Cervantes que compartían hizo que fuera aun más placentero y fluido el momento, el que fue derivando al tema que la muchacha quería indagar y que ahora con algo de paciencia y mesura preguntó:
-Bueno, y a propósito de comidas… (Observando hacia fuera a las dos mujeres que se encontraban merendando en cubierta, le pregunto con el mismo tono y naturalidad con que se llevaba el tema):
-Y ¿ellas que pidieron para comer?, el español luego de un carraspear mal fingido, le contestó:
-¡Ah! ellas pidieron lo mismo que usted, el plato mediterráneo.
La joven latina acentuó con la cabeza en actitud de quien está oyendo atentamente, para motivar una más larga respuesta, esfuerzo que no tuvo mayor eco, por lo que prosiguió diciendo:
-Parece que les gusta la vida sana, al igual que a mí, al parecer evitan ingerir grasas, se cuidan, a juzgar por sus figuras, sin embargo me parece que la rubia está algo más tonificada que la mujer pelirroja, además de ser mucho más joven ¿No le parece a usted Manuel?, este después de otro carraspeo le respondió:
-Bueno “Ebba” la rubia se incorporó al grupo mucho después de la pelirroja; hace unos tres años, inclusive fue la francesa, o sea Rouge fue quien la acompañó y la instruyo en sus primeras apariciones, teniendo un esperado y exitoso debut dadas las expectativas que se tenían de ella, según los antecedentes que se encargó de difundir la propia “Harpie Rouge”, la denominación completa con el que se conoce a la pelirroja, que lleva al menos concurriendo a estos juegos una quincena de años, y es la más antigua de las “Gladiadoras”, como también se conocen a las participantes, Rouge era una de las favoritas del señor Hermann y su círculo, hasta hace algún tiempo, ahora sus participaciones se limitan a mantener su posición en encuentros que exijan muy poco esfuerzo y energía, las que ya han ido menguando en ella, pero que a cambio de esta condición, utiliza una mayor procacidad y voluptuosidad durante sus presentaciones, la que no ha disminuido para nada con el paso de los años, lo que muy al contrario, la ha aumentando, para mantener así el interés de sus fans.
-Entonces la pelirroja no es una de las participantes más representativas, por lo que deduzco que las demás deben de ser similares en contextura y edad a la de la rubia, aunque pienso que, “La Harpie Rouge”, como la nombró, sigue siendo de cuidado.
-Así es, de todas maneras sea prudente, y no me comprometa, prosiguió agregando el agradable sujeto, aunque es solo cosa de tiempo para que se entere, porque muchas de las historias que se cuentan, son secretos a voces, no es mucho mas lo que puedo revelarle al respecto, además de que debe evitar toda clase de discordias o altercados con el resto de las mujeres, créame que algunas lo buscan, cuando pueden beneficiarse de estas situaciones, y como último consejo…
-Dígame por favor Manuel, le apremió casi tímidamente Paula, continuando este:
-Manténgase lejos de ese par de arpías si sabe lo que le conviene.
Luego de dejar el sector del comedor, Paula se dirigió al exterior, cerca de donde se hallaban hace unos minutos ambas mujeres, mas solo se hallaba la pelirroja no muy distante de donde se detuvo la morocha, apoyándose esta a un costado en la baranda de protección, para quitarse solo la prenda inferior del buzo, dejándose la sudadera.
Dada las dimensiones de la cubierta, la distancia a la que se encontraba era la más discreta en que se podía ubicar Paula para respetar la intimidad y los espacios de cada una, lo cual para Rouge, que bien pudo comprobar más tarde, poco o nada significaba, la que en ese instante se quitaba una bata blanca que la cubría, quedando totalmente desnuda, untándose crema por todo el cuerpo, salvo en la espalda naturalmente, una vez terminada la acción, dejó el pomo a un lado, para observar con desaire a Paula, tendiéndose de bruces sobre una toalla.
Paula intrigada por enterarse de los acontecimientos que se venían, aun más, estimulada por los comentarios del cocinero, quiso ilustrarse de primera fuente y haciendo caso omiso de los consejos de este, se acercó un poco más deslizándose a lo largo del pasamano, y alzando un poco la voz trató de entablar una conversación con la pelirroja, diciéndole:
-Si quieres te puedo colocar aceite en la espalda,… y aguardando una respuesta por prolongados segundos, solo recibió una punzante mirada de soslayo que pasaba por encima de su aguileña nariz sin siquiera levantar ni girar la cabeza, para luego cerrar sus grises y fríos ojos, mientras voceaba:
-¡Ebba, Ebba,…Ebba!
Paula que se había apoyado sobre una boya atada a la baranda, advirtió unos instantes después la presencia de alguien que se aproximaba por el lado, giró la cabeza instintivamente para mirar, en el momento que la figura pasaba frente a ella propinándole un empellón que casi la arrojó al agua o en el caso más afortunado la hubiera tirado al piso si no es por sus rápidos reflejos, la muchacha tuvo la intención de responder a la agresiva e irracional acción, pero se contuvo, ya se lo habían prevenido tres veces; primero fue Dupont, después el capitán y hacía pocos minutos Manuel.
Quien había pasado de forma muy poco cortes, por decir lo menos, era al parecer la llamada Ebba, cubierta tan solo con la parte inferior de un bikini blanco, llevando un vaso de bebida y dirigiéndose a su amiga, le preguntó con voz despreocupada y cantarina, con un marcado acento nórdico:
-¿Si querida,…me llamaste,… me necesitas?
-“Oui mon chérie”, le contesto la otra, con un tonillo francés:
-Por favor ponme bloqueador sobre la espalda donde mis manos no alcanzan, pero las tuyas tan suaves sí, antes que una inmunda perra insista en hacerlo, poniendo sus apestosas manos sobre mí, la nórdica se volvió y miró a la sin duda mencionada Paula, que escuchó las hirientes palabras, tuvo muy claro, a quien se refería la deslenguada Rouge como la perra de apestosas manos.

Paula en muy poco tiempo se hizo de dos enemigas, y lo que es peor aún, si quienes la han agredido son amantes de cuidado, primero la rubia físicamente con un empellón, y más tarde de manera verbal la pelirroja Rouge sin mediar ninguna provocación, Paula hubiera querido responderles de la manera que también sabía hacerlo, mas tuvo que contener sus impulsos, sin lugar a dudas que estas cretinas no saben con quién están tratando “Pensó”.
Pierre Dupont durante la entrevista aquella noche en el club, le explicó las conductas que debían observar y seguir, desde los primeros momentos en que asistían a estos juegos, de no ser así podrían ser sometidas al “Castigo” que imponía la organización.

De haberse alejado Paula, luego del incidente, habría quedado en evidencia que este par de mujeres hubieran tenido éxito en su manera de proceder, entonces sin retirarse se dispuso a observarlas con una actitud abiertamente provocativa, esta era la estrategia que había aprendido de su amiga y mentora Paula “La loca”, después cruzando sus brazos por delante de su abdomen en una varonil actitud, y con ambas manos a la altura de las caderas, empuñó la parte inferior de la sudadera, tirándola hacia arriba, dejando al descubierto su soberbia figura que exponía cubierta con un sucinto bikini color piel, el que hacía destacar sus turgentes pechos, y sus musculosos brazos, depositando luego la sudadera sobre la baranda en que se apoyaba, exponiéndose así ante los ojos de las dos mujeres, quedando con ambas manos sobre sus caderas, provocándolas abiertamente en desafiante postura.
La rubia no pudo evitar advertir el sutil mensaje enviado, esta que estaba a unos cinco metros de Paula, parada a un lado de la pelirroja, pasó una de sus piernas sobre ella, dejando una a cada lado del extendido cuerpo de la pelirroja, para acuclillarse, montándola entre las nalgas y la espalda, después por algunos momentos le quitó la vista a la morena para buscar el pomo bronceador, tomándolo y observándolo con una mirada meditabunda, y en una súbita actitud rehusó utilizarlo, dejándolo a un lado con desgano, para levantar la mirada y pasearla descaradamente por la bella anatomía de la muchacha latina que se mostraba abiertamente frente a ella, provocadora e insinuante, en ese momento la rubia entendió muy bien el desafío que le enviaba provocadoramente la chica morena, aceptándolo al momento con la sutil seña de abrir un poco la boca y lamerse lentamente el labio superior, haciéndole entender que el sensual interés era mutuo.
Sin lugar a dudas la estrategia había resultado, Ebba no la estaba ignorando, sin dejar de mirarla extendió sus manos sobre la espalda de su compañera mientras echaba su cabeza lentamente hacia atrás ondeando su larga y rubia cabellera, abriendo otra vez su boca para tomar una bocanada de aire y retenerlo por algunos momentos, hinchando sus desnudos y firmes pechos, para exhalar lentamente a la vez que deslizaba sus manos por le espalda hasta la cabeza de la pelirroja, agarrándola del cabello y levantándola violentamente, obligándola a observar a la soberbia Paula que se encontraba frente a ellas. Para asegurar su cometido la contuvo en esta incómoda posición hasta que escuchó las quejas de la agredida pelirroja, que privada de girar la cabeza balbuceaba:
-¿Mon chérie…qué te pasa…que te pa…?
La nórdica amazona manteniéndola en esta posición acercó su boca a la mejilla de la pelirroja como si le quisiera confiar algún secreto, pero en vez de eso empezó a juguetear con el lóbulo de su oreja para atraparlo suavemente entre sus incisivos, luego levantó la vista para cruzarla con la de Paula, y cuando tuvo la total atención de esta, empequeñeció su mirada mordiendo el lóbulo de la francesa haciéndolo sangrar, en el mismo instante que con la palma de su mano le cubría la boca, ahogando el grito de dolor que luchaba por escaparse. Una vez que la mujer cesó de quejarse por el dolor, entonces recién le soltó la quijada y liberó de entre sus dientes el carnal apéndice de su oreja, exhibiéndose cruelmente satisfecha mientras se le escapaba por la comisura de sus labios un hilillo de la sangre de su compañera de juegos ante los ojos de Paula que la miraba sin disimulo alguno, intensamente estimulada.
Ebba abiertamente le señalaba a Paula con esta actitud que disfrutaba castigando a la pelirroja, queriendo seducirla claramente con esta violenta ignominia. La muchacha morena empezó a presentir por lo conversado con las diferentes personas comprometidas con estos eventos, que todas las participantes e invitados a estos, venían a satisfacer sus inclinaciones sádicas al extremo, por lo que con seguridad “Pensó”, Ebba esperaba participar con ella en estos peculiares juegos, percatándose también sin lugar a dudas de la evidente naturaleza de ella, empezando a sentir un sexual interés por la abusiva sueca, de la misma manera como lo había experimentado con quienes la habían iniciado en estos privados deleites hace algunos años, cuando recién incursionaba en el mundo de la prostitución con algunos clientes de gustos extremos, y lo que en un principio fue por necesidad, más tarde fue descubriendo que era parte propia de su naturaleza.
La rubia se mostraba impasible, siguiendo con su accionar, y estirando ambos brazos, le afirmó la cabeza fuerte y violentamente contra el entablado, al tiempo que levantaba la suya, echando su blonda cabellera hacia atrás, atisbando con los ojos a medio cerrar a Paula, con un gesto de cómo quien busca la aprobación de su impetuoso y agresivo acto.
Paula observaba extasiada, no podía dejar de embelesarse por la mirada de la soberbia vikinga, que se cruzaba insolentemente con la suya, su dorado cabello le cubría medio rostro y sus bellos ojos azules entreabiertos con una expresión de maldad la seducían, induciéndola a que continuara atenta a esta descarada exhibición. La nórdica montada con altivez y soberbia, apretó sus musculosas piernas, hundiéndole las rodillas, comprimiéndole las costillas y la cintura, infligiéndole gran dolor, por la fuerza o por el propio y enfermizo consentimiento de la subyugada pelirroja.
Sobre cubierta estaban presentes las tres mujeres y un tripulante que limpiaba parte de la pasarela, este no se percataba de la escena o no le otorgó importancia a las dos féminas que revelaban abiertamente sus perversos pasatiempos, por lo que es de suponer que estaba habituado a este tipo de excentricidades por parte de estas pasajeras, las que comparadas con los eventos organizados por Karl Hermann, eran tan solo inocentes e inofensivos juegos de adolescentes.
Los débiles quejidos de dolor de Rouge se confundían con los orgásmicos gemidos guturales que se escapaban roncamente de la garganta de la nórdica mujer, cada vez que esta la comprimía, seguido por desvergonzados movimientos de sus caderas hacia atrás y adelante, deslizando y presionando su sexo en la espalda de la pelirroja, repitiendo maliciosamente esta rutina de castigo con elaboradas y sugestivas variables.

Paula y los perversos juegos de Ebba y Rouge

Si se hubiera tratado de relaciones entre personas discretas, tendrían la ventaja que el ruido no se escucharía más allá del entorno inmediato, puesto que este sería silenciado por el sonido del agua al golpear en el casco de la nave, pero para ellas, esta clase de moderación no estaba en su manera de proceder ni en su desmedido estilo.
Dar y recibir castigo se prolongó por casi una media hora, el bronceado cuerpo de la rubia brillaba a la luz del sol, la transpiración manaba de su cara y cuello, hasta sus desnudos pechos y espalda, para luego deslizarse por su firme abdomen y caderas, mojando su reducido bikini blanco, llevándolo a un tono grisáceo en las zonas humedecidas. Bajo ella y en sumisión total la francesa recibía humillantemente el sudor que descendía del cuerpo de la dorada y bella amazona torturadora
El ritmo del corazón se le aceleró a Paula, empezó a sentir cosquilleo y calor por todo el cuerpo, sintió que la temperatura en el ambiente subía, ya sea por el sol de la tarde, ya sea por el tórrido acto, o bien por ambas razones, por lo que levantando los brazos, se tomó el cabello con ambas manos haciendo peines con los dedos para airear y desenmarañar su cabellera, teniendo especial cuidado de mostrar sus musculosos brazos, mostrándoles a las dos mujeres lo que tenía, y si por alguna razón, otra relación se derivaba más adelante, sabrían que ella podría ser una temible y fornida contendiente, o una valiosa y poderosa amiga. Paula empezó a entender del porque Dupont la había elegido, pensando que no era la única que debía satisfacer sus inusuales instintos, la escandinava de la misma tendencia, asimismo necesitada y debía liberar ese impulso para mantener el necesario equilibrio de su naturaleza, que les era común a ambas, y quizás a todas las que el francés elegía para estos eventos, me gusta, si me gusta “pensó”. Ebba una vez que hubo satisfecho su mórbida afición, se apoyó con la palma de sus manos sobre la espalda de la francesa, aplastándola descuidadamente, al tomar impulso al erguirse. Una vez de pie, el sudor retenido en el bikini, resbaló aun más entre sus piernas, cayendo sobre el cuerpo de la pelirroja bajo ella. Ebba mirándola apáticamente y con hastío, levantó la cabeza para mirar a la morena, y sin mediar palabra se retiró con el andar que suponemos debiera haber tenido una imponente valkiria de la mitología escandinava, tomándose de la baranda en la que estaba apoyada unos metros más adelante la joven latina, y cuando llegó hasta ella, rozó suavemente con el dorso de su mano, el brazo y el duro vientre de esta, para mirarla detenidamente, luego de esta pausa, siguió caminando, a la vez que se volteaba, avistando de soslayo y burlonamente a la francesa, que la miraba penosamente desde el suelo. Exhibiéndose con esta burlona actitud ante la joven muchacha, a la que quería complacer y estimular, sometiendo y humillando ante sus ojos a su madura amante.
Paula luego de la ilustrada y creativa experiencia, volvió a sus compartimientos, no sin antes dar una última mirada socarrona a la francesa Rouge, que permanecía aun de bruces recuperándose del castigo recibido. Aprovechando esta oportunidad, esperó que la pelirroja alzara la mirada hasta que esta se cruzara con la suya, para hostigarla diciéndole:
-¡Perra perdedora!, a la vez que se volteaba, y se retiraba, cimbrando atrevidamente sus caderas mientras se alejaba del lugar.
La actitud de reserva que Paula presentaba a medias ante el español y Theodoridis, era solo una estrategia para conocer detalles de lo que Pierre no le había dicho, por lo que buscaba la manera para poder indagar, ya por un lado Manuel le había adelantado una valiosa información de las dos mujeres que la acompañaban. En cuanto a los enfrentamientos no tenía temor, confiaba en su arrojo y en sus aptitudes marciales, ninguna mujer conocida por ella hasta este momento podía considerarla una rival digna, aun cuando si tuviera que enfrentarse a la nórdica, “En honor a la verdad”, no sería fácil derrotarla, pero la francesa, bueno…, eso sería más sencillo, “Pensó”, por otra parte Dupont le aseguró que mientras siguiera las reglas instauradas, no correría ningún riesgo su integridad física, y que por añadidura solo le traería beneficios, la pregunta que se hacía la latina era, “si a todas se nos garantiza esta seguridad”, entonces como podremos combatir entre nosotras, sin salir malheridas, al menos la derrotada, ¿Cómo serán entonces estos enfrentamientos?, pará que tanta discreción, porque somos tan investigadas, además de los onerosos pagos por nuestra participación”. Todas estas preguntas y otras se hacía Paula mientras se acomodaba en el lecho de su camarote para tomar una reparadora siesta.
Aquella noche se sirvió la cena para comodidad de todos, en tiempos diferidos, la tripulación primero, para continuar con las mujeres, que ocuparon los mismos espacios que en la tarde de ese día, haciendo de la oportunidad una grata y breve tertulia que entabló Paula con Manuel, mientras las otras dos mujeres discutían sobre cubierta, al parecer, en no muy buenos términos, para retirarse al cabo de algunos minutos a sus camarotes, luego la morena hiso lo mismo despidiéndose del español.
La mayor preocupación de Paula era como abordar a alguna de las mujeres presentes para obtener un testimonio de primera fuente, era evidente que las únicas dos presentes por el momento son unas arpías, aunque podría existir alguna posibilidad de intimar con la rubia pensó, pero sería igual que tener a una víbora en mi almohada, estaba meditando en esto, cuando escuchó una discusión desde el camarote de las amantes pervertidas. Al principio se trataba de frases ininteligibles, por los distintos acentos e idiomas que se oían, pero a medida que la discusión subía de tono, Paula pudo entender algunas frases entrecortadas de la sueca que al parecer decía dado su singular acento:
-Contrólate Rouge, la chica latina no tiene ningún interés para mí, no vayas a cometer un error,… no lo hagas… no te puedes arriesgar al “Castigo”… ¡estás loca!
A continuación se escuchó un brusco ajetreo con otros tantos gritos, luego la voz de Rouge que histéricamente gritaba en su idioma:
-¡Je vais la tuer, la mataré, mataré a esa perra!
-Se escuchó posteriormente a la sueca manifestar con su típico acento:
-Ella es más joven que tú, creo que no tendrías posibilidad alguna de salir bien parada contra ella si te aplican el “castigo.
Luego se escuchó un trajín y algunas quejas, para terminar Ebba diciendo:
-Tú has lo que quieras, pero no interfieras en mis actos, yo haré lo que se me antoje, con quien, cuando, y donde quiera.
-Enseguida se sintieron unos decididos y firmes pasos que salían del camarote y a continuación un portazo.
-A continuación se hiso un breve silencio, seguido por los gritos de Rouge que tiraba y destrozaba cosas incontrolablemente, esta vez la morocha sonrió maliciosamente y empezó a planear en su insidiosa mente la estrategia.
Como era indudable, la que dejó el camarote fue la rubia, por lo que Paula se vistió rápidamente con un blusón rojo, un ajustado pantalón de satín del mismo color y zapatillas, saliendo rápidamente del camarote al encuentro de Ebba. Estaba empezando a anochecer, y la briza se hacía más fresca que la de la tarde.
Paula se dirigió a cubierta, donde esperaba que se encontrara Ebba, no habían muchos lugares a donde pudiera estar, efectivamente ella estaba en cubierta, y estaba vestida toda de blanco con unos ceñidos shorts, zapatillas y blusa, apoyada en la misma boya en que hace un algunas horas atrás se había acomodado Paula, esta lo tomó sin lugar a dudas como un sutil mensaje, la sueca estaba de espaldas al mar, con sus codos apoyados sobre el pasamanos, con una de sus piernas flexionada hacia delante, Paula caminó directo y decididamente hacia ella.
Ebba estaba mirando al suelo, como si hubiera cometido una niñada, con una fingida expresión de bebita caprichosa, y frunciendo los labios le dijo deliciosamente, con su nórdico y distintivo acento en tono infantil:
-¿Por qué tardaste tanto?, dejándome aquí tan solita.
-Porque mamita estaba ocupada mi bebita respondió Paula siguiendo el mismo juego
y tenor de sus palabras, acercándose más, hasta rosar sus agitados pechos, continuando
hasta presionar su abdomen con el de ella, que seguía con su cabeza gacha mirando hacia
abajo, y cogiéndola tiernamente por el mentón, se lo levantó lentamente, quedando frente a frente, con sus labios a la misma altura, Paula presintió que la escandinava quería probarla,
dejándose llevar entonces, sabía que en las artes amatorias las mujeres se toman un tiempo
para ser seducidas, por lo que no apresuró las cosas, sabía lo que la rubia estaba deseando al
igual que ella, a juzgar por los latidos de su corazón.
La escandinava mantuvo su pierna flexionada, la cual Paula aprisionó entre las suyas, presionándola aun mas con su vientre, acariciando los carnosos labios de Ebba con los suyos, ansiando besarlos con pasión, pero estaba esperando sentir la humedad de estos para saber que el ardiente deseo era mutuo.
No tuvo que esperar mucho para que a la “nenita” se le despertaran los instintos de mujer, la rubia empezó a responderle atrapando a su vez entre sus suaves y firmes muslos los de la morena y con aparente timidez rozó con la punta de su lengua los deseables labios de esta, la humedad se le empezó a escabullir por la comisura de su boca, mojando las mejillas de la morena, luego aferró con sus manos y dedos los glúteos de su compañera y la acercó fuertemente, a la vez que abría su boca ofreciéndosela, fue entonces cuando Paula la tomó de la cabeza para acomodar sus suaves labios a los de ella, besándola ávidamente, ambas comenzaron a chuparse y lamerse intercambiando fluidos, eran dos panteras en celo, Ebba le acariciaba los glúteos, besándola en el cuello, paseando sus labios por la oreja tomándole el lóbulo para empezar con su lengua a juguetear con él, tratando de atraparlo con sus dientes, mientras la morena la tomaba por el mentón, y cuando la rubia consiguió atraparlo entre sus dientes, Paula hundió solo un poco sus uñas en la cara de ella diciéndole:
-Si tú me muerdes, desfiguro en un instante tu linda carita “bebita mala”. Estaba en eso, cuando instintivamente advirtió una leve sombra tras ella que se le venía encima, por lo que por una acción refleja, trató de girar hacia atrás, consiguiéndolo a medias, sintiendo un golpe en ese preciso momento.

Atracción animal, “La pantera rubia” y “La furia Latina”

El golpe que iba dirigido a su cabeza, afortunadamente no le dio de lleno, recibiendo gran parte de su impacto en el hombro y en la mejilla, sin poder recobrarse por algunos momentos la latina sintió que unos brazos la agarraban tratando de lanzarla por la borda, pero esta se aferró instintivamente de la baranda, lo cual le dio tiempo suficiente para poder recuperarse, luego escuchó unos silbatos y gritos de hombres que venían bajando del puente de mando a pocos metros del suceso. En esos momentos escuchó la voz de la rubia, que a viva voz decía:
-¡Te has vuelto loca!, ¡Suéltala Rouge!, fue cuando se dio cuenta que su agresora era la francesa y los que llegaron desde el puente era Hans el ingeniero segundo al mando, y un tripulante que se habían percatado de todo el incidente, mientras la sueca en una fingida actitud se lamentaba de la torpeza con que había actuado su amiga, haciendo con este gesto, más evidente la transgresión cometida por la pelirroja, a quien los dos hombres controlaron socorriendo a Paula, evitando que Rouge lograra su cometido.
Theodoridis, los reunió a todos esa noche, advirtiéndoles que estos incidentes tenían que informarlos a sus superiores una vez que llegaran a la isla Spintria, luego dirigiéndose con otro ánimo, y cambiando de tono, agregó.
-Tienen que abordar otras pasajeras mañana en un embarcadero próximo a la isla de Rodas, frente a las costas de Turquía, llegaremos por la mañana, y allí nos abasteceremos, especialmente de agua y otros suministros, si lo desean, algunas de ustedes podrán bajar a la ciudad por algunas horas, y merendar cerca del malecón, aprovechando de conocer parte de la pintoresca isla, para izar anclas a las dieciséis horas, eso sí, por prevención la pasajera que produjo el altercado esta noche, deberá permanecer a abordo.
Esa noche cada una volvió a sus respectivos camarotes, teniendo especial cuidado el capitán de cautelar la seguridad de Paula y dado lo reducido del entorno, el capitán le encargo a Ebba que se mantenga acompañando a Rouge mientras dure el viaje, sin perjuicio de conservar una permanente vigilancia por parte de la tripulación.
Paula se dirigió a los comedores, con la intención de socializar antes de irse a dormir. Eran pasada las veintiuna horas, cuando ya todos habían cenado, tanto la tripulación, como las pasajeras, y ya que el capitán era el último en cenar, este era el momento oportuno para que Paula se le aproximara, por lo que mientras este conversaba con Manuel se acercó hasta ellos, saludándolos alegremente:
-Hola como están, estos replicaron al saludo, fue el capitán que se apuró en arrimar un asiento, invitándola a compartir el momento, enseguida el español le preguntó si deseaba comer otra vez, la muchacha miró el plato de Theodoridis ya servido y dijo:
-El capitán debe saber cuál es la mejor comida en su nave, pero como le comenté, no soy el tipo de pasajera que puede cargar su estomago, sin que me vengan mareos y nauseas, pero bien puedo hacer una excepción.
-No hay nada más que agregar manifestó Manuel, entonces le serviré lo mismo que al capitán, que se daba licencia acompañando la cena nocturna, con un vaso de buen vino, ofreciéndole compartir a Paula una copa, quien aceptó amablemente.
El trato educado del capitán y la gentileza del malagueño hicieron que se revelaran los escasos buenos modales de la joven, así como también a socializar imitando ademanes con risas moderadas y acentuando atentamente, este básico estilo de comportamiento, era parte de la exigua herencia que había recibido por parte de “La loca”, a la que echaba mano cada vez que tenía que compartir con personas con mayor civismo, que con las que se rodeaba usualmente, convirtiéndose todo esto en un juego para Paula, al que sabía sacarle provecho, siendo de gran ayuda para su insuficiente formación, usando cada ocasión como esta, para renovar su actitud y trato. Mientras lo pensaba, sonrió muy satisfecha por el contraste que experimentaba en estos momentos; una charla informal, grata y de buen gusto, comparada con el salvaje y sórdido mundo en el que se había formado, cometiendo censurables actos en los que había incurrido durante casi toda su vida, y que ahora lo haría otra vez gustosamente en estas singulares justas en las que iba a participar.
La tertulia se prolongó algunos minutos más luego de concluida la cena del capitán, momentos que este aprovechó para justificar la ausencia de Ebba y Rouge durante la cena, diciéndoles que había ordenado enviarles la colación a su camarote, y que mañana cuando aborden las restantes damas, reorganizará la ubicación de todas las invitadas.
Paula no dejó pasar la ocasión, para indagar sobre la situación de Rouge, comentando:
-Esto no hubiera sido necesario si hubiera respetado las reglas de la organización, agregando con fingido altruismo:
-Que lamentable fue la actitud de esta “señora”, dejando entrever con la intención de
su palabra la madurez de la susodicha, preguntando:
-Y le harán cargos por su falta… ¿No es así capitán?
-Sí, así es, respondió su interlocutor, deberá enfrentar cargos una vez que lleguemos a
la isla, y se le administrará con toda seguridad “El Castigo”, como se estila en estos casos.
En pocos momentos la conversación empezó a tomar la dirección que la astuta Paula
buscaba, y tomando la botella de vino comentó mientras miraba la etiqueta:
-¡Ah es vino griego!, es bueno, es muy bueno señaló. El capitán sintiéndose alagado por la buena opinión dada al brebaje de su natal país, se precipitó a llenar el vaso de Paula que aun se mantenía a la mitad, por lo que la chica se manifestó discretamente:
Gracias solo un poco más, si me acompaña. Sabía al respecto, que no era necesario
este aliciente, pero no estaba de más si conseguía continuar con el tema que le preocupaba, entonces el varón escancio ambos vasos, e inició un monologo gracias a la maña de Paula, en confabulación con un nuevo aliado; el vino griego.
El capitán Theodoridis empezó diciéndole que el castigo entre otras penas, y quizás la más importante es que pierden sus ventajas y respaldo, por lo que son susceptibles de ser elegidas como rivales por sus iguales, las que manifiestamente mantienen sus privilegios en desmedro de ellas. Por lo que Paula le interrumpió diciendo:
-¿Le parece que yo califico como una contendiente superior o sea “Una gata”, capitán?
-Por supuesto que usted lo es, respondió Theodoridis, de otra manera no la habría elegido Pierre para participar, y no le habría asegurado inmunidad e impunidad en esta convocatoria, como además detentan estos favores Ebba y las mujeres que abordarán esta embarcación mañana entre otras, pero no Rouge que ya las desperdició, al infligir las reglas, exponiéndose sin lugar a dudas al “castigo”. El capitán Theodoridis a continuación hiso una pausa mirando detenidamente a la morena, para seguir diciendo:
-¿No sé si me entiendes?, pero ya lo comprenderás cuando debas tomar parte con toda seguridad en el proceso del “castigo”.
Theodoridis que hablaba inglés, y algo de otros idiomas como el español, además por
supuesto de su lengua nativa, siguió explayándose en el asunto con sinceridad y sin dificultad dado su conocimiento en las variadas lenguas a las que podía recurrir durante la conversación, manteniendo todos los sentidos alertas aun cuando estaba con un par de copas, sin estar mareado y menos ebrio.
El capitán en esta oportunidad solo quería dialogar animadamente, en temas puramente casuales sin tener que dar el cotidiano trato que tenía con sus subalternos, ahora mejor aun si lo hacía con una “Dama”,… bueno,… casi, pero de todas maneras ella era una mujer, lo que para estos varones era la ocasión de compartir con una representante del sexo débil (si se puede decir) en este entorno de hombres de mar, y que para el interés de Paula, sacaría ventajas de estas circunstancias. Cuando la charla tomó un sentido de franco diálogo, la chica dejó de lado cualquier actitud que no fuera su natural manera de ser, no ocultando para nada, que ella como todas las seleccionadas poseían algunas características comunes, como son las de ser mercenarias, alienadas, atrevidas y capaces de cualquier cosa por dinero.
Dejando claras ahora las tendencias y propósitos de la muchacha, y para corresponder
a la franqueza de ella por parte del capitán, este le confidenció algunas triviales situaciones de
poca importancia, por lo que ambos convinieron desde ya un pacto para una conveniente y
futura relación, basada en el conocimiento y la “Confianza mutua”, expresión que había oído a Pierre Dupont y que ahora se repetía, haciéndola suya de aquí en adelante.
Paula estaba informada solo en parte del medio en que se estaba involucrando, si bien
Pierre Dupont le señaló que en estos enfrentamientos combatían exclusivamente mujeres, no le informó sobre los alcances de estos circuito, sin embargo le precisó las licencias con las que cuentan las muchachas que asisten a estos enfrentamientos “underground”, insistiendo en enfatizar que son muy diferentes a los de la lucha erótica del tipo catfight, y que tampoco se parecen en nada los torneos de ligas deportivas, pues muy poco tienen de ello. Acentuando que estos son reales y privados, para una privilegiada audiencia, y dada la falta de reglas y lo extremo de sus desenlaces, estos serían prohibidos en otros circuitos. Asimismo destacó que este exclusivo público es atraído por las mujeres más agresivas e implacables. De igual modo, la mayor parte de ellas, sino todas, comparten el mismo interés por quienes vienen a estas singulares justas, habiendo una concomitancia entre ellos; los primeros en observar, recrearse y excitarse con estas feroces amazonas, y ellas dando todo a placer y sin límites en la arena, complaciendo las caprichosas e insensatas solicitudes de la concurrencia.
En esta oportunidad, el capitán, dejándose llevar por el grato momento que compartía con la joven, involuntariamente le fue ilustrando la manera que debía conducirse en este entorno, indicándole algunos procederes, con los que ella sacaría sus propias conclusiones.
No sé si le han precisado le decía Theodoridis, que todo esto como sabe se desarrollan
en privados y secretos coliseos, donde no son pocos los asistentes que gustan sugerir la forma en que las vencedoras deben concluir el combate para someter a su contrincante una vez que estas están abatidas e indefensas, iniciando el prolongado y ansiado final, siendo en definitiva el momento más esperado de estos encuentros, el que disfrutarán tanto el público, como la vencedora, a quien podrán llamar desde ahora “Executrix”.
Ya entrada la noche, Paula que se mantenía interesada en la narración del capitán, intentó que prosiguiera explayándose, pero este miró su reloj y dijo:
Es hora de relevar a Hans que se encuentra en el puente de mando. Asimismo el capitán manifestó que no era su costumbre comentar todos estos detalles, aunque cada una de las mujeres que llegaban por primera vez a estos torneos estaban previamente informadas de la clase de contiendas que se llevaban a cabo, y tan solo era cosa de confirmar la libertad con que ellas podían conducirse sin límites según sus más ignominiosas inclinaciones, y que a poco de involucrarse, de todas maneras descubrirían la verdadera y torcida realidad de estas secretas ligas de lucha extrema, o mejor dicho muy extremas.
Pierre Dupont sabía que ubicar y contar con la participación de esta clase de mujeres no era una tarea sencilla, son poquísimas las que calificarían, por lo que debía dedicar tiempo completo en investigar por todos los países que visitaba a las posibles candidatas, y una vez hecho un encubierto seguimiento a cada una de ellas, les hacía una evaluación, acordando recién una entrevista, para rechazarlas o incluirlas en estos certámenes.
Dada la experiencia que tenía Dupont en percibir la inusual naturaleza de estas mujeres, era muy difícil que se equivocara en la evaluación y elección de cada una de ellas. Esto lo sabía muy bien el capitán, por lo que no era desatinado el comentario y la información que le daba a Paula, pues ella sin lugar a dudas, era una de las pocas “elegidas” por el oficioso y adecuado desempeño del varón galo.
Ahora sí que empezaba a tener real sentido para Paula, todo este hermetismo, las esplendidas e inusuales ofertas, y el despliegue de tantos recursos, para poder encontrar a estos insólitos especímenes de mujeres, capaces de ofrecer estos corrompidos espectáculos, en los cuales, por supuesto, se incluía gustosamente ella.
-Debes saber Paula “continuó explayándose Theodoridis”, que sociedades como estas, que
si bien no son conocidas dada su condición, no por eso son pocas las que hay en varios países, habiendo incluso intercambio entre ellas, compartiendo reservada informaciones, habiendo varias maneras en que conservan su anonimato, algunas de ellas pueden hacerse de manera encubierta, o bien simplemente abiertas en donde las permisivas y corrompidas autoridades
de algunas partes las toleran y consienten, sin que deban tomar necesariamente medidas de resguardo similares a las que tomamos nosotros.
-Para mí ya es hora de dormir, “interrumpió Paula, luego de escuchar atentamente”, para luego dirigirse a su camarote, no sin antes echar una mirada desde la cubierta hacia el litoral por algunos momentos, desde donde se apreciaba claramente el contorno de la costa
iluminada por la luna llena, y se podían ver diversas luces aisladas, probablemente de otras cercanas embarcaciones o de algún muelle, esto indicaba que el yate no se había internado en el mar, sino que como les había dicho el capitán, se irían bordeando la costa. El mar se encontraba calmo y sereno, así como también la visión que disfrutaba, por lo que se quedó algún tiempo más observándolo antes de retirarse a su cabina.

A la mañana siguiente muy temprano, Paula se despertó por el sonido de algunas voces que provenían de cubierta cuando la embarcación se aproximaba a una bahía, a la que dio una mirada a través de la ventana “Ojo de buey”, para ulteriormente tomar una rápida ducha y vestirse, saliendo al exterior en donde la tripulación hacia los últimos preparativos para atracar en el andén, teniendo en su mente una anhelada reunión con Ebba. El día era domingo, por lo cual los movimientos del embarcadero se limitaban mayoritariamente a las labores de naves de recreo.
La sueca que se encontraba esta vez sola observando las maniobras y apoyada en el pasamanos, apenas divisó a la morena, se le acercó rápidamente, saludándola con un beso en la mejilla sin mostrar mucha intimidad frente la tripulación, más por prudencia que por pudor, pues la situación no se apaciguaba del todo entre las inquietas pasajeras, más aun ahora no iba a complicar las cosas, llevándolo a un altercado con la ya suficientemente furiosa Rouge.
Desde el puente Paula divisó el embarcadero por donde deambulaban algunas personas, entre las cuales destacaban tres mujeres, que sin lugar a dudas eran las que subirían a bordo, Paula advirtió que la escandinava miraba insistentemente desde cubierta a una de ellas, era una estilizada morena africana.
El capitán les explicó que primero subirían a bordo las nuevas pasajeras y después podrían bajar al puerto las que deseen hacerlo, aprovechando de conocer el pintoresco poblado, después bajó por el pequeño puente inclinado, recibiendo amablemente a las tres mujeres, invitándolas abordar la nave en la forma que solía hacerlo.
Ebba empezó a describirle a Paula a cada una de ellas:
-La rubia espigada es una norteamericana a la que llaman “Sadis o Sadie”, y no es que se llame así, creo que puedes imaginar porqué. Ella es sordomuda de nacimiento, y no te dejes engañar por su juvenil rostro. Quien la acompaña, la morena alta de piernas largas, es turca, muy requerida para participar en estos eventos, la llaman “Killar”, hace cualquier cosa que le soliciten, lo que sea el desvarío de quien la elija como su favorita. La última que va atrás, es una africana somalí, la que fue incorporada al team de Osman en afortunadas circunstancias para ella, y que ahora tiene un compromiso pendiente conmigo, es una negra traicionera, te lo contaré luego más tarde, ya tendremos tiempo para ello.
-Por qué no ahora mismo insistió Paula, a lo que Ebba consintió diciendo:
-Bueno, esa mujer negra, que era una “Rata”, a quien en un simulado enfrentamiento debería fácilmente eliminar, en el que supuestamente se le estaba dando la oportunidad de ingresar a la categoría superior de las “Gatas”, en la cual, me jugaría sin tomar ningún riesgo, el segundo puesto en el ranking.
-¿Hace cuanto tiempo de esto? le interrumpió Paula
-Hace solo un mes en Tailandia, le contestó la sueca. Pensando que sería un combate fácil para mí, confiada y segura, descuidé mi bolso, y como hacía demasiada calor, había que beber permanentemente agua y líquidos hidratantes, pero antes de iniciar el encuentro esa perra colocó algo en mi botella, lo que perjudicó mis reflejos, por lo que de un modo inesperado, e ilógico fui derrotada por ella.
-Que inaceptable y fullero el proceder de esta mujer, comentó Paula.
-Así es continuó Ebba, al impase no se le dio mayor importancia, y se dijo que la africana solo tuvo suerte y desde aquel día esa ruin “rata” pasó a ocupar mi puesto en la clasificación, ya que así se establecían desafortunadamente las normas por parte de la organización, para animar la participación de las “Ratas”, exponiéndose, al tratar de superar esta casi imposible etapa, para pasar a competir dentro de las ligas superiores.
-¿Qué es exactamente eso de las “Ratas”?, inquirió Paula
-Bueno “dijo Ebba”, en otras palabras, las “ratas”, son las ingenuas infelices, a quienes
utilizamos en estos juegos, no somos nosotras las que nos exponemos durante un encuentro, si no ellas, las que nos enfrentan, y a quienes después de un simulado enfrentamiento, las ejecutamos en beneficio del espectáculo, y solo por este infortunado incidente, como te lo había contado, llegó a ser reconocida como una “gata”, ubicándose en el segundo puesto de la clasificación, otorgándosele así, el ansiado “Alias”, como se privilegia ser llamadas solo a las combatientes superiores, empezando a ser conocida después de ese encuentro como “Seba la pantera negra”.
-Quieres decir que a las “gatas” o superiores se nos conoce solo por un alias, ¿No es así?, manifestó Paula nuevamente.
-Así es, le confirmó Ebba, debes saber que por estos seudónimos o alias asociados solo al nombre de pila de cada una, es la única identidad por la cual exclusivamente se nos conoce, guardando así la intimidad y anonimato de cada una de nosotras, lo que coincidentemente este alias, es la capacidad predominante en cada una de nosotras, el cual se te concederá sin dudas la noche de tu debut, el que espero sea frente a Rouge, siempre y cuando la desafíes, la derrotes y por supuesto la inhabilites, para ser llamada luego “Executrix”. La Executrix, “Paula la furia latina”, te gusta, es así como podrían llamarte.
Cuando hubieron subido las dos primeras pasajeras, Ebba se aproximó a la africana somalí, pero esta estaba alerta a sus movimientos, y apresuró el paso, para evitar problemas, la sueca entonces se acercó lo más que pudo, situándose detrás de ella y como sabía que la africana Seba estuvo por un tiempo refugiada en una colonia francesa del África, la insultó al oído en francés, lenguaje que la escandinava obviamente también hablaba, ante tales apremios la morena somalí se apresuró aun más, para eludir a la fastidiosa mujer, pero esta disimuladamente la tomó por el brazo, poniéndose por delante en el corto trayecto que quedaba para ingresar al interior del yate, cortándole el paso, justo en el umbral del arco de acceso y a la vista de los presentes le sonrió haciéndole una venia para que pasara, en el preciso instante la sueca ejecutó su falaz plan.
Cuando la visual de los demás se perdía al sobrepasar el vano hacia el interior del navío, Ebba la escupió en la cara, la reacción natural de Seba fue llevarse la mano al rostro, en el preciso instante en que la ladina sueca la cogía por la muñeca fingiendo un forcejeo, pero que luego de un par de segundos, tiempo durante el cual se hubieron percatado del ajetreo los tripulantes y las mujeres presentes, se hiso víctima de una simulada agresión por parte de Seba la africana, y voceando exclamó:
-¡Qué te pasa, ¡No…no, suéltame!… por… favor, ¡Ay…ay! me haces daño Seba.
Para terminar el acto, retrocedió aparatosamente, cubriéndose el rostro, mientras se arrojaba al suelo, frente a la mayoría de los presentes.
Todo sucedió como lo había planeado la manipuladora rubia, haciendo de quienes presenciaron la fingida agresión, sus incondicionales simpatizantes, y por añadidura los más firmes opositores de la burlada morena.
Theodoridis le preguntó a Ebba cómo se sentía.
-Solo unos rasguños, no más, respondió la astuta mujer, como no dando importancia a
la circunstancia, evidenciando de esta manera el artero ataque, el que supuestamente podría
haber tenido otras consecuencias.
-Por suerte no pasó a mayores, dijo el capitán.
-A que se refiere capitán preguntó simulando ingenuidad la ladina rubia, sabiendo que la respuesta era de rigor y en perjuicio de la africana.
-Bueno, aun así, debo avisar a mis superiores, pero, por de pronto es mi deber dejar bajo custodia a Seba como a Rouge.
-Es una pena, y todo esto a poco de llegar a Spintria. Con esta acotación Ebba no quiso que la intención del capitán quedara solo en el comentario hecho.
-Me parece que esta clase de conducta se está transformando en un hábito, y en tan solo un par de jornadas que llevamos de viaje, comentó el capitán.
Si bien estos altercados eran censurados y castigados por la organización, eran tan solo simples nimiedades comparada con las agresiones ejecutadas durante los eventos, pero estas no eran tan solo normas antojadizas, pues tenían como finalidad resguardar la privacidad de los emplazamientos en donde se realizaban los eventos y por supuesto proteger la identidad de todos los individuos de esta secreta y encubierta sociedad que concurrían a participar y a presenciar estos espectáculos.
Cualquier insignificante altercado que sobrepase los límites del entorno de estos juegos, podría llamar la atención de las autoridades de los territorios en donde ocurrieren, por lo que se señalaron estas y otras normativas, que de no ser respetadas, la organización las administrara veladamente con peculiares y disciplinarias sentencias, en donde las leyes y la autoridad del estado donde ocurran estos hechos, no tengan acceso.