Un sábado con mi hijo

Era sábado y tenía mucho trabajo en casa, tenía que poner la lavadora, ir a comprar, preparar la cena para muchos invitados, en fin, mucho trabajo. Y esa mañana ocurrió con mi hijo el mayor.
Me disponía a lavar la ropa, bueno, yo no, la lavadora; vivo con mis tres hijos ya grandes, dos trabajan pero el mayor no, su padre nos abandonó hace tiempo. Se desentendió como muchos otros padres, de su familia, y yo ahora vivo con mis tres pequeños, que bueno, no son tan pequeños. Como decía, era sábado, y mis dos hijos pequeños ya habían salido a sus partidos de fútbol como cada sábado. Estaba yo sola con mi Sebas, que es el mayor, no trabaja ni hace hace nada. Es el que más descarriado me ha salido, los otros son más formales. Pero si tengo que decir la verdad, es el que más pinta de hombre tiene de los tres.

Mi sorpresa cuando iba a poner la lavadora

Iba a poner la lavadora, ya había recogido toda la ropa sucia de mis nenes y la mía: camisetas, pantalones, vestidos míos, bragas, y como es lógico toda su ropa interior. Ahí van los slips, camisetas de llevar debajo, calcetines, boxers, calzoncillos, etc… Cuando me dispongo a meter la ropa en la lavadora, apareció mi Sebas diciéndome que qué pasaba con su camiseta preferida, que por qué no estaba limpia. Yo le dije una y otra vez que la iba a lavar, que esperase.

Él tiene mucho genio, se enfureció, yo estaba aturdida porque no comprendía por qué se ponía de esa manera, nunca lo vi así. Él es de complexión fuerte y verlo así me produjo hasta algo de pavor. El caso es que se me avalanzó, y aunque no me hizo nada, se me puso muy cerca, lo noté como si fuera un hombre extraño. En ese momento vi un hombre, no mi niño, y a decir verdad, hasta me puso cachonda verlo con esa fuerza irremediable.

Él debió sentir algo parecido porque cuando lo tuve cerca recriminándome lo de su camiseta, pude notar su bulto endurecido; yo apenas llevaba ropa, llevaba seda fina, sensible al tacto, y por eso, noté por primera vez su pene endurecido. De pequeño siempre que lo había lavabo y cuidado, ya me había fijado en su pene de hombre, pero no como aquel día. El caso es que me puso cachonda, mi propio hijo tan cerca y notarlo excitado. Mi coño empezó a humedecerse mientras me increpaba, me gritaba, me estaba preparando para la monta sin él saberlo, para ser penetrada y clavada; en ese momento ya ni pensaba en la ropa, pensaba en un hombre, que me supiera montar. Desde hace mucho no tengo relaciones con ningún macho, y solo me masturbo con pensamientos o a veces con algunas fotos de hombres que tengo en una revista, en la revista Penthouse para mujeres.

Lo tenía muy cerca, yo estaba excitada, mojada, aturdida y alterada, sentía su aliento, y sus palabras fuertes ya casi ni las entendía porque mi mente estaba agitada. Solo pensaba en la verga endurecida que hacía segundos había notado. Mi Sebas se dio cuenta y me preguntó qué era lo que quería. Yo no pude resistirme.

Quería ver su polla endurecida, así se lo hice saber. Pero antes de él decir nada, con mucha autoridad me dijo si era eso lo quería. Se había abierto la cremallera y con solo abrirla su polla había emergido y salido sin más. Su capullo era gordo, su tronco endurecido y grueso, no podía creer lo que veía. Estaba cachonda perdida por mi propio hijo, mi propio primogénito. No tuve ni que acercarme a su paquete, porque él lo hizo, y  provocó. Con su fuerte mano, me llevó para abajo hasta su polla, me agachó la cabeza y me hizo chupar. Me llenó la boca de su polla. La noté caliente como nunca había notado nada. Gorda y prieta. Al poco sus jugos inundaron mi garganta provocándome arcadas. Estaba excitadísima. Mis otros hijos jugando a fútbol, y yo mamando la polla de mi otro hijo, precisamente el vago, el que no hace nada, y encima yo dándole placer. Me sentía guarra, pero más caliente que la pipa de un Indio.

La historia seguirá, si quieren claro está,  no tengo por qué aburrir con mis historias pervertidas; tengo el final, solo tienen que pedirlo, es un historia real de una madre dejada por su marido, y acompañada por sus hijos. Fdo. Regina.

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